En los tiempos que corren, es importantísimo que no olvidemos de dónde nace la Iglesia. Quizá nos sintamos atraidos ora por la Institución, ora por la Celebración de los Sacramentos, ora por todo aquello que la rodea e identifica en cuanto a símbolos, Historia, derechos, polémicas...
Sin embargo, lo esencial, lo único importante, lo verdaderamente fundante del hecho de que nos reunamos veinte, treinta o cien personas en la Misa (Ferial o Dominical) es justamente la Misa misma. Es justamente la Última Cena. Es justamente la Efusión del Espíritu en aquella noche de Pasión y en aquella hora de Nona en la que Cristo entrega el Espíritu. Son hechos cronológica y materialmente separados, pero constituyen una única Institución Sacramental: en la Eucaristía, el Espíritu consagra el Pan y el Vino, pero también a nosotros. Sino, no tendríamos acceso al Misterio de la continua presencia de Cristo entre nosotros a través de esa actualización que es la Transubstanciación.
Aquel Jueves Santo, Jesús estableció un Signo, que sería llevado a Plenitud en la Hora Nona del día siguiente. En efecto, en primer término enseñó el Gesto, la Liturgia. Luego, "entregó el Espíritu" que llevaba a la realidad dicha Liturgia. Es esto lo que debemos tener en mente. Es esto lo que nos hace hermanos, puesto que participamos del mismo Espíritu - Pneuma - y somos asistidos por un mismo Parakletos. Y el Espíritu nos asocia a Cristo, es más, a la Trinidad Plena, Inmanente y Económica, como ya las identificó Rahner. Es una verdad íntima, que sólo podemos descubrir en la medida en que vivamos la Eucaristía, Don Supremo del Padre.
Así, sabemos que con el vecino que va a Misa a nuestra misma parroquia, si bien puede que apenas nos saludemos, compartimos algo tan profundo y tan inquebrantable, que deberíamos ser capaces de poder abrazarlo y quererlo, sabiendo que así abrazaríamos y querríamos a Cristo. Por eso necesitamos tanto su Gracia, porque somos conscientes de lo difícil que nos puede llegar a resultar.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni