La Pobreza Franciscana trajo, en su tiempo, una novedad a la Iglesia: es posible vivir en plena conformidad con el Evangelio. Hasta entonces, la Iglesia y la Vida Consagrada del momento tenían una visión Gloriosa y triunfante de Cristo, descuidando su dimensión humana y de Encarnación.
El primero que la recuperó en cierta forma fue San Bernardo de Claraval, último Padre de la Iglesia, allá por el S. XI. Fijaba su atención, sobre todo, en el Niño Jesús, en la Encarnación. Así se ve en un sermón sobre la Epifanía: "Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su Misericordia", o "¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros?". Significó ya un giro, un cambio de sentido en la contemplación del Hijo de Dios. Hasta entonces, y si nos fijamos por ejemplo en el arte, Dios era el Todopoderoso, el Juez, el que nos vendría a buscar en el Fin del Mundo.
Y Francisco, con su Forma de Vida aprobada verbalmente por Inocencio III en 1209, introduce un aire de renovación en la Iglesia, llevándola a fijar su atención en la Vida Terrenal del Hijo de Dios, con su Pobreza, Sufrimiento, Muerte y Resurrección. Se trata de volver al Evangelio, de redescubrir a Jesús-Hombre, de contemplarlo, impregnarse de Él, vivir su misma Forma de Vida: el Evangelio, simplemente. Hizo ver que no era algo de lo que huir, o que fuera muy difícil realizar, sino que Jesús llama a la intimidad con Él a través, precisamente, de la Pobreza, la Obediencia al Padre, la Disponibilidad gozosa para el Reino.
No había nadie más libre en la Tierra que Francisco y sus Primeros Compañeros. Le llamaban el Juglar de Dios, el Poverello, el Hermano, en mayúsculas, porque nadie como Él trajo a la memoria y a la vida real y cotidiana a Jesús, Pobre y Crucificado. Vivió los Misterios del Hijo de Dios como verdaderos Sacramentos, encarnando en consecuencia todos ellos. De ahí la atracción de su figura, la grandeza de su ejemplo, la bondad de sus actos y lo fecundo de su Fidelidad. "Tenía tan presente en su memoria la humildad de la Encarnación y la caridad de la Pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa" (2 Cel 84).
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ES VERDAD, LE PRODUCÍA MISERICORDIA Y LÁGRIMAS PENSAR EN LA MADRE POBRE Y EL HIJO EN SUS BRAZOS. EL TUVO LA RIQUEZA MÁS ABSOLUTA: FUE UNO CON JESÚS. NO EL ALTER CHRISTUS, COMO SE LE LLAMÓ EN SU ÉPOCA SINO QUE HOY, CON UN CONOCIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA VIDA DEL POVERELLO, PODEMOS AFIRMAR, SIN MIEDO A SER TACHADOS TEOLÓGICAMENTE, QUE ÉL FUE EL "IPSE CHRISTUS". LA PREGUNTA QUE ME HAGO YO, A MÍ MISMO, ES SI NOSOTROS SOMOS/SERÍAMOS CAPACES DE AMAR TANTO COMO AMÓ ÉL, DE UNA FORMA ABSOLUTA E INCONDICIONAL, ES DECIR, AMARA EUCARÍSTICAMENTE.
ES VERDAD, LE PRODUCÍA MISERICORDIA Y LÁGRIMAS PENSAR EN LA MADRE POBRE Y EL HIJO EN SUS BRAZOS. EL TUVO LA RIQUEZA MÁS ABSOLUTA: FUE UNO CON JESÚS. NO EL ALTER CHRISTUS, COMO SE LE LLAMÓ EN SU ÉPOCA SINO QUE HOY, CON UN CONOCIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA VIDA DEL POVERELLO, PODEMOS AFIRMAR, SIN MIEDO A SER TACHADOS TEOLÓGICAMENTE, QUE ÉL FUE EL "IPSE CHRISTUS". LA PREGUNTA QUE ME HAGO YO, A MÍ MISMO, ES SI NOSOTROS SOMOS/SERÍAMOS CAPACES DE AMAR TANTO COMO AMÓ ÉL, DE UNA FORMA ABSOLUTA E INCONDICIONAL, ES DECIR, AMARA EUCARÍSTICAMENTE.
Viernes, 1 de junio
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