Decía Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Vita Consecrata que la Vida Consagrada tiene su origen en aquella llamada que Jesús hizo a los Apóstoles para que se dedicaran "a Él con corazón indiviso".
Y creo que es esa la realidad que llama urgentemente hoy, en pleno s. XXI, a todos aquellos que nos hemos consagrado al Señor para que hagamos nuestra vida igual a la de Él, el Maestro. En efecto: vivió pobre, casto, obediente, peregrinando y predicando la Buena Nueva allá donde iba. No tenía "donde reclinar la cabeza" y no tenía otra aspiración que el Reino.
Así debemos ser los consagrados, tanto en razón de nuestra profesión como en razón de lo único que debe ser prioritario y central en nuestra existencia: Jesucristo, Pobre y Crucificado, como decía Francisco. Jesús, como el Hijo Encarnado que adoptó la Vida del Hombre. Cristo, como aquel que fue Glorificado, Gloria que no es sino consecuencia de su Entrega por Amor, un Amor Abrasador y Total, que se nos derrama día a día en la Eucaristía.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni