Otra vez, Chinatown.
29.06.07 @ 22:34:13. Archivado en Autoagresividad sostenible
Vaya, pues tenía yo pensado un artículo bonito. Aprovechando el final de la película Chinatown, quería hablar sobre una relación sentimental, que acaba mal, como se tiene que acabar, y para colmo de la misma manera que la última vez y en el mismo sitio en donde al protagonista le jodieron la vida por vez primera (toda persona experimentada sabe que a uno le joden la vida en más de una ocasión).
Me ilusionaba terminar el artículo con eso tan bonito de “otra vez Chinatown”. Curiosamente, por razones de otra índole, voy a terminar diciéndolo también, puesto que voy a dejar de escribir en la cosa digital. Eso me devuelve a mi cuarto y a mi escritura privada...”Otra vez Chinatown”.
La razón fundamental de mi decisión es el cambio de menú de la cafetería de Periodista Digital. Que llamen a esas patatas congeladas “chips” me parece una ordinariez, y una falta de ética culinaria. Que intenten deconstruir periodistas en la cocina, hervirlos junto a un hueso de jamón grasiento y los sirvan acompañados de brócoli, esa legumbre descastada, me enerva casi tanto como los anuncios de coches con alma. No está bien eso de deconstruir periodistas para convertirlos en berberechos. Encima, para colmo, los apilan en sus blogs cuadrados uno encima de otro, mezclando sabores y texturas, y les esparcen una salsa amarilla parecida a la mayonesa, que les hace adquirir un sabor amargo, como el bailarín.
Con lo a gusto que uno está aquí...Si no fuera por la cafetería. Y que nadie me diga que se trata de un problema intrascendente. Con esa tortilla de ladrillos que le hacen a uno tragarse, resulta imposible ponerse a escribir sin sentir retortijones. Y hay que cuidarse la fibra intestinal, que no tenemos otra, y la capacidad de digerir, que preparará nuestro estómago para la siguiente indigestión.
Un placer haber disfrutado de vuestro silencioso rechazo o vuestra escasa pero divertidísima compañía comentada. Espero haberos arrancado una sonrisa del maligno tedio, del cabreo computado o del alegre pacer. Un pacer...digo un placer.
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Juan José Aparicio
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