De cómo Franco se bajó del caballo y poco después se volvió a subir.
22.06.07 @ 18:14:34. Archivado en Hechos insólitos.
En la noche de San Juan arden las hogueras. La gente salta descalza por encima de brasas ardientes, y los muertos aprovechan para resucitar cuando se les menta.
Y así bajó Francisco Franco de su caballo ecuestre, aquella noche en la plaza de Santander, despacio y apoyando la mano en ristre de su sable, no se le fuera a hincar en los cojones. Hizo unos estiramientos para desatascar los firmes músculos de sus sentencias mortales, y otro poco de Tai Chi también, por no hacer desprecio de las nuevas fórmulas relajantes modernas.
Acudió a la voz de su nuevo amo, concejal del Partido Podrido, que mandó al empolvado general perseguir por sus tres territorios, tierra mar y aire a Patxi Ibarrondo, el desconsiderado periodista judeo masónico, agitador anarquista y cabronazo. El general preguntó: “¿De qué le acusamos?”, y el concejal podrido del partido contestó: “Por protestón, y por no dejarme hacer lo que me viene en gana”. Y ello sorprendió enormemente al general Franco, que dijo no querer participar en semejante faena, y que se volvía a su caballo de nuevo, que desde lo alto veía los escotes de las tetonas pijas de la ciudad, que estaban buenísimas y que si viviera en la actualidad obligaría a las mujeres a caminar con minifalda.
Antes de subirse de nuevo al caballo, le pegó una palmada en el trasero, y el equino cagó un monolito de piedra, como todos los años. Después silbó libidinosamente a una muchacha que pasaba, que contestó poco solícita, mandándole a tomar por el culo. “Otro año sin follar”, se dijo el general, y se empedró de nuevo.
Pero el concejal de Partido Podrido no se rindió, y decidió convocar al Ojancanu de un solo ojo en un nuevo akelarre. Amarraron a Patxi Ibarrondo a un árbol en mitad del bosque, y todos bailaron cánticos satánicos para que rindiera su Realidad, cerrara sus periódicos y su alma a la poderosa fuerza de la especulación y el trapicheo regional. Pero Patxi no se rindió ni se rendirá nunca, porque ellos no saben que la Anjana le protege y desde lo alto, los Ventolines soplan para amainar las llamas de su persecución.
ÁNIMO PATXI.
Para mayor información pueden consultar la página http://www.otrarealidad.net
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