El misterio del mono desaparecido.
17.04.07 @ 13:19:53. Archivado en Hechos insólitos.
5.45 A.M. Martes insurrecto, día laborable. Pascual Prieto Magallanes, propietario de la cafetería “Sensation” levanta la verja de su establecimiento desgarrando la melodía del amanecer madrileño. El autobús de la EMT número 45 aparca justo enfrente de la marquesina, los viajeros abandonan el vehículo agarrados a sus mochilas en donde guardan el buzo de trabajo recién despinzado del tendal. Cuatro de ellos entran en la cafetería de Pascual Prieto con tiempo de tomarse el café mientras el resto se apila junto al semáforo.
Hace una mañana fría. Los repartidores de periódicos gratuitos llevan puestos guantes y gorros de lana. Gustav Rabinovich se calienta las manos frotándolas entre sí con fuerza, como si deseara encender un fuego sobre la barra. La máquina automática de café bufa como un toro en la puerta de chiqueros, y Pascual Prieto enciende el televisor melódico que le acompañará durante toda la jornada como una ventana abierta al submundo. Gustav pide un anisete para entrar en calor, como suele repetirle a Pascual con acento austrohúngaro. Pascual vuelca la botella, deja dentro de la copa un buen chorro de anís del mono y la abandona allí a su suerte porque sabe que en mañanas así no puede racanear el alimento a su clientela fija.
Gustav Rabinovich pega un primer trago que recubre de azúcar las paredes de su esófago como un barniz esmaltado; “como una primera mano de pintura”, piensa para así haciendo una ingeniosa comparación con su trabajo en la obra. “No hay nada mejor para empezar el día que un buen pelotazo de anís”, continua reflexionando. “Y no hay mejor anís que...que...”, y en este momento Gustav Rabinovich no puede creer lo que están viendo sus ojos. La etiqueta de anís del mono de la botella dejada por Pascual ni tiene mono ni tiene nada: está en blanco, como defectuosa de fábrica. Sólo aparece dibujada la botella, ésa que suele portar el mono, como si éste hubiera huido a buscarse un cobertor para la mañana fría. “¿Pero dónde coño está el mono?”, se pregunta, ya en voz alta, Gustav Rabinovich.
Pascual le escucha y se acerca hasta él. “¿Y el mono?”, se pregunta también. “Yo no le hecho nada, estaba así”, dice Gustav sorprendido. Pascual Prieto Magallanes corre hacia el almacén trasero de la cafetería “Sensation” y vuelve pálido de incredulidad: “También ha desaparecido el mono del resto de las botellas”, comenta a Gustav. “Hay que llamar a la policía”.
“¿Han mirado ustedes dentro de la botella?”, fue lo primero que dijeron la pareja de policías nada mas llegar a la cafetería “Sensation”. “Sí, señores agentes, y no hay nada”. “Extraño, verdaderamente extraño. Déjenme un momento la botella”. Pascual Prieto accedió a la petición, y el agente se quedó petrificado: “Dios santo, esto parece el robot de cocina de mi parienta, el que hace la sopa juliana”. Efectivamente, en la etiqueta de la botella se veía ahora dibujado un robot de cocina moderno, de los que introduces la verdura por la parte superior y te aparece de inmediato una sopa juliana por la inferior. “Permítanme que me lleve esta botella como prueba número uno de la investigación. Les seguiremos informando, buenos días”, dijeron los policías antes de abandonar la cafetería “Sensation”.
Gustav Rabinovich no podía creer lo sucedido. Pero era hora de entrar a trabajar, así que abandonó a Pascual y se dirigió a la obra en construcción de la plaza Legazpi. El oficial le abroncó por llegar tarde, Gustav prefirió no mentar lo ocurrido, no fuera que noticia tan increíble enfureciera aún mas a su patrón. “A ver si acabas de pintar de una vez el piso cuarto, que el contratista me anda pisando los cojones con las fechas”, advirtió el oficial.
Gustav se puso el buzo en un santiamén, sacó los pinceles y brochas de los botes de aguarrás, miró de frente la pared y se dispuso a dar los últimos toques al enorme bisonte que culminaba la escena de caza.
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Luego, ya de mayor, cuando tuve ocasión de ver en vivo a chimpancés, gorilas y macacos varios, tuve que reconocer lo mismo que en ciertas universidades norteamericanas se afirma:
-"¡¡Pero en qué cabeza cabe...!!"
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Juan José Aparicio
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