La increíble historia del hombre menguante.
12.04.07 @ 21:07:22. Archivado en Pitillos
Su nombre, Eneldo Pisuerga; su suegra, incómodo parásito, Perica Pisuerga, compartiendo primer apellido. El primogénito de Eneldo se llamaba Pristiano Pisuerga Pisuerga, un niño con caudal abundante, desbordados afluentes y cabezón como su santo padre, un ignorante. Solo a él se le podía pasar por alto la reiteración consonántica que desembocará en el trauma infantil de Pristiano, “PPP” para sus enemigos en el patio del colegio, o Pristi para sus amigos de juegos. De tanto Pristi, a los dieciséis años querrá cortarse el pito con una minipimer, como primer paso para convertirse en algo completamente distinto a un hombre, no sabía el qué concretamente, quizá un lechón, como probabilidad.
Pero no nos disgreguemos. Comenzamos hablando del padre del niño transformista, de nombre Eneldo Pisuerga y su suegra Perica, y por ahí continuemos la historia para darle cierta verosimilitud al título del post; porque podría seguir contando historias del niño cabezón navegando por la desembocadura del Ganges hecho todo un cerdo, otra media hora o más. Pero no me apetece, estoy exhausto.
Así que vuelvo con Eneldo Pisuerga. Poseía un taller de chapado y pintura; su suegra, Perica, por tal motivo, le llamaba perdedor. Su mujer también le llamaba igual, era otra ignorante y no conocía otro epíteto mejor para referirse a su marido. Eneldo contestaba que no era directamente proporcional el epíteto con su posición social, puesto que el chapado y la pintura no era de perdedores, de perdedores eran las máquinas tragaperras, el bingo y la lujuria pagada con “visagol”.
Sin embargo, aún tras la sólida reflexión, suegra y mujer siguieron pensando lo mismo sobre su yerno y marido respectivamente. “Tienes un problema”- decía Eneldo a su mujer-, “aún no has roto el cordón umbilical con tu madre, que retroalimenta tu odio por mí porque te quiere para ella sola”. “Deja de decir bobadas y admite que eres un desgraciado o te quito el sexo cuatro meses”.
Eneldo se mantuvo firme, en un principio, pero luego, dos meses después, decayó su ánimo para mantenerse su poya más firme; de un firme marcial. Así que cuanto más decaía su ánimo mas marcialidad adquiría su poya. Y prefirió que subiera su ánimo y decayera su poya, admitiendo ante mujer y suegra que era un desgraciado.
Ellas no deseaban que Eneldo cambiara. Se conformaban con que admitiera ser un escombro, momento tras el cual podrían manejarle a su antojo y elegir las vacaciones de agosto, como así ocurrió aquél año, y por supuesto los venideros. Viendo así a su padre, no es de extrañar que desde bien joven, Pristiano Pisuerga Pisuerga, primogénito de Eneldo, decidiera ser cualquier otra cosa excepto un hombre, decantándose tras muchos años de fruicción por el lechón en estado graso. Enhorabuena campeón.
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Juan José Aparicio
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