El hombre del calendario.
26.02.07 @ 12:28:07. Archivado en Hechos insólitos.
En el ya popular pueblo de Milpceros, existe una asociación de petanca llamada “La pelotita roja”. Sus miembros, mas que de la tercera edad, son simplemente ancianos, que gustan de rememorar las peleas con sus mulas y sus esposas, cuando ellos eran antaño más tercos. Siguen sin soportar las charlas frente al portalón, donde las mujeres y los viejos mariquitas despellejan al resto de los vecinos, crucifican las actitudes de los jóvenes, de los extranjeros, y santifican a los beatos. Esa insoportable levedad les rebela todavía, y les hace sentirse en la cúspide de la incorrección local.
Así visto, la asociación de petanca “La pelotita roja”, tiene más conciencia de ser un grupo de resistencia anti-localización que un equipo deportivo de “baja intensidad”.
Su presidente, Velando Cabras Ortiz, septuagenario dormilón y enemigo acérrimo del mus hablado, fue portavoz del sindicato labriego de la población en el pasado, y por su experiencia fue elegido como portavoz del equipo de petanca hace unos meses. Ocurre que, Velando Cabras Ortiz, ha sido enemigo de la familia del alcalde de la población desde tiempos inmemoriales, y dicha tirria mutua, parece haber sido el motivo que ha llevado al ayuntamiento ha rebajar sustancialmente el presupuesto de su grupo de petanca.
Enfadados, los veinte ancianos del grupo, decidieron en asamblea extraordinaria celebrada hace ocho días desnudarse completa y públicamente, con el fin de hacer lo más evidente posible su protesta ante el recorte presupuestario y, de paso, sacarse unos duros con la venta de un calendario para la ocasión, aprovechando la fiebre de la carne colgada, tan cool entre otros individuos y grupos reivindicativos de la capital.
La providencia quiso la asistencia de Tolomeo Sánchez Pistacho a aquella reunión, el antiguo sereno de Milpoceros que, tras caerse al río, había quedado medio sordo, y utilizaba su antigua trompetilla como auricular en la oreja, poblada de abundante pelo.
El hecho es que Tolomeo, entre tanto griterío, no se enteró muy bien ni del propósito ni de la intención de sus compañeros, aunque votara a favor, lo hizo un poco por inercia, y otro poco por no quedarse al margen de una reivindicación, de la que entendió los fervorosos gestos de los ponentes y poco más.
Y así, al día siguiente, Tolomeo se presentó ante sus compañeros con una carta temblorosa entre las manos. La entregó al presidente, y en ese justo instante, se dio cuenta, al ver las fotografías de sus compañeros en canicas sobre la mesa, como muñecos de plastilina amarilla con las próstatas congestionadas, que acababa de cometer el mayor error de su vida.
Intentó, sin conseguirlo, recuperar la misiva, que el presidente de la asociación de petanca “La pelotita roja” se negó a devolverle entre risas, y que, imprudentemente, leyó en alto ante todos los presentes. En dicha carta, más o menos, el viejo Tolomeo admitía haber sido un golfo, de joven; haber amado a muchas de las mujeres del pueblo, aprovechando su labor de sereno, en los portales, a oscuras, incluida la actual mujer del presidente de la asociación, y la del alcalde, y la exmujer del presidente de la asociación. Se quejaba de no haber tenido muchos amigos en la infancia, por ser íntimamente tímido, y débil, aunque había procurado disimularlo con actitudes violentas y autoritarias. Esta consciente debilidad le había perseguido toda la vida, por haber tenido que sacar adelante a una familia de la que nunca se sintió merecedor. No había conseguido que sus tres hijos se mantuvieran en el pueblo, ni le quisieran lo suficiente como para volver a verle, al menos en verano. Se sentía culpable por ello. Y ahora, en plena tercera edad, deseaba pegarle un tiro a todo el pueblo, un por uno. Les echaba la culpa de no haber conseguido nada de provecho, de haber tenido que estar toda su vida pendiente de los comentarios, sometido a la férrea disciplina de su moral ortodoxa, de su mediocridad, sin oportunidad para poder haberse desarrollado libremente.
A día de hoy, el calendario se ha vendido como rosquillas. La televisión entrevistó al grupo de petanca, vestido, mientras jugaban una partidita, y ha sido tal el éxito de ventas que ya están pensando en comprarse un nuevo juego de bolos y una uniformidad deportiva.
Sin embargo, Tolomeo Sánchez Pistacho, el primer hombre que desnudó su alma para un calendario, ha sido literalmente expulsado de la localidad de Milpoceros. Ni el tabernero estaba dispuesto a servirle un chato de vino. Y, dicen, se le ha visto con su trompetilla pegada a la oreja, en la cercana población de Garmendiópolis, gritando a viva voz que algún día regresaría a su pueblo natal, a pegarles a todos un tiro.
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Juan José Aparicio
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