Una vida
06.05.09 @ 11:03:11. Archivado en Algunas cosas de mi trabajo
Ayer quise escribir este post pero no tuve un hueco, y no quería que pasara más tiempo sin hacerlo. Quería hacerlo ayer porque fue cuando leía una pequeña columna, semblanza, retrato o como queramos llamarlo, en la contraportada del periódico El País. Se titulaba "Una vida" y lo escribía Rosa Montero.
El texto, de una exquisita armonía, resumen en una líneas una vida y una historia de amor. La vida de un compañero de profesión que destacó en una televisión que ya no se hace, con programas que ya no existen, escrita por la persona que compartía su vida en las últimas décadas. Es la historia del periodista Pablo Lizcano que murió hace pocos días, joven, sólo 58 años y una larga enfermedad. La escribe su amor, la escritora Rosa Montero, que compartía sus vida, sus historias y su final. Lo retrata de una manera tan sútil, diciendo de todo y hablando de nada, que merece la pena hacer mención.
No voy a decir que no me gustaría poder escribir así, bonito, directo, sincero, pero sobre todo me gustaría que, al final de mis días, mi amor también escribiera o me describiera -más bien- con palabras, frases y sentimientos tan profundos.
Transcribo íntegro el texto, aunque este post sea larguísimo, porque creo que es un legado bonito para todo el mundo que pase por aquí y pueda leerlo:
"Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho. Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.
Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes. Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.
La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.
Y también el desamor: un agujero. Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.
Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.
La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.
Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.
La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.
Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio. Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve. Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.
Un cabrilleo de agua. El último chispazo. Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida". (Rosa Montero, Madrid 5 de mayo de 2009)
Comentarios:
Un abrazo, Blanca.
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Ruth Martín
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