No es posible vivir con rencor en el corazón
30.12.08 @ 10:31:47. Archivado en Algunas cosas de mi vida
Así titula El País la sección "Desayuno con..." de la última página de la edición de hoy. Las palabras corresponden a Eulalio Ferrer, un hombre hecho así mismo que acaba de publicar, a sus 88 años, su primera novela después de cuarenta libros serios.
Pero su historia no sólo me ha llamado la atención porque transmite la idea de que nunca es tarde para escribir, sino por su propia vida y por la de muchos que vivieron unos años -como mi abuelo- que, nosotros los jóvenes, ni podemos llegar a imaginar.
Exiliado tras la Guerra Civil a México, rojo de pro como dirían algunos, regresa cada año a Santander -su tierra- y recuerda la primera vez que volvió y visitó, esparciendo claveles, un espacio donde los asesinos de la posguerra enterraban a sus víctimas, y de no ser por su exilio, él támbién estaría ahí.
En México y trabajando duro, se ha convertido en un empresario de prestigio, patrón y mecenas de grandes empresas de comunicación, tras crear su propia revista. Preside el Premio Menendez Pelayo, es patrón del Instituto Cervantes y del Museo Iconográfico del Quijote. Pero como dice, lo más importante de todo es sobrevivir.
Sobrevivir a una guerra, a campos de concentración en los que compartió espacio con el poeta Antonio Machado al que prestó su abrigo antes de que partiera, junto a su familia, al hotel de Colliure donde morirían más tarde.
Mi abuelo no fue gran empresario ni mecenas, salvo por querer que tanto su hijo varón como su hija tuvieran las mismas oportunidades de estudio. Fue un hombre de campo que se escapó de la legión, vivió una guerra, huyó de un campo de concentración en Francia y cruzó a pie hasta Extremadura, refugiándose en las montañas. Nunca soportó la autoridad, se dedicó al estraperlo para que a su familia y a más no les faltara qué comer, dejándonos un legado que no hay que olvidar.
No aparece en las páginas del periódico, pero le rindo mi pequeño homenaje desde ésta página y algún día escribiré su historia.
Dicen que hay que vivir sin rencor, pero eso podemos decirlos los que tuvimos la suerte de compartir nuestra vida con ellos, pero para los que los perdieron, olvidar no debe ser nada fácil.
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Ruth Martín
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