Mención especial
11.12.08 @ 17:34:26. Archivado en Algunas cosas de mi vida
Hablando con mi amigo Alex como cada día desde nuestras redacciones, me ha dado la idea para el post de hoy, una iniciativa bonita y que merece ser escrita, también por mí, en este espacio.
A veces la vida, aunque aparentemente no pueda parecer así, te da un vuelco y los sueños, las ilusiones y los proyectos de vida dejan de ser lo que eran y hay que volver a comenzar. Pero, aunque se vuelva al principio de todo, una y otra vez, nunca hay que perder el horizonte y siempre hay que conservar cierta esencia de lo que se fue o de lo que se quiso ser.
Una de las grandes bodegas españolas ha creado un vino que va mucho más allá de la simple botella o la esencia del buen caldo, ha conseguido que la imagen del recuerdo -a pesar de la tragedia- mantenga viva la llama de la esperanza olvidando el dolor. El bodeguero Fernando Remírez de Ganuza y su mujer Marisol iban a crear para sus hijos Nueva Cuna, una bodega que consiguiera perpetuar el sabor de una dinastía que sólo sabe elaborar grandes vinos, pero la muerte de su hija María, en un desgraciado accidente cambió en un momento los planes iniciales.
El padre mantenía vivas las barricas que conservarían el que sería el primero de los vinos de esta nueva bodega procedentes de Viña La Coqueta, con unas uvas que se han mimado desde entonces y que son la base del vino que acaba de ver la luz: María Remírez de Ganuza. Expresivo, persistente, potente en boca y con un larguísimo final para que el recuerdo no se olvide, con una etiqueta en trazos de pincel que recrean la propia imagen de la protagonista mirándose en un espejo.
Hasta aquí pudiera parecer una historia más, bonita y triste a la vez, quizá como muchas de las que cada día pueden existir, pero lo mejor es que los beneficios que se recauden de la venta de 2.000 botellas de las añadas 2003 y 2004, y son más de cien euros la unidad, irán destinadas a la lucha contra el cáncer gracias a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y sus proyectos de investigación.
A veces uno se pregunta porque hay cosas que son tan injustas si podrían ser de otra manera, pero iniciativas de este tipo hacen que las esperanza, como bien dice el refrán, sea lo último que se pierda o más bien no se pierda. Quizá, pero sólo quizá, gracias a ese accidente y a esta muestra de generosidad, muchos de los que padecen la enfermedad puedan soñar y gozar de una calidad de vida mejor, gracias a esas inversiones en investigación.
La familia dice que seguirá haciendo lo mismo con las añadas de 2005 y 2006, y ante eso sólo queda dar las gracias y aprender que a veces el dolor puede enseñar cosas que no se ven a simple vista.
Comentarios:
Cristina un beso muy fuerte para ti y tu familia!
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saludos
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Ruth Martín
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