El blog de Rosa María Rodríguez Magda

En defensa de la filosofía

10.12.12 | 13:24. Archivado en Autor, Sociedad, política

Parece que el ministro Wert en su proyecto de LOMCE pretende reducir la asignatura de Filosofía al mínimo. Desaparece la Ética de 4º de la ESO, la Historia de la filosofía de segundo de bachillerato pasa a ser optativa, y aunque se da la posibilidad de que alguna otra filosofía pueda elegirse optativamente, lo cierto es que solo queda como obligatoria la Filosofía de primero de bachillerato con tres –¡o dos!– horas semanales.
Ello implica de facto conceptuar la Filosofía como una maría, esto es, como una de esas disciplinas de relleno, sin apenas valor curricular y consideradas intercambiables o prescindibles, un aditamento a la realmente importante formación troncal.
El problema no es una mera pelea por las horas, sino la simpleza intelectual que se trasluce, la pedestre visión educativa, que, para más INRI, pretende mostrarse como paradigma de eficacia y modernización.
No voy a entrar aquí en la defensa generalizada de las Humanidades. Si alguien no entiende su necesidad, será imposible explicárselo; como dice el saber popular, es vano “echar margaritas a los cerdos”, pues “no se hizo la miel para boca de asno”.
Simplifiquemos pues un poco el asunto y dediquémonos exclusivamente a la Filosofía.
Se piensa la educación como un mero adiestrarse en habilidades: matemáticas, pues al fin la economía va a regir nuestras vidas; ciencias, con ese ingenuo entusiasmo por su neutralidad; lengua, dado que sigue quedando feo escribir con faltas de ortografía, e inglés, que es el idioma internacional; y, por supuesto, mucho manejo de las nuevas tecnologías. Nada que objetar a que nuestros jóvenes se formen en estas disciplinas, pero sí a la obtusa visión de que con ello obtendremos generaciones competitivas, profesionales eficientes (¿?) que funcionen en empresas de manera polivalente, y, añado yo, sin cuestionarse nunca el porqué de sus cometidos.
Pues a preguntarse el porqué, a tener una actitud crítica, a establecer valoraciones propias y opciones personales, a eso solo se llega ejercitándose y aprendiendo, y usted, Sr. Wert, y cualquiera que componga su equipo, van a impedir que nuestros estudiantes tengan los conocimientos y las herramientas para ello. La filosofía no es una disciplina vetusta que estudia las elucubraciones metafísicas de muertos célebres, sino la suma de las reflexiones de todos aquellos que emprendieron el reto del más arriesgado desafío racional: comprender quiénes somos, cómo es el mundo que nos rodea, cuáles son las normas que deben regir nuestras acciones. Como resulta un tópico recordar –aunque dentro de poco ya nadie lo habrá estudiado gracias a ustedes– Kant resumía la tarea de la filosofía en intentar responder a las siguientes cuestiones: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?, las cuales, unidas, nos acercarían a la cuestión nodal: ¿qué es el ser humano?
Pero de una manera, quizás menos grandilocuente, la filosofía, en la actualidad, suele tener una perspectiva más hermenéutica, de desentrañamiento de los discursos, de todo aquello que se nos dice con pretensión de verdad, cuando ha tiempo que descubrimos que todo es interpretación, y aprendimos, con la filosofía de la sospecha, que las grandes proclamas encubren intereses económicos (Marx), opciones valorativas (Nietzsche) o pulsiones inconscientes (Freud). Y así, estudiando a quienes desvelan las trampas de los lenguajes, intentan pensar nuevas salidas a las crisis sociales, radiografiar conceptualmente el presente, y así, repito, estudiándolos, todos nos hacemos un poco más inteligentes, más perspicaces, más críticos.
Por eso es importante la filosofía, porque las cosas no simplemente están ahí, caídas de un guindo. Hace falta adiestrarse en no ser un ingenuo, ni un patán, y si todos los ámbitos del saber contribuyen a desasnarnos, y cada uno tiene su aportación específica, la única disciplina que posee esa peculiaridad de ponerse siempre algo más atrás de lo que incluso ella dice, actuando un poco como mosca cojonera, es la filosofía. Evidentemente, sin este pertinaz insecto, los mulos hacen más tranquilos su equina labor, pero no se trata de esto, ¿no? ¿O sí?


Regeneración democrática

21.11.11 | 13:58. Archivado en política

Si Winston Churchill consiguió transmitir a los ingleses el mensaje de responsabilidad con su famosa frase “Sangre, sudor y lágrimas”, esperamos que los duros tiempos que se avecinan se salden sin ninguno de esos trágicos fluidos corporales, y que el gesto necesario de apretarse el cinturón se complemente con el refrendo de “ética, esfuerzo y buen gobierno”. Algunos interrogantes son perentorios: ¿cómo remontamos la crisis económica?, ¿qué futuro para Europa?, ¿qué margen de maniobra para los estados nacionales?... Si ya sabíamos que la política no es una ciencia, resulta más duro comprobar que la economía no lo es tampoco. Sustituir a políticos, que no parecen tener ni pajolera idea de economía, por tecnócratas, no solo en Italia, sino en los altos organismos comunitarios, únicamente puede tranquilizar a quienes ignoren que la tecnocracia es también ideológica y que responde a una visión de la realidad influida por posiciones valorativas e intereses determinados. La desregulación del mercado dando cobertura al latrocinio financiero de guante blanco, basado en la malversación y la extenuación de una riqueza especulativa, nos ha llevado a la penosa situación en la que nos encontramos, desde las subprime USA hasta los eufóricos despilfarros nacionales. Independientemente de variadas fórmulas económicas globales y ordenanzas teutonas, frente a las que los gobiernos nacionales tienen escasa autonomía, urge una decidida acción de regeneración democrática, si queremos contar con el apoyo de la ciudadanía, una ciudadanía llamada a realizar grandes sacrificios y que si no vuelve a creer y respetar sus instituciones, puede convertirse en masa antisistema. La clase política ha de escuchar a la calle. Las protestas, jaleadas por quienes no tienen el refrendo de las urnas, van a enrarecer el clima social. Asumir lo que de legítimo tiene ese malestar popular, unido a una exigente regeneración ética, resulta urgente. Es necesario depurar responsabilidades de aquellos gestores que han hecho alarde obscenamente de riqueza e ineficacia. Aplicar la misma penalización del riesgo a quienes concedieron hipotecas y que ahora solo sufren quienes las suscribieron. Abandonar el supuesto de que la única forma de revertir la situación es que los que más ganan ganen más a ver si así el resto puede sobrevivir con las migajas. El peso de la crisis no puede seguir cayendo en los sectores más débiles, mientras una acogotada clase media sigue subvencionando el bolsillo de quienes solo han evidenciado incompetencia.


Las revueltas árabes y la democracia

07.04.11 | 10:25. Archivado en Autor, política, internacional

La democracia no es solo un plebiscito. Es un sistema que garantiza las libertades de un pueblo, establece cauces representativos para la elección de su gobierno y se fundamenta en la vertebración de una sociedad civil, instituciones y usos estructurados democráticamente.
Viene esto a cuento del empeño de las sociedades occidentales por extender la democracia a los lugares del planeta donde ésta brilla por su ausencia. Y las acciones expeditivas que a veces toman sus gobiernos, como fue el caso de la intervención en Irak y lo es ahora la de Libia.
Dos falacias pueden empañar la visión del proceso.
Primera, la multiculti: la democracia es un invento occidental y no se puede aplicar a todos los países. Este razonamiento puede aducirse en contra de toda injerencia humanitaria –no tengo claro que el caso de Libia lo sea- , y en cualquier modo cierra los ojos ante la conculcación de los Derechos Humanos con la excusa de la diferencia cultural. Sí, la democracia es un invento occidental, pero ello no significa que sea relativa. O hay democracia o no la hay, punto. O se respeta la libertad y la igualdad de los ciudadanos, o estamos ante una forma más o menos suave, más o menos oculta de tiranía. Y la separación de la religión y el estado, la libertad de creencia y opinión y la igualdad entre los sexos, por solo citar algunos postulados básicos, van siempre en el paquete.
Segunda, la democracia se logra cuando el pueblo manifiesta su voluntad en las urnas. Bueno, pues sí y no. Lo anterior es una condición necesaria pero no suficiente para la democracia. Ésta, como pretendía sintetizar al comienzo del presente artículo, debe ejercerse en el marco de un ejercicio de las libertades.
Quisiera que reflexionáramos sobre ello, y sobre el fácil deslizamiento hacia su conculcación, a la luz de tres citas:
“Las ideas reinantes son las ideas del que reina”, Fernando Savater.
“¿De que sirve la libre emisión de un pensamiento esclavo?”, Antonio Machado.
Y finalmente la afirmación puesta en boca de un autarca en una novelita de Terry Pratchet: “Un hombre un voto, el hombre soy yo y el voto el mío”.
La libertad requiere de un pensamiento crítico, pero éste solo se logra por medio de la educación y el propio ejercicio de las libertades, de otro modo únicamente se piensa aquello que se nos ha inducido a pensar. No se puede pretender que la gente emita un voto razonado cuando no se tiene información ni formación o se es presionado. Claro está que éste es un elemento de distorsión que se debe asumir, pues no sería legítimo negar el acceso a la democracia a un grupo con el pretexto de que “no está preparado”, lo que no implica que no debamos constatarlo a la hora de inferir resultados.
Por otro lado, en una sociedad sin pasado democrático, los movimientos insurgentes, civiles, e incluso los partidos que han debido exiliarse no han tenido la posibilidad de organizarse para competir en igualdad de condiciones con otros sectores instalados. Garantizar la democracia es garantizar unos cauces y tiempo para su consolidación.
Finalmente la democracia no se consigue con el resultado de una votación, es además el compromiso de mantener en el ejercicio de gobierno los valores democráticos. Un grupo no se puede servir de la democracia par acabar con ella. Baste recordar que Hitler llegó al gobierno por las urnas. La legitimidad democrática no la da solo la forma de acceso al poder, sino cómo se ejerce.
Todas estas consideraciones deberíamos tenerlas presentes a la hora de apoyar o enjuiciar las revueltas que están sucediéndose en el mundo árabe. La alianza entre el ejército y los Hermanos Musulmanes en Egipto no parece una buena señal; el retorno del hijab en Túnez, tampoco; el apoyo yihadista a los rebeldes en Libia, menos aún.
A todo esto, algo importante de lo que nadie parece haberse percatado: en las manifestaciones no se pedía democracia.


La revolución de los jazmines

01.02.11 | 00:34. Archivado en Autor, política, internacional

Atiendo con fruición las noticias que llegan de Egipto, de Túnez… esa llamarada insurreccional que parece extenderse por los países islámicos del Mediterráneo. Asisto también estupefacta a esa euforia naïf con la que los europeos aliñamos la épica revolucionaria. Buena parte de los artículos que en estos momentos proliferan son ingenuos cantos a la libertad guiando al pueblo. Ojalá que así fuera. Pero no debemos olvidar que incluso esta habitual exclamación lleva implícito el término “Alá”, lo que nos debería recordar que las cosas serán de una u otra manera según se gestione el elemento político-religioso subyacente en las sociedades en cuestión. Se nos acentúa el hecho de que las revueltas son civiles, plurales, de raíz económica, demandando aperturismo y justicia social. Quizás sea así ahora, pero esa masa que hoy se manifiesta, y es un caudal capaz de hacer tambalear dictaduras, carece de la infraestructura organizativa para constituirse en eje vertebrador de una futura democracia. Quiénes y con qué apoyos van a construir el día después es el interrogante que no cabe dejar a la inercia de los acontecimientos, porque la historia nos demuestra que los ideales románticos son rápidamente traicionados por quienes consolidan los cambios sociales. La Revolución Francesa llevó a la guillotina y al terror, la revolución rusa el Gulag, la expulsión del Sha de Persia a la teocracia jomeinista. Y esto por solo citar algunos ejemplos, bastantes como para hacernos precavidos. Seguramente Occidente ha sido - y está siendo- corto de miras e hipócrita en su apoyo a ciertos regímenes dictatoriales con tal de que nos aseguren abastecimiento energético y supuesto freno al terrorismo islámico, e incluso a una inmigración no deseada, sin querer ver cómo la falta de progreso económico y social, que esas dictaduras han perpetuado, es la espoleta que dispara el acrecentamiento del islamismo más radical, el odio a Occidente y la fuga hacia Europa. Un islamismo organizado, que dispone de redes de atención social y ejerce un respaldo psicológico e integral a amplias capas de la población. Un islamismo cuyo problema no es que sea violento, sino que se define por su rechazo al modelo occidental, incluida la democracia. ¿Hay suficientes musulmanes liberales y demócratas? ¿Tienen cauces de organización urgente y efectiva? ¿Cuentan con el decidido respaldo occidental? Túnez celebra el retorno de Rachid Ghanuchi, líder del movimiento islamista En Nahda, los Hermanos Musulmanes esperan la caída de Mubarak, y el islamismo internacional por boca de Al Qaradawi, presidente del Centro Europeo de la Fatwa, apoya a los insurgentes…, son sobrados datos para intuir que la cuestión religiosa no va a estar ajena a la reconstrucción del poder en dichos países. Y mientras tanto aquí celebramos los hechos como si se tratara de un nuevo mayo del 68, la revolución de los claveles o la caída del muro de Berlín. Auguraba Florentino Portero hace unos días, en un excelente artículo, que el fanatismo es la alternativa a la corrupción. Si queremos que lo que hay de hermoso y utópico en toda rebelión no sea dramáticamente traicionado, deberemos apoyar dicho esfuerzo a partir de la realidad, no de voluntariosos cuentos fantásticos.


Jueves, 27 de abril

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