El blog de Rosa María Rodríguez Magda

Humos de libertad

07.01.11 | 12:53. Archivado en Autor, Sociedad, tabaco

Cuando yo estudiaba COU, uno de nuestros principales logros fue conseguir que se permitiera fumar en clase. Era una forma de ganar espacios de libertad social en los últimos estertores del franquismo. Puedo rememorar toda mi carrera como una sucesión de asambleas y encierros, donde las proclamas surgían en medio del ambiente cargado por el humo de los cigarrillos. Años más tarde, el gobierno municipal socialista de mi ciudad legalizó el consumo público de hachís; aún recuerdo la alegría de las reuniones en los bares donde libremente se pasaba el canuto, sin importar la comunidad de virus y bacterias que ello podía implicar. Mi imaginario televisivo y cinematográfico guarda memoria del hombre de Malboro, el cigarrillo en la comisura de los labios de Marlon Brando, la escena repetida de los protagonistas de tantos films encendiendo un pitillo en la cama tras hacer el amor. En definitiva, mi adolescencia y primera juventud se desenvolvieron en el decorado de esa atmósfera turbia e incitante. Y creo que cuando he dejado de fumar mi vida ha sido más sana sí, pero más triste.
Convengamos en que es mejor un aire más puro, en que nadie debe ser fumador pasivo de otros, que era necesario romper toda esa iconografía que enlaza el cigarillo con la rebeldía y la seducción. Pero, una vez dicho esto: ¿nos hemos vuelto locos?, ¿no hay delito más punible que el de fumar?, ¿no existe una solución moderada que respete el derecho de todos? Hay algo enfermizo en esa compulsión por la asepsia, la furia revanchista del pogrom, la euforia autocomplacida de la delación y el linchamiento. Acorralar a individuos marcados es el santo y seña de todo totalitarismo.
Curiosamente, en la actual persecución se logra una retrógrada “alianza de civilizaciones”. A fuerza de eco-progresismo, se repite la historia del fanatismo en la que se hermanaron tres tradiciones ahora en pugna.
En 1624 el papa Urbano III ya prohibió el rapé, con la excusa de producía un cierto "éxtasis sexual". En 1633 el sultán turco Murad IV condenó a los fumadores a ajusticiamiento, confiscando sus bienes. En 1640 el zar Miguel de Rusia declaraba pecado mortal el consumo de tabaco, cortando los labios o azotando a los fumadores arrestados.
Un esfuerzo más en la razzia y reconstruiremos esta truculenta confluencia de credos.
A los nuevos cazadores de brujas, gracias. Nunca pensé que por tan poco, apenas una calada, iba a volver a sentir la libertad del proscrito, la fruición gozosa de quien está fuera de la ley, la aureola mítica del transgresor.


Sábado, 25 de marzo

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