No es difícil de entender, pero sí de explicar. La generación aplastada por el paro y por la frustración, los jóvenes que tenían que emigrar a Alemania para encontrar trabajo, han ido más allá de donde alcanza mi memoria. Promueven un cambio del sistema económico global, a la vez que una regeneración de la política. Los llamaban "ni-ni" y los tachaban de irreflexivos. Yo #votoporestageneracion en la jornada de reflexión.

El desafío tiene carácter global, gracias a las redes sociales, donde ha alcanzado, a través de una media de 100.000 tuits diarios, a 100 millones de personas cada día. Pero es más relevante el contenido y el modo en que se propone.
Me arriesgo a interpretar las propuestas, aunque pueden consultarse en la página de democracia real ya.
Hagamos un poco de historia. La crisis del 29 produjo tantos o más parados que la del 2008. Al principio, la reacción fue semejante a la que está ocurriendo en capitalismo mundial: una pelea gigantesca por arañar hasta el último euro-dólar de los beneficios acumulados durante años de crecimiento. Después llegó la reestructuración de la economía, al menos en Europa, para construir el Estado del Bienestar. El modelo que hoy pretenden derribar consiste en reducir la desigualdad, gracias a una política fiscal con un compromiso que abarca al conjunto de la sociedad, para que no cunda el fraude. Gracias a esa mediación, es posible que el consumo soporte un sistema productivo en continuo crecimiento.
Ese modelo se ha hecho insostenible antes de la crisis económica, a causa de la crisis ecológica. Pero no ha variado la lógica del capitalismo, sino la de la solidaridad. Los jóvenes que están imaginando un nuevo modelo inciden en la raíz del problema: la dictadura del sistema financiero que ha provocado la crisis en todo el planeta, que no contribuye en nada, que engaña por medio de la matemática económica y fabrica sofismas mientras devora el 80% de la riqueza planetaria. Grecia, Portugal, Irlanda, España no son países pigs, sino economías vulnerables a la piratería financiera que saca la navaja en los ruedos de la deuda para conseguir más intereses. Las agencias de rating no valoran la economía real, con la loable intención de sanear los balances, sino el grado de vulnerabilidad para convocar a los buitres financieros.
El cambio que se pide sólo puede ser global. Por eso he titulado esta entrada con la etiqueta que han elegido los participantes del movimiento 15-M para difundirse en Twitter. Es una revolución democrática y pide compartir los sueños.
No se trata de que yo venga ahora a pedirles que se hagan monjes y monjas, que renuncien a la economía privada, al salario o al consumo. Consumir es de humanos, y hasta los resucitados comen pescado a la plancha. Lo que no es humano es devorar a una persona o a millones de seres vivos y miles de especies para edificar una pirámide de basura: residuos del combustible y las nucleares. El día de Viernes Santo, el post anterior, pedía #justiciaemotiva. La respuesta: #spanishrevolution.
No puedo predecir el fruto que resultará, al cabo de diez años. Son personas vivas, libres y capaces de organizarse por el bien común. Ellos y ellas dirán. ¿Qué dicen ustedes?
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni| Junio 2012 | ||||||
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