Romances ultramodernos

La mala educación: pederastia y aborto

29.05.09 | 12:51. Archivado en Amor, Traición y daño
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No hace falta ser Almodóvar para descubrir que la generación que pasó por los colegios religiosos durante los años 50-60 del pasado siglo tiene traumas que contar. Basta con tener amigos entre cuarenta y sesenta años. Lo cierto es que los niños traumatizados no se limitan a un tipo de centros, es decir, a los confesionales. Bajo el cielo nacional-católico, todo dios/diosecillo se creía con derecho a abusar de su autoridad.
Por eso, a quienes habría que recordar con imágenes, documentos y actos públicos es a los buenos maestros y, sobre todo, maestras.

Enrique y Marcos

Yo no fui a un colegio religioso, sino laico, que se llamaba “Juan XXIII”. Tuve unas maestras, en general, estupendas, y, entre muchos maestros, a uno, don Jesús, que me formó las ganas de ser escritor. Para entonces ya estábamos en plena transición, así que no entra en este examen.
De los antiguos, es decir, la “vieja escuela”, me tocó de refilón un señor que soltaba bofetadas tumbativas y otro que golpeaba racionalmente, con regla y cartabón. Este último, que se dejaba una uña muy larga, era un jefe del Movimiento bajito, pero intimidatorio.
También había un pederasta en mi colegio, por laico que fuera. Un profesor de gimnasia mayorcito que aprovechaba los rincones para tocarle las pelotas a los delegados de clase, es decir, a quienes sacaban mejores notas. La cosa llegó al límite de que yo renunciara varias veces a ser delegado y, como no me hacían caso, decidiera sacar peores notas. Eso sí que funcionó. Pero me daba vergüenza mirar la cara del nuevo delegado y reconocer en su angustia lo que me había tocado pasar.
Por aquel entonces, nadie podía denunciar a un tipo así. Los menores no teníamos existencia terrena, salvo en los cuadros de Murillo. No había control democrático en los centros.
La cuestión que debemos dilucidar como ciudadanos, maestros y maestras, padres, madres o niños, que ya pueden hablar, es si nuestros centros educativos se han dotado realmente de canales para la regulación democrática de la vida comunitaria.
¿Se ha reorganizado la vida de las iglesias para que sus dirigentes y ministros tengan siempre muy presente que son servidores de su pueblo? ¿Sí o no?
¿Todavía usamos a Jesús y a los evangelios como pretexto para aplazar al más allá el descargo de la memoria y, sobre todo, el valor de la asamblea humana? ¿Somos corresponsables o súbditos? ¿En qué consiste el reinado de Dios? ¿En la tiranía universal?
La alarma social ante los abusos a menores en centros educativos religiosos es justificada, pero el modo de resolver esa cuestión no pasa por despreciar el hecho religioso, las comunidades cristianas y la condición humana. Pasa por un aprendizaje histórico, en el que todos estamos comprometidos.
¿Y el aborto? Exactamente igual. O aprendemos a expresarnos en una sociedad abierta y a razonar sobre las causas que provocan el alud de embarazos no deseados, o convertimos a toda la humanidad en víctima de nuestras manipulaciones, comenzando por los todavía no nacidos.
Ministras y ministros de este gobierno: soy socialista y cristiano. Defiendo el derecho de cualquier ser humano, y de las mujeres en particular, a una sexualidad madura. Pero no entiendo que a estas alturas una sociedad democrática se plantee declarar, como la asamblea de majaras en una vieja canción de Kortatu: “El aborto no es un delito”. Lo que no es un delito es la sexualidad. Tanto la pederastia como el aborto son acciones objetivamente dañosas contra seres humanos concretos.
También somos capaces de perdonar. Pero no podemos suplantar a las víctimas para instituir un “perdón oficial”, como hicieron quienes construyeron la Cruz de los Caídos. Lo que necesitamos son medios viables para minimizar el daño y aminorar los efectos de cualquier violencia.
La realidad no es del color con que yo la pinto. Todos participamos en construir esta sociedad, por medio de la libre argumentación.
Nadie puede camuflar la pederastia bajo el disfraz del pecado original o la infamia de que los provocadores son ellos, los menores. Nadie puede, ni podrá, borrar la memoria de un aborto, como si no fuera el producto de una negligencia de dos adultos: mujer y varón.
La salida no es por ahí.

6 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Merce 06.06.09 | 13:17

    Hola Joaquín,
    soy Mercedes una de las chicas de Cuenca que va a Rancho este verano. Me gustaría hacerte algunas preguntas. Si te puedes poner en contacto conmigo por medio de mi mail te lo agradecería muchísimo... (m.lahoz.leon@gmail.com)

  • Comentario por sofía 31.05.09 | 22:58

    Feliz Pentecostés, Joaquín y familia.

  • Comentario por sofía 31.05.09 | 22:57

    Feliz Pentecostés, Joaquín y familia.

  • Comentario por sofía 30.05.09 | 01:28

    Un post sensato, de principio a fin. Y por eso mismo con un planteamiento que resulta casi revolucionario en esta sociedad que tira siempre por el camino más cómodo.

  • Comentario por jalon 29.05.09 | 15:49

    Carla Bruni confesó en Madame Figaro : Soy monógama de vez en cuando, pero prefiero la poligamia y la poliandria. La Voz de Galicia, 26.04.09.
    La ética y deontología de las Facultades de Medicina en España es contraria a la que se enseña en Europa.

  • Comentario por jalon 29.05.09 | 15:47

    El pasado marzo, durante un acto de campaña celebrado en Pensilvania, preguntaron al al senador Obama por los adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual.

    "La educación –incluyendo la información sobre los métodos anticonceptivos– es la más importante de las prevenciones", dijo entonces. Y añadió: "Tengo dos hijas, de 9 y 6 años. Lo primero que voy a enseñarles es todo lo relacionado con los valores y la moral; pero si cometen un error, no quiero verlas castigadas con un bebé. Y no quiero verlas castigadas con una ETS a los 16 años".

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