Estoy seguro que a la mayoría de las personas este dilema les parece absurdo. Ambos elementos no se anulan, sino que se conjugan. Sin embargo, el diálogo entre partidarios y contrarios al aborto, sean creyentes o no creyentes, todavía no ha escapado de esa trampa.
Las posturas contrarias al aborto pretenden escapar de la cuestión del sexo, sin darse cuenta de que el desarrollo de la sexualidad debe ser tematizado para que el derecho a la vida no penda de un hilo. Sólo en la medida que seamos capaces de articular con el conjunto de la sociedad una educación sexual conseguiremos que los abortos reduzcan sensiblemente. Por la vía penal no lo conseguiremos nunca.
Pero si los católicos hablamos de sexualidad con otras personas y grupos sociales, no podremos evitar el reconocimiento de que la moral casuistica, que hemos heredado nada menos que de Agustín y los monjes irlandeses del s. VI, ha negado el placer como un lujo, es decir, lujuria, y ha reducido la relación conyugal a la procreación. Los anatemas contra el cuerpo siguen vigentes. Nadie los ha levantado, tampoco la generación posterior al Concilio Vaticano II. La consecuencia real es que promovemos conductas sexuales aberrantes, sea la pederastia, sea el comercio del sexo, a causa de categorías todavía vigentes: todo placer sexual en sí mismo es malo. Los métodos anticonceptivos son malos, incluso en una relación conyugal. No queremos darnos cuenta que los alardes de continencia sólo son posibles a personas con un temperamento determinado, pero no por eso los demás somos menos santos.
La iniciación sexual de los jóvenes tiene que ser orientada por personas con una sexualidad madura, vivida en un matrimonio de personas que se reconocen iguales y se tratan con amor recíproco, en lugar de ser sencillamente reprimida, como ocurre en muchos centros educativos religiosos. Entiendo que el abismo que hemos creado entre teoría y práctica impide a muchos ni aun llegar a plantearse que los adolescentes tengan una sexualidad que desarrollar, desde los once o doce años. La doctrina de la abstinencia es sencillamente falsa. El 99 por ciento de los adolescentes se masturba. Las conversaciones entre chicos tratan sobre el sexo reducido a las oportunidades para la penetración y a la cantidad de intentos consumados, con perfecta ingenuidad acerca de los métodos anticonceptivos, así como sobre el sentido de la sexualidad. Es lógico que el número de abortos aumente cada vez más. Son hechos.
Ahora bien, si queremos evitar que el sexo sea un mero pretexto para usar el cuerpo del otro como un objeto, no podemos predicar la reclusión en el hogar como en un monasterio. Es falso y provoca una reacción de rechazo visceral.
En el campo de las personas partidarias del aborto, como en el de los contrarios, hay una diversidad de posturas que no se escuchan. Pero también prevalece la línea dura. El cuerpo es propiedad del individuo. El aborto es un derecho irrenunciable de las mujeres. La vida humana empieza cuando yo lo determino. La consecuencia es obvia: el ejercicio de la sexualidad prevalece sobre el derecho a la vida. El sexo es relacionado con la muerte, tanto por los mitos del amor fou, que esclaviza a los amantes (generalmente a uno de ellos); como por el fantasma reprimido del ser al que se impide desarrollarse, a causa de negligencias no asumidas por quienes lo engendran.
Lo más paradójico, si me lo permiten, es que los extremos son simétricos, como si fueran fruto de la misma “mala educación” a que aludía Almodóvar en una película hiperrealista. La sexualidad vivida como una fuerza incontenible que arrasa a las personas y las convierte en esclavas o en amos (sado-masoquismo) es “lo natural”. No es de extrañar que los otros se defiendan de tal horror poniendo barreras infranqueables y reprimiendo a base de bien.
Pero no es cierto. Ni la sexualidad es incontenible, ni la continencia, confundida con la represión, es santa. Igual que el alimento, igual que el lenguaje verbal o paraverbal, el eros humano puede ser educado para que sirva a la comunicación entre las personas, hasta el grado de la comunión.
Lo que no podemos permitirnos es seguir jugando al gato y al ratón cuando está en juego el desarrollo humano, desde el momento en que un cigoto se une al útero de la madre, por un amor inconsciente, hasta que la persona puede unirse a otra persona con un amor consciente, y asumir los frutos de esa relación como lo que son: lo más hermoso y mejor que ha generado este universo, creado libre.
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Me sorprende Joaquin, que utilices, tanta dmagogia, con un doble lenguaje, de defensa de la sexualidad de la mujer, por una parte y de defensa, del no, nacido, por otra. Lo comprendo porque eres un hombre y por mucho que quieras, no, puedes llegar, tampoco, yo, y otras mujeres, en ahora burgesas, lejos de la trata de blancas, de la inmigraccion, de la pobreza. ¿como vamos a hablar, y con que derecho?, si, es el sistema, que apoyamos, el que es abortista. Hago un esfuerzo en entender, como tiene, que ser tu, postura de aspirante a profesor de religion catolica, pero posicionate. Porque la vida desgraciada y de camino a la prision que tienen, muchos niños y niñas, nacidos, en el desamor y el rechazo de esta sociedad, me hace no, dormir muchas noches,(los conozco, con nombres y apellidos y a veces no, resisto, sus miradas) ¿cuando vamos de verdad a comenzar a ser honestos y a rechazar con contundencia, el orijen de tanta injusticia y tanta utilizacion y manipulacion de la vida de las muje...
eliminar al "accidente" en vez de considerarlo una persona.
No pongo la píldora del día después a la altura del aborto, pero lo que debería ser una excepción por causa justificada, con un seguimiento médico, lo van a convertir en la forma normal de evitar los embarazos sin ningún tipo de control
convencernos de que es inocuo, de que no pasa nada y de que es toda la responsabilidad suya si se produce un embarazo. Ahora no hace falta el preservativo -dirán ellos. Si se embaraza es su problema. No hay por qué prevenir ni plantearse responsablemente las cosas, sino dejarse llevar por lo que pida el cuerpo y ya se procurará ella la pildorita luego.
Y no veo qué tiene que ver la continencia con la pederastia. De hecho entre los que la practican hay hombres casados. No sólo entre los que ven pornografía infantil en internet, sino entre los asesinos violadores.
Por otra parte una persona sana jamás se volvería pederasta por tener que practicar la abstinencia sexual. Eso es un disparate.
Así que el placer está muy bien en su sitio, pero cuando se quiere que el sexo sólo sea lúdico puede incluso convertirse en una adicción no diferente de la masturbación adictiva.
Si de esa actividad sexual se produce un embarazo no es de extrañar que se intente eliminar al "acc...
Básicamente estoy de acuerdo. Lo que no es cierto es que los adolescentes no tengan información sobre anticonceptivos. Pero la previsión no forma parte de las características de su edad.
Lo que habría que hacer es estudiar qué ha fallado en cada caso. Demasiado alcohol y demasiado sexo evasión consumista impremeditado. Demasiada comodidad por parte de los varones. Demasiada presiones a las adolescentes por parte de ellos. Demasiados chantajes afectivos.
Por supuesto que no creo en las bondades de la represión, pero sí en la educación para considerar que el placer debería formar parte de una relación estable y responsable, en la que se han previsto todas las posibilidades, incluyendo el embarazo, pues no hay anticonceptivo que no pueda fallar. Al menos deberían esperar a la mayoría de edad, pienso yo.
Lo malo de la píldora del día después vendida sin control es que se va a convertir en una carga para las adolescentes. Resulta muy cómodo para los machitos querer convenc...
Sábado, 18 de febrero
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