Si lo que estamos discutiendo estos días es que Jesucristo sea o no el Redentor de la humanidad, mi postura es clara.
Pero la cuestión parece más compleja. Hace falta una pedagogía del Crucificado para que el símbolo de la cruz sea entendido, no como una causa de miedo y de retracción en las sociedades abiertas, sino como lo que es: la denuncia del homicidio como síntesis del mal en el mundo y el anuncio de la opción de Dios-a Amor por las víctimas frente a los crucificadores, gracias a la entrega amorosa de su Hijo. ¿Lo hemos hecho en la España del siglo XXI? ¿No hemos ocultado la Cara por medio de una predicación ambivalente?
Cierto que la pastoral de los obispos insiste en el anuncio del amor de Dios, como los últimos papas. Pero hemos ido muy lejos al interpretar que el amor se significa por medio de la estigmatización de grupos sociales en su conjunto, como los homosexuales o el feminismo. No es casual que sean mujeres (jueces, políticas) las que malinterpreten el signo de la cruz al considerarlo una agresión. Se sienten perseguidas.
Así pues, en este país nuestro es más necesario que nunca mostrar a las personas no creyentes o a quienes tienen dudas, por medio de la razón común, que Cristo no puede ser confundido con nuestras estrategias coyunturales ni con los errores de la Iglesia. Sólo el Espíritu Santo es infalible cuando nos llama a la conversión. Ni podemos tolerar el aborto como un método anticonceptivo, ni el suicidio asistido para abaratar los gastos del sistema de Salud. Pero tampoco podemos callar ni aprobar la repetición de los viejos esquemas que hicieron reprensible a la Iglesia institucional en el pasado: los estigmas contra judíos, mujeres carismáticas, librepensadores, etc.
En este país no hay Cristofobia, por ahora. La curiosidad que demuestran muchos medios por conocer la vida histórica de Jesús nace de una inquietud profunda, que anida en la cultura popular. Pero sí hay un grave peligro de polarización, el cual se manifiesta en forma de prohibiciones mutuas. Me deja perplejo que una cruz utilizada en clase de religión por muchos niños/as como un símbolo comprensible, al igual que otros símbolos de otras religiones, sea incomprendida y extirpada por la fuerza; a no ser que cambie el modo de relación entre las religiones y el Estado, el cual permite su exposición razonable, no la irracionalidad fóbica, en el marco de las enseñanzas primaria y secundaria. He dedicado media vida a investigar la posibilidad de ese entedimiento, para salir de un círculo diabólico que llegó a su extremo durante la Guerra Civil.
Pero atendamos bien a otras incongruencias: la prohibición de ser católicos a aquellos/as homosexuales que desean orientar su vida hacia el amor más pleno, a través de uniones legítimas, en vez de otros comportamientos; la prohibición de los modelos de familia que han surgido de una realidad innegable, sean los matrimonios tardíos o las familias reconstituidas, las cuales vienen a ser casi lo mismo; la prohibición de que mujeres y laicos/as puedan desempeñar ministerios para los/as que están preparados/as, sin consideración a carismas ni historias de vida ni comunidades.
En esas estamos. Seamos razonables, en vez de buscar prestigio a través de una rivalidad que sólo perjudica a las próximas generaciones. Lo digo también por la ministra de Educación y Ciencia, quien en sus declaraciones aún frescas sólo considera “profesiones” las que demanda el mercado. Claro como la tinta del calamar. Por eso estoy en paro: el mercado no paga a quienes se ocupan de los más pobres. No hay mayor porcentaje de parados que entre los educadores sociales, los cooperantes o los científicos que investigan a favor de los países y pueblos del Sur. No estoy mixtificando la realidad. En España no tenemos ni siquiera departamentos de antropología o lingüística amerindia, a pesar de quinientos años de colonización. Es, como mínimo, lamentable que hagamos un uso parcial de la memoria.
En similar medida, la famosa y bienintencionada Alianza de las Civilizaciones no se corresponde ni siquiera con un área de conocimiento que se ocupe de las religiones del mundo: Ciencias de la Religión o Teología fundamental. La peculiar Historia de España lo ha hecho difícil, tanto por un monoteísmo político, enemigo de otras confesiones, del que va desapareciendo el rastro, como por un ateísmo que ha fracasado en el proyecto de construir una “religión civil”, basada en el servicio militar, el Código Penal y el darwinismo social, mientras se desentendía de la cultura religiosa, como si su desaparición fuera inminente. Nada más lejano de la realidad histórica. La pluralidad religiosa manifiesta un derecho fundamental: la libertad religiosa. La disminución del catolicismo no se traduce en un aumento del ateísmo doctrinal, sino que se distribuye entre nuevas religiones y confesiones como el pentecostalismo, además de una indiferencia pasiva que sólo se acuerda del más allá ante la muerte. Este gobierno aún está a tiempo de hacer coherentes las declaraciones con la práctica, en vez de jugar al oportunismo contra la cruz de Cristo explicada a los/as niños/as.
Es hora de superar los prejuicios, por ambas partes. Cristo no es un arma arrojadiza. Es un Misterio que interpela a cualquier humano/a. La memoria histórica no puede ser inventada a gusto de gobiernos y jerarquías. Para denunciar la cruz de la secularización (la injusticia global, el cambio climático, la deshumanización de las relaciones económicas, los límites de una democracia imperfecta), sería necesario anunciar su Cara: una sociedad donde las religiones y el ateísmo pueden expresarse libremente, siempre que sea por medio de la razón común. De tal manera, nos ayudamos a corregir los absurdos que produce nuestra libido dominandi.
La sabiduría de la Cruz es "locura" según los poderosos... y vergüenza para adoradores de la Ley contra el Rostro humano.
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Muy sensato tu artículo
El símbolo de la está tan amañado como disvirtuado.
No muerió Jesús porque él quería, sino que murió asesinado por la jerarquía religiosa y política-social de su pueblo...
Roma, y su imperio solo fue la mano que meció la cuna, en fín de la que los primeros se valirón para ejercer lo que ellos religiosmente no se atrevierón. Para nada es fobía contra los-as Cristianos-as, y aún menos contra quienes tienen fe, es pura y llanamente que nos hemos dado cuenta quién es el "Lobo en el cuento de Caperucita"
Carmen
(Me tomo la libertad de repetir lo que ya he dicho en otro foro.)
Ustedes, muy senor mio, llevan la falacia hasta su maxima expresion.
Ni que decir tiene que cada uno es muy libre de poner todos los crucifijos que uno quiera en su casa. Las instituciones dependientes del Estado, en este caso un colegio, son un tema diferente. No lo digo yo, lo dice la Constitucion Espanola.
Ustedes argumentan que la retirada de simbolos cristianos de las aulas de un Estado aconfesional es un atentado contra la tolerancia. Este razonamiento si que representa un atentado, si cabe mas grande todavia, contra la inteligencia de las personas.
El Estado simplemente recuerda que, en lugares publicos dependientes del Estado (aconfesional) Espanol, no deben estar
presentes simbolos de ninguna confesion. No es esto, precisamente, lo que significa "aconfesional"?
Donde esta el problema?
Hola Joaquín:
Algunas diferencias tenemos, pero todo salvable. Mis saludos a tu hermosa familia. Te prodigas poco y ahora me entero que vuelves al paro. ¡Ánimo hombre!. Según dicen los entendidos las crisis son cíclicas. Te lo dice alguien que ha pasado en dos ocasiones por las colas del INEM.
Besos
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni| Junio 2012 | ||||||
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