La ocasión de hacer memoria no tiene una sola cara, como los ídolos de la dominación total (Hanna Arendt), ni dos, como el Jano de los poderes benefactores y represores, que acarician con una mano y golpean con la otra (Bateson, Girard).
Si somos capaces de quitar la máscara al pasado nacionalcatólico, que se ha disfrazado de violencia sagrada para impedir la diversidad real o someterla a una jerarquía de castas, también deberíamos serlo para descubrir lo que las izquierdas de este país sabemos en lo más profundo de nuestro corazón: la Revolución violenta no es el colmo de la opción por los pobres, sino la legitimación del horror en nombre de la justicia. Sus víctimas preferenciales son las mujeres.
El debate actual en España acerca de la memoria histórica no es un anacronismo. Querámoslo o no, hemos dado lugar a un mundo de la vida intercultural y globalizado, en el que las narraciones no dejan de contarnos nuestra Historia de historias, como un medio ineludible para encontrar sanación, inmanente y trascendente. Nadie puede abstraerse de esa realidad, como si ya poseyera la verdad plena. En el caso de los cristianos, la razón es muy simple: el Evangelio ha servido de fermento para esa búsqueda compartida con cualquier humano/a en este mundo.
En un momento crítico como el que estamos viviendo, es oportuno buscar ayudas para la meditación en el arte, además de en el Evangelio. Propongo algunas obras: Buongiorno, notte, de Franco Bellochio; Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes; una reciente película, La buena nueva, de Helena Taberna.
Si lo que estamos discutiendo estos días es que Jesucristo sea o no el Redentor de la humanidad, mi postura es clara.
Pero la cuestión parece más compleja. Hace falta una pedagogía del Crucificado para que el símbolo de la cruz sea entendido, no como una causa de miedo y de retracción en las sociedades abiertas, sino como lo que es: la denuncia del homicidio como síntesis del mal en el mundo y el anuncio de la opción de Dios-a Amor por las víctimas frente a los crucificadores, gracias a la entrega amorosa de su Hijo. ¿Lo hemos hecho en la España del siglo XXI? ¿No hemos ocultado la Cara por medio de una predicación ambivalente?
No es para asustarse. Es cierto que muchos jóvenes, muchas mujeres, muchos religiosos, incluso algunas personas de los Nuevos Movimientos, no digo todos, pero sí todas las Redes Cristianas y toda mi familia postnuclear, están deseando que la Iglesia se reforme. No hay un solo objetivo, ni una estrategia en la sombra, aunque sí demasiados prejuicios. El ideal no es Lutero, ni Calvino, ni una secta, ni la otra. No hay enemigos, ni aun los declarados.
Como es sabido "secularizar" significa traducir los símbolos religiosos a un lenguaje secular, como consecuencia de un aprendizaje histórico, que interpreta de forma novedosa las tradiciones, con ayuda de la razón y el sentido de la fe; de una, la otra o de ambas.

"La hermana de Martin Luther King" (AP)
La última vez que me pareció necesario escribir recordé la memoria de las víctimas de la intransigencia y de la locura que nos hace extranjeros/as en la propia tierra. Hoy hay motivos para celebrar el comienzo de una era de tolerancia y de libertad.
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni