Romances ultramodernos

No tomarás mi Nombre en vano: Crónicas electorales, II

12.02.08 | 17:43. Archivado en Amor
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Foto Caba El Periódico

Cuando el ser humano se asoma a las ventanas para seguir la campaña electoral, lo primero que le salta a la vista es lo que permanece oculto.

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Nadie se plantea –excepto las cadenas musicales que programan Papeles mojados- buscar solución a la tragedia provocada en nuestras aguas territoriales por la denegación o aplazamiento indefinido de visados a los/as jóvenes procedentes de África. La figura ambigua y un tanto siniestra del “contrato para permanecer en el cortijo” deja en la sombra otras propuestas mucho más razonables que podrían evitar el tremendo desastre: la muerte forzada y la postración de los inmigrantes sin papeles, mientras sobreviven en nuestros sótanos. Por ejemplo: que los visados se dieran por igual a los extranjeros pobres que a los ricos –y con la misma prontitud- de modo que pudieran venir a buscar trabajo sin perder la vida. Asunto a debatir sería la vuelta de quienes no encuentren empleo, si se les facilita en lugar de empujarlos a la clandestinidad. Sorpresa: el efecto para la economía pública es el mismo. Pregunten y escuchen a los inmigrantes, si tanto les importa el contrato social.

Tampoco se ven por la ventana –es decir, por el ancho hueco de la prensa y el eco de la TV- debates sobre las causas de la mini-crisis resultante de la subida de las hipotecas y de la desaceleración del negocio inmobiliario. Uno de los prejuicios que funcionó durante un corto tiempo es que el aumento y el rejuvenecimiento de la población española gracias a la muchedumbre inmigrante justificaba el boom de la construcción. El precio del error: una casa de 6 millones y medio hace doce años, hoy vale treinta. Se dice pronto. Después de diez años especulando, las familias recién venidas ocupan el mínimo espacio que los privilegios les han dejado: casas compartidas, viviendas con más de veinte años. Estoy escribiendo en una de ellas: el hogar acogedor de una familia musulmana en un barrio de Alcalá de Henares, sin calefacción, hipotecado durante una dictadura (o sea, a cuarenta años). 60 m2 para cinco adultos. Me alquilan una habitación y me ofrecen su amistad como si fuera invitado. Hasta me escuchan pacientemente hablar con morriña de mi mujer y mi niño a 600 kms. de distancia. Qué paradoja.

¿Qué diremos de nuestros compromisos internacionales y de la petrolera globalización? Esa ventana ya ni la abren los medios, aunque las posibilidades de erradicar la pobreza –es decir, la miseria- y promover las capacidades de la mitad de la humanidad dependen mucho de nuestras decisiones, país por país. Los objetivos para el desarrollo del milenio no están en la agenda electoral, a pesar de la incidencia política que las ONGs (Intermon-Oxfam, AI, Greenpeace, la CONGD) se esfuerzan por conseguir. Los pobres de la tierra tienen nombre, pero no pueden votar. Los inmigrantes, a cuenta gotas.
¿Cómo influyen las previsiones sobre el cambio climático en el discurso electoral? Algo: hace un tiempo primaveral en pleno invierno. La lucha por promover el transporte público todavía no ha empezado, con excepciones como Madrid capital o Barcelona. Las nuevas y viejas líneas de AVE no resultan rentables a la economía familiar, lo cual es determinante en la era de la hipoteca. Hasta el avión supercontaminante resulta más barato, para colmo de la desgracia. ¿Es realmente imposible diversificar los medios (los trenes Altaria están copados con dos semanas de antelación) y bajar los precios? Veo, allá lejos, una mínima referencia a la ampliación –en Madrid- de las líneas de cercanías, mientras en Sevilla, por ejemplo, los atascos ponen los pelos de punta a cualquiera que tenga trabajo. Incluso a los parados, en su busca.

Las cifras sobre el sistema educativo son menos alarmantes que la realidad vivida en cada centro. Al fracaso escolar del 30% en la ESO se suma la evidente absorción de los hijos de inmigrantes por la oferta de trabajo después de los dieciséis años. No es que sea atrayente: es que más cornadas da la hipoteca. El salario mínimo en la España mínimamente europea sigue siendo la mitad que el francés, mientras que la vivienda es incluso más cara. La desigualdad de oportunidades está aumentando en lugar de disminuir.
Mientras tanto, los centros concertados se sostienen sobre la extorsión inconsciente a miles de profesores que reciben la mitad del salario de sus compañeros/as en centros públicos: trabajan un tercio de horas más (25/18) y cobran un tercio de salario menos. Hagan la cuenta. Para compensar (sic), la comunidad educativa en casi todos los barrios obreros –hay excepciones- está olvidando los deberes de incluir a todos/as sin disminuir la calidad.
La pregunta no es quién tiene la culpa, sino quién no es responsable ni está urgido a responder: familias desbordadas por horarios demenciales y escasez de ayudas –empieza a haberlas, pero se las comerán los bancos-, centros desconcertados de su entorno social, claustros con benditos mártires a quienes nadie nos avisó que la pedagogía de la inteligencia emocional, la cooperación o la inclusión fuesen necesarias, niños/as exclaustrados por acumulación de partes. Nadie tiene tiempo para hablar de los menores. Ni aun se atreven a pedir educadores sociales por no dar la impresión de que los necesitan. Algunos hasta nos meten miedo desinformado –el miedo más peligroso- para que ocultemos a "los problemáticos" en centros especiales a partir de los 12 años. ¿Los cuatrocientos golpes de Truffaut atacan de nuevo?
La cruda realidad: España sigue siendo uno de los países europeos que menos parte del pastel dedica a la educación, la salud pública y los servicios sociales. Las exigencias de la hospitalidad a los inmigrantes le son desconocidas a gobiernos de las dos tendencias. Como los presupuestos se reparten entre más personas, crece el malestar y alimenta la violencia intestinal, irracional, en el propio hogar. Hoy escuchaba mientras comía un kebap a otro ser humano que decía: si encontrara a mi novia con un amigo, yo la mataba. ¿Qué haría si fuera un enemigo?

Pues bien. Lo que más duele, el colmo de la desfachatez, es que nos pretendan timar con el nombre de Dios en bandolera. Caricias por el lomo a una mentalidad ultraconservadora que se ha olvidado con Quién nos vamos a entender eternamente. Contratos para echar a los inmigrantes que sobren. Incitaciones a la xenofobia con chistes barrioalteros. Chulerías contra los/as homosexuales con que si te vamos a quitar los hijos, por desviado. Endurecimiento de la porra en lugar de sensibilización para tomar medidas inclusivas que sean eficaces: por ejemplo, hogares tutelados de menores en lugar de centros, privados o publicos, de reclusión masiva.

Cartel campaña Manos Unidas

Sólo nos quedan muchas alternativas: todas democráticas. Los movimientos sociales y la Iglesia pueden caminar de la mano, si dejamos que el Espíritu se exprese, sea en notas de obispos que empiecen por el final, sea en familias que quieran permanecer en Ti, como Tú en nosotros/as. Cuidemos a las familias reales, no a los sobrinos espectaculares, modélicos, de vitrina. No son santos: sencillamente ricos. Animemos a compartir vida y hacienda. Promovamos el diálogo dilatado y la inclusión, en respuesta a una sociedad cada vez más ignorante/ignorada y más desigual. Aprovechemos la oportunidad de amar con todo el ágape mientras estemos en este mundo. Luego no habrá elecciones: todos/as reinaremos.
Votemos lo que votemos no votemos por miedo, sino por cuidado. En el Nombre del Amor.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 13.02.08 | 08:03

    Tienes razón, Carmen. En la Comunidad Valenciana se han equiparado los salarios de los profes en centros concertados por medio de un complemento.
    Luego en las demás comunidades también sería posible.

    Ver
    http://convenios.juridicas.com/convenios/empresas-de-ensenanza-privada-sostenidas-total-o-parcialmente-con-fondos-publicos-complementos-salariales-2004-comunidad-valenciana.html

  • Comentario por Carmen Bellver [Blogger] 12.02.08 | 22:56

    Me ha alegrado leerte Joaquín. Solo una puntualización. Al menos los maestros de mi Comunidad en centros concertados, hace tiempo que se les equiparó el salario.

    Con un curioso agravio. Ellos están al lado de su casa. El funcionario está destinado a kilómetros y debe alquilarse una vivienda o cambiar de residencia.

    Los sindicatos tienen su sección de concertada y pública. Todo muy ecuánime.

    Y es que la justicia humana siempre está en el filo de la navaja.

    Paz y bien.

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