Romances ultramodernos

El aprendizaje posible (y necesario)

06.02.08 | 19:43. Archivado en Amor
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La ética civil es la mínima expresión de los valores que hacen presente el reinado de Dios-a, a través de la libertad humana. La expresión máxima es la persona de Jesús. Dentro de ese arco se está desplegando la Historia humana como un espacio-tiempo para la libertad y para el aprendizaje. Hay motivos para la esperanza en que la justicia se hará realidad más allá de nuestras impotencias y nuestras prepotencias, por la fidelidad de Dios-a. Pero no hay pretexto ético ni teologíco para responder a la injusticia con injusticia, a la violencia con violencia, a la demagogia con otra demagogia peor.
Hay quien disfraza de relativismo a cualquiera que piense diferente y hay quien acusa de dogmatismo a los que ponen límites a su albedrío, sin darse cuenta de que ambos extremos producen el mismo efecto. La exclusión social y la polarización ideológica. Tales argumentos -aunque sean inconscientes- pretenden acabar con la Historia: no hay aprendizaje posible. Estamos perdidos sin remisión. No hay espacio-tiempo de la razón común ni oportunidad para el amor.
Basta con dos ejemplos.

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Primer ejemplo.
La defensa plena, sincera y sin reservas de los derechos humanos no tiene por qué suponer que el aborto sea un derecho reconocido por la “ética civil” global. No hay sombra de tal peligro en la carta de Naciones Unidas ni tampoco está reflejado en la Constitución española. Lo que sigue siendo defendido y promovido -tanto por NU como por Amnistía Internacional- es el derecho a la vida y el derecho a una maternidad asumida y protegida por la sociedad en su conjunto. Desde luego, lo programado hasta ahora es insuficiente para que se desarrollen ambos derechos: en los países pobres, los índices de mortalidad infantil antes de los cinco años, así como la morbilidad entre las mujeres en los partos es tan alarmante o más que la irresponsabilidad social puesta en evidencia por las cifras crecientes de abortos entre mujeres inmigrantes o en adolescentes del riquísimo Norte, o sea, aquí.
Cosa muy distinta es que el aborto sea despenalizado, como ha ocurrido en España, para algunos supuestos. Quien se descuelgue por dogmático dirá que debería ser castigado como un homicidio, sin excepción; o, por el contrario, que debería ser considerado un derecho comparable a aquellos que salvaguardan la vida y promueven el desarrollo humano. Ambos extremos son inhumanos por olvido de las personas reales. Ni el uno ni el otro se preocupará por promover socialmente el derecho a la maternidad –sea cual sea el estatus de la persona-, a una sexualidad plena –entre personas que se aman sin manipularse como amos/esclavos- y a una salud reproductiva –es decir, al uso responsable de métodos anticonceptivos-, de modo que cada vez sean menos las mujeres compelidas a abortar. Son relativismos encubiertos, que no se ocupan de la realidad humana, o sólo la miran a través de su catalejo: un foco circunscrito que olvida su entorno.
Por cuanto la maternidad es una capacidad real y no una imposición patriarcal, la defensa práctica de la vida tiene necesariamente que pasar por fortalecer la libertad de las mujeres en trance de engendrar. Esa libertad es disminuida, de hecho, hasta desaparecer, por condicionamientos graves: agresiones, privaciones, minoría de edad. Las salidas por la tangente ideológica no ayudan a ninguna mujer concreta. Nos hace falta educación en el uso de la sexualidad y subsidios sociales a las madres, en vez de amenazas con el castigo eterno, si queremos incidir sobre la realidad. Si esperamos el fin del mundo, sobra esta reflexión.
Otro ejemplo.
La denigración de los/as homosexuales en boca de cualquier persona, pero todavía más en quienes pretenden tener una autoridad pública, es un hecho grave. Es muy distinto aconsejar a un semejante con la intención de colaborar en su felicidad y en su realización personal que privarle de su dignidad con un pretexto o con un prejuicio. “Yo no lo haría”, "a mí no me gusta", etc. no es una máxima universal, ni un principio ético: es un criterio estético. Quienes relativizan el hecho de ser persona, como quienes dogmatizan de acuerdo con sus particulares axiomas, coinciden en insultar sin consideración a cualquiera que sea distinto/a. La ideología de los dos extremos engloba la homosexualidad junto con el aborto en una doctrina sobre "el derecho a decidir sobre el propio cuerpo", unos para ridiculizarla, otros para reunir votos. Pero sólo sirve para desenfocar el rostro de el/la otro/a y para negarse a escuchar su voz en la relación interpersonal, su angustia y su más íntimo deseo, si tiene la oportunidad de realizar sus capacidades. No decido solamente "sobre el cuerpo", sino sobre mi existencia personal entera, presente y futura, en relación con otras personas. Desde luego, tampoco sin el cuerpo.
A diferencia del aborto, la homosexualidad, por sí misma, no supone un daño a la persona más que en la mente de quienes pretenden construir al prójimo como a un muñeco o una copia de sí mismo. El supuesto de que la ética cristiana consiste en categorizar un modelo de comportamiento sexual, en vez de orientar a las personas para que participen del amor de Dios-a a semejanza de Jesús, es suficientemente dudoso para que pueda ser discutido sobre la base del Evangelio.
Desde esta ventana abierta a quienes se dejan orientar por el amor -en la diversidad de realidades vitales-, aprovecho para felicitar a una amiga ya madura que acaba de casarse, y a su compañera. Son un testimonio de prudencia que sólo puede beneficiar a la generación más joven: el amor une a quienes se aman y los transforma en ágape.
El escenario electoral cada vez más polarizado no ayuda a discernir, pero resulta todavía más necesario para salir de los abrazos del oso y las trampas dialécticas. Sirva este post para manifestar mi solidaridad con los/as homosexuales que se sienten rechazados/as precisamente cuando quieren comprometerse con el bien común; y para declarar abiertamente mi desacuerdo con el proyecto de una ley de "plazos" fundada en un derecho que nunca será universal. No es la solución mejor, ni la peor. No es solución.
Jesús es el rostro del Amor. Íntimo y social, universal y trascendente. Lo dicen por igual el arzobispo Carranza y J. Antonio Pagola. Ambos perseguidos, en épocas distintas, por dogmáticos de su propio interés o por relativistas que adoran el poder y añoran el imperio: el príncipe sin ito.

(Aviso a malintencionados. Me gustan las mujeres, pero no le impongo el gusto a nadie. Sólo me va a hacer feliz llegar a unirme con la mujer que amo, quien tiene la libertad de compartir conmigo ese don irreductible e inalienable: la maternidad. Para eso sirve el matrimonio).

Rembrandt Sagrada Familia del gato 1654

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Emilia Sánchez Pérez 08.02.08 | 13:01

    Nos hace falta EDUCACION ...no solo en sexualidad ,Joaquin ,en tantas cosas....sinceramente creo que LA EDUCACION ,es base para comportamientos humanos ,de respeto convivencia ...decia mi madre "lo bobo y lo bruto ,no tiene cura" creemé que yo he sacado muchas conclusiones de ello y comprobado muchos comportamientos .
    De todas formas se puede tener una cabeza "enana" pero si el corazón és grande ,tienes ya mucho camino andado .
    Un abrazo

  • Comentario por Joaquín Martínez [Blogger] 07.02.08 | 00:02

    Ana

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