Cuando el ser humano se asoma a las ventanas para seguir la campaña electoral, lo primero que le salta a la vista es lo que permanece oculto.
La ética civil es la mínima expresión de los valores que hacen presente el reinado de Dios-a, a través de la libertad humana. La expresión máxima es la persona de Jesús. Dentro de ese arco se está desplegando la Historia humana como un espacio-tiempo para la libertad y para el aprendizaje. Hay motivos para la esperanza en que la justicia se hará realidad más allá de nuestras impotencias y nuestras prepotencias, por la fidelidad de Dios-a. Pero no hay pretexto ético ni teologíco para responder a la injusticia con injusticia, a la violencia con violencia, a la demagogia con otra demagogia peor.
Hay quien disfraza de relativismo a cualquiera que piense diferente y hay quien acusa de dogmatismo a los que ponen límites a su albedrío, sin darse cuenta de que ambos extremos producen el mismo efecto. La exclusión social y la polarización ideológica. Tales argumentos -aunque sean inconscientes- pretenden acabar con la Historia: no hay aprendizaje posible. Estamos perdidos sin remisión. No hay espacio-tiempo de la razón común ni oportunidad para el amor.
Basta con dos ejemplos.
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni