En una sociedad abierta, incluso las tomas de postura francamente irracionales pueden servir para enfocar un tema de discusión y provocar un aprendizaje a través del diálogo. En este caso, hablamos de las vulnerabilidades y necesidades de todas las familias, sin excepción.
El modelo de familia sagrada a que nos remiten los “evangelios de la infancia” de Jesús es un testimonio de que sus orígenes no se corresponden con ninguna ideología excluyente. Aún más relevante nos resulta hoy que la familia de Jesús sería considerada “impura” por sus contemporáneos… y, desgraciadamente, por quienes la utilizan como un prototipo edulcorado de lo que nunca fue.
La vulnerabilidad de María embarazada bajo las leyes del honor y la vergüenza en una cultura mediterránea tradicional, que otorgaban poder al varón para repudiar, castigar y matar a una mujer bajo sospecha, son superadas por José –según el relato de Mateo- gracias a una intervención divina. En nuestra época, ¿quiénes hacen las veces de “mensajeros celestiales” para que abramos la conciencia a la realidad del amor oculto y reprimido?
1. La solidaridad humana es una condición divina que favorece el amor interpersonal
Como deberíamos saber por los evangelios, no hay otra providencia que el signo manifiesto de la solidaridad humana. Dios-a no se revela por medio del azar ni por una necesidad fatal, sino en la carne de su hijo Jesús. Los anuncios divinos se refieren al Misterio de la presencia divina en la humanidad débil, vulnerable y susceptible de persecución por diferir de la norma establecida con violencia o a causa de una economía que produce la desigualdad por sistema.
Probablemente los mensajeros actuales serían quienes defienden y promueven el derecho de personas que se aman a asumir la responsabilidad de la comunión en una sola carne y formar una familia, aunque el entorno social pueda negarse a reconocer sus derechos en igualdad de condiciones.
No estoy pensando sólo en parejas gays y lesbianas que aspiran a permanecer en el tiempo y han hecho la opción –a través de distintas organizaciones sociales- por responsabilizarse de una familia. Por experiencia propia tengo la certeza de que existe una mayoría de parejas heterosexuales cuyas dificultades para abrirse camino, unirse y formar una familia son más graves porque no se ajustan al prototipo fabricado por las élites sociales. No tienen los medios económicos para asegurarse una vida sin sobresaltos, ni un servicio doméstico que los sustituya en las funciones de crianza, ni pueden costearse distintos servicios educativos que se encarguen del resto.
Además, en España, a diferencia de otros países católicos, como Irlanda, las mujeres solas con hijos a su cargo son tendenciosamente consideradas e hipócritamente discriminadas. El Estado del bienestar todavía no ha asumido que sus necesidades y su vulnerabilidad son más acuciantes, excepto en casos seleccionados de violencia doméstica. Por si fuera poco, los procesos judiciales en tales casos son tan lentos que el estrés provocado se multiplica hasta lo insoportable, en perjuicio de quienes asumen la responsabilidad de la vida en una familia.
2. Orientados hacia el matrimonio
El paradigma de mujer y hombre jóvenes que profundizan su unión después del matrimonio y/o descubren mutuamente la sexualidad junto con la decisión de procrear es válido para orientar las conductas de muchas personas y su aprendizaje en el amor. Es aún más relevante durante la adolescencia, puesto que los púberes aún inmaduros desconocen el sentido humano de la sexualidad para descubrir la alteridad y gozar de la comunión entre dos personas singulares. Más allá del mito romántico, la revelación del otro ser en la intimidad no puede ser manipulada sin provocar en el manipulador un efecto deshumanizante.
La unión conyugal y la maternidad están asociadas en esa realidad pre-institucional que llamamos matrimonio (matri-monium), precisamente porque su centro son los derechos de la madre a elegir al padre de sus hijos/as y la corresponsabilidad de ambos cónyuges en su educación. En una época que asiste al aumento de abortos entre jóvenes adolescentes a causa de su inmadurez y de una carencia educativa, su formación en un amor responsable debería ser independiente de cualquier ideología. Es decir, que la “educación para la ciudadanía” –ciertamente necesaria- tendría que incluir ese motivo fundamental.
Los obstáculos para que la pedagogía del amor sea reconocida entre los valores compartidos por la sociedad en su conjunto -una ética civil- son resultado de la beligerancia entre rivales o, dicho de otra manera, la falta de amor.
Por una parte, la decisión política de llamar matrimonio a la unión legal entre homosexuales no ayuda a que reconozcamos la igualdad entre familias que tienen una génesis y una función distinta, sino que ha generado una polémica innecesaria. Donde no hay una madre ni derecho a la maternidad, no se explica esa etiqueta, aunque la unión sea conyugal por el amor.
Por otra, la confusión lamentable que hemos producido los católicos entre un modelo pedagógico de la heterosexualidad orientada al matrimonio y una realidad jurídica que excluye a las demás familias del horizonte ha tenido como efecto la marginación durante siglos de cualquier otra realidad llamada "de hecho".
Eppur si muove…
3. Familias sin matrimonio
Las madres solas, ciertamente, pueden formar una familia sin recurrir al matrimonio, aunque sigan estando desprotegidas socialmente. Por ejemplo, una madre (o un padre, en pocos casos) que huye de la violencia doméstica tiene que soportar el fantasma de la potestad compartida incluso cuando el padre demuestra su incapacidad para colaborar en la educación de los hijos y se sirve del reconocimiento oficial para amenazarla o para recibir ayudas. Cuando se plantea la posibilidad de emprender un proyecto de vida compartido con otra pareja distinta a la del progenitor, ese condicionamiento puede llegar a ser una condena.
Tanto la unión de personas homosexuales como la adopción de niños da lugar a familias que necesitan una protección jurídica, en lugar de aquellas formas de discriminación institucionalizada que producen estamentos y castas subordinadas las unas a las otras en sociedades cerradas. Ninguna persona, no digamos un menor, se merece que las estructuras sociales envenenen sus relaciones interpersonales.
La orientación que los gays y las lesbianas puedan tener hacia la procreación es ciertamente distinta. No tengo la menor intención de dividir al colectivo homosexual, sino que me limito a reconocer la primacía del derecho a la maternidad para constituir un matrimonio. Pero es un asunto que necesitaría ser debatido abiertamente.
4. Otros matrimonios son posibles y reales
Más acá o más allá de la historia del noviazgo adolescente están otras muchas historias personales que se orientan con la fuerza del mismo eros hacia el matrimonio en todas sus dimensiones. La búsqueda de la persona-tú a quien acompañar y con quien compartir un proyecto de vida no pierde sentido con el paso de los años, sino que adquiere mayor profundidad, como las artes o cualquier forma de verdadera sabiduría. Los fracasos en ese propósito no tienen por qué ahogar el amor, sino que nutren una prudencia extremadamente necesaria en nuestro tiempo para evitar que la convivencia se convierta en un infierno sellado por la exigencia de indisolubilidad.
Así pues, hoy somos testigos de matrimonios que se realizan entre personas que han tenido experiencias anteriores y sólo tienen hijos cuando superan los treinta años. La diferencia entre quienes son divorciados, separados, viudos o nunca se han casado, como fruto de tales experiencias, llega a ser muy escasa en términos vitales.
Sin embargo, dentro de algunos ámbitos de la cultura católica esos matices pueden convertirse en cruciales, a causa de un poder político y jurídico que sanciona con la exclusión todos los comportamientos que difieren de un canon estricto. A causa de presupuestos desvitalizados, el magisterio podría ser incapaz de orientar en calidad de acompañante los procesos personales y convertirse en lo que nunca debió ser: un sujeto perseguidor, rigorista, fingidor. Lo hemos comprobado en el caso de personas, como profesores de religión, trabajadores y educadores sociales u otros que tienen una relación profesional con la Iglesia institucional, cada vez que se les somete a un juicio inmisericorde sobre sus relaciones de pareja, sin atender a sus opciones fundamentales ni a sus virtudes teologales. Nada más lejano a la aceptación incondicional que Jesús ejercita por primera vez hacia la debilidad humana y a su fortalecimiento de la capacidad de amar sobre todas las cosas.
5. Patologías del rigorismo
No es asunto menor. Las patologías provocadas por el rigorismo son –o deberían ser- conocidas por terapeutas, acompañantes y “consejeros”. Me ha tocado conocer algunos casos en la medida que he acompañado a muchas personas: desde la neurosis perfeccionista y los síndromes maniaco-depresivos que son consecuencia de la ausencia de autoestima frente a modelos irreales o enfermos de virtud; hasta las psicosis graves inducidas por traumas que dan lugar a su vez a comportamientos sadomasoquistas, o acaban en el suicidio y/o en el homicidio. El hecho de que las psicosis estén condicionadas genéticamente no disminuye el daño que una mentalidad esquizoide produce cuando se ejerce con poder para configurar conductas. El uso de los símbolos de lo sagrado para producir un doble vínculo entre padres/hijos (Bateson) o entre rivales (Girard) es suficientemente conocido: la confusión entre el amor y el odio, entre el gesto afectuoso y la violencia.
Conviene recordarlo porque estamos asistiendo a una polarización ideológica programada, con la intención de romper el diálogo racional en una sociedad abierta. Lo que determinados medios y culturas consideran sano o incluso canónico, por mero apego al pasado, puede hoy ser considerado sencillamente demencial. Llamar a determinadas psicosis (auto)destructivas “locura por Cristo” no servirá de nada al reinado de Dios-a a través de nuestra libertad. Jesús no era un suicida que se autoinomoló, sino el Hijo de Dios que fue secuestrado y torturado hasta la muerte por quienes pretendían impedir el desarrollo de sus prácticas y sus ideas entre la muchedumbre. Promover la violencia sagrada, aun contra sí mismo, es objeto de juicio en este mundo, en la historia venidera o en las “postrimerías”.
El ejemplo más acuciante lo tenemos en la extraña permisividad de algunas voces poderosas en la Iglesia hacia los varones que hacen sufrir a sus parejas formas de acoso y de violencia del tipo que sean, mientras que sancionan de modo inmisericorde la huida a Egipto de aquellas mujeres que no pueden ni deben soportarlo, sobre todo si tienen hijos a quienes sería terrible transmitir ese condicionamiento durante su desarrollo.
No voy a comentar el extremo de aquellos sujetos -religiosos o ateos- que se incapacitan desgraciadamente, a causa de prejuicios contra la sexualidad humana, para distinguir entre la responsabilidad adulta y la inexperiencia del menor en casos de pederastia, o entre la expresión libre y el imperio del agresor, en casos de violencia sexual.
En cualquiera y en todos los casos, el amor de Dios-a puede ofrecer una respuesta sanadora a la violencia, además de una salida liberadora a las víctimas. Pero se hace necesario subrayar que somos testigos de Jesús por vocación divina, no esclavos ni esbirros de ningún dominio opresor en ninguna dimensión de la vida.
6. Los valores familiares
Es curioso que se nos dibuje un escenario apocalíptico sobre el final de la familia en esta época que ha asistido a un cambio de profundas consecuencias en la estrategia de los movimientos sociales y de las izquierdas. Después de la caída del muro –e incluso antes en regiones como Latinoamérica, gracias a la pastoral de la liberación-, la inmensa mayoría de las organizaciones sociales que promueven la justicia y los derechos humanos se caracterizan por seguir una estrategia no-violenta y por su renuncia a las ideologías doctrinarias. En lugar de aquellas, el único fundamento reconocido universalmente para la práctica solidaria han pasado a ser los derechos humanos, además de la experiencia comnicada por las víctimas. Puede considerarse un signo de la presencia divina en la Historia, pero la misma Iglesia que participó en su gestación hoy se aparta de sus frutos y los desacredita, cuando reniega genéricamente de los movimientos sociales o de las ONGs como de una mala influencia.
Una de los procesos más positivos es el cambio del discurso ideológico contra la familia, al mismo tiempo que las familias reales iban mudando su estructura patriarcal por otros nuevos modelos donde la igualdad entre mujer y varón, la reciprocidad en el matrimonio y el intercambio de roles van parejos con la erradicación de cualquier violencia en el espacio doméstico.
Es en cierta medida lógico que la crisis de la familia patriarcal –aunque todavía dominante en muchas culturas- permita que miremos con buenos ojos la vida familiar, e incluso que personas antes condenadas al estigma, la provisionalidad y la promiscuidad puedan aspirar a vivir en familia. Me parece posible una lectura de este difícil parto en las claves de la Historia de salvación, a contracorriente de la polarización ideológica intentada por anticlericales de izquierda y católicos tradicionalistas de derecha.
7. La desintegración de la comunidad: efectos sobre las familias
Sin embargo, ese auge de los valores familiares: permanencia en el amor, singularidad de los amantes, cuidado de los hijos, ternura vivenciada y comunicada; es puesto en riesgo por la desintegración de las comunidades tradicionales en la mayoría de las culturas.
El empobrecimiento de los que ya eran hijos de pobres o quienes han sufrido las crisis económicas (recordemos una reciente: Argentina) es el factor más violento para la desintegración de las familias. Las alternativas proporcionadas por la solidaridad en una sociedad del bienestar no vigen en la inmensa parte del mundo descapitalizado ni alcanza a los hogares monoparentales. Mientras los derechos sociales no sean globales, ni el comercio sea justo, ni la comunicación de personas sea recíproca, tampoco podremos evitar que las migraciones despedacen las familias extensas y destruyan los núcleos familiares. Durante ese éxodo, la ausencia de comunidades de acogida agrava hasta el extremo la soledad de los migrantes.
La alternativa de las “comunidades de resistencia” no sirve más que a personas susceptibles de aceptar ideologías endurecidas que ya no se presentan como universales, sino que se demuestran particularistas y enemigas de la mayoría de la humanidad. Para entendernos, a esas comunidades sin sociedad las llamaría “qumranitas”: o bien se adormecen en rituales sin consecuencias para la vida, o bien preparan estrategias para acrecentar su poder por medio del proselitismo. No sólo el terrorismo, sino también los grupos neoconservadores que legitiman las guerras contra el Islam, la homofobia o la xenofobia se resisten a asumir las exigencias de la solidaridad global, mientras se organizan para aprovecharse de las herramientas (TICs, armamento) que proporciona la modernización tecnológica.
¿Está cayendo la comunidad de comunidades que es la Iglesia universal en la tentación de convertirse en una agrupación de distintas sectas que comparten una doctrina de la exclusión, aunque se enfrenten por tal motivo al eje fundamental del Evangelio de Jesús, al sentido de la Encarnación y a la Historia de salvación?
Mientras no respondamos de modo práctico, las comunidades parroquiales, las pequeñas comunidades, las CEBs, se van desintegrando como consecuencia de muchos y diversos factores, que no hay aquí espacio para analizar. La culpa de todo no la tiene la globalización, sino en igual medida la privatización de la práctica religiosa.
8. Dejará a su padre y a su madre
También por experiencia, pongo mucho énfasis en afirmar que las familias cristianas no pueden desarrollarse ni permanecer unidas sin una comunidad de comunidades en la que arraigar como peregrinas simbólicas o migrantes dolorosamente reales.
La vivencia de la comunión entre los mu diversos hijos de Dios, la práctica del agape y el sentido más constructivo de la fiesta del reino, la educación de los hijos y su socialización, la orientación personal en el amor... no tienen lugar en familias estrictamente nucleares.
La dependencia cada vez mayor respecto de los vínculos debilitados que generan medios de comunicación unilateral (concursos, reality-shows, etc.) disminuye la participación y la comunicación en las propias familias. Las comunidades virtuales tampoco sustituyen la experiencia sensible del encuentro.
Necesitamos abrir puertas al amor y cultivar la ternura en nuestras relaciones personales, tanto en la comunidad cristiana como en todas las esferas sociales. El fuego familiar se transmite a través de la exogamia y de la diversidad social.
Una de las claves, quizás la principal en el aprendizaje humano y cristiano, nos la ha recordado una amiga de la comunidad “Pueblo de Dios” durante el retiro de la semana pasada: “Por eso dejará el anthropos (mujer y varón) a su padre y a su madre y serán una sola carne”.
La cita de Génesis 2, 24 adquiere un sentido aún más profundo a la luz del Evangelio (Mc 10, 7-8). Dejar al padre y a la madre no implica abandonarlos a la soledad ni romper la reciprocidad del cuidado (cf. Mc 7, 10-12). Significa renunciar a los valores del honor y la vergüenza, al poder y a la subordinación clientelar en una comunidad “sin patrones”. Significa que la familia es el germen de la comunidad humana, pero la comunidad de iguales que Jesús llevó a la práctica en anticipo del reinado de Dios-a… ha sido el germen de las familias renovadas por el Espíritu. Hemos tardado dos mil años en llevarlo plenamente a la conciencia.
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Menudo saco de basura...
"La vulnerabilidad de María embarazada bajo las leyes del honor y la vergüenza en una cultura mediterránea tradicional, que otorgaban poder al varón para repudiar, castigar y matar a una mujer bajo sospecha"
Sí, como en la mediterrránea cultura india, en la mediterránea cultura china, en la meiterránea cultura mexica, en la meidterránea cultura japonesa, en la mediterránea cultura zulú, etc, etc.
Menudo saco de basura pretenciosa tiene aquí, progre
Copio en post para mi provecho... Nos has dadouna buena lección de humanidad y evangelio... Me parece bien que esté por ahí el llanero justicieron de J.Buffalo Bill (que representa su justicia, pero no el evangelio. Déjale estar. Lo tuyo es bueno.
Gracias, Emilia. También te deseo todo bien durante toda la vida que aún tenemos por delante.
A JBill le recuerdo que dedicar un poema a las ballenas no significa ser balleno. Deja de perseguir tus propios fantasmas.
Un beso a todos/as, que no es pecado.
Joaquin ,gracias siempre por tus "escritos " Que tengais un Año Nuevo lleno de sueños y que se hagan realidad ,si así conviene .
Todo esto lo has escrityo tu solito?... Todo esto para intentar argumentar que sion validos los matrimonios gay?..
Simplemente sal del armario y no intentes justificar lo injustificable... Ten el valor y se tu mismo. JBill
Gracias a Salvador por su llama-rada a superar las diferencias por medio del cuidado mutuo.
Ismael, lo que probablemente quiso Jesús es que sus seguidores compartieran todos sus bienes como una sola familia (Mc 10, 30). El problema surge de la institución jurídica de estamentos "dueños" y desposeídos en la misma Iglesia desde el s. IV.
Tampoco predica la disolución de los vínculos familiares, sino que el poder patriarcal sea sustituido por el amor (Mc 9, 35 - 10, 45).
Jesucristo no formó familia tradicional, su familia fue funcional, con sus apóstoles; Juan Zebedeo tampoco formó familia tradicional, los demás apóstoles me parece que sí. Hasta ese momento y como 2 ó 3 siglos D.C. los sacerdotes cristianos que se querían casar lo hacían. Pero luego se prohibió, supongo para evitar que el patrimonio del clero sea heredado por su familia, y acordando el celibato se controlaba que el patrimonio heredado pase a fortalecer las arcas de la iglesia. Es decir que se va patrimonialmente contra la familia. Además es sabido en todos los países que algunos curas tienen mujer e hijos, y claro, esa familia no puede heredar nada ya que le pertenece a la iglesia. Es que son tantas las contradicciones que proclama el papa y los obispos que cada vez tienen menos fieles. Jesucristo era pobre, y los mandos del clero viven en la opulencia, claro, gracias al celibato del clero y a las donaciones a la iglesia, o al capital de sus acciones bancarias. Hace poco con el fascism...
Jesucristo fue la negación de la familia tracicional llamada cristiana, ya que su familia funcional fueron sus apóstoles, y en especial su amado Juan Zebedeo. Es que la Iglesia Católica se mete a defender a capa y espada a la familia nuclear tradicional, cuando a su líder máximo nunca le interesó formar este tipo de familia, y optó por la familia alternativa. Es más importante lo que se hace que lo que se dice.
Gracias por tus comentarios llenos de información,toma de postura y profundidad.
Me pregunto como hacer mía su verdad.
¿Cómo reconocerme en esos otros opuestos, distintos y hasta contrarios?.
Son de mi Cuerpo, y si están enfermos debería ir a curarlos, ya que curándolos a ellos me curo a mi mismo.
¿Qué tipo de cura habría que hacer?
Nada de echarnos a la cara las diferencias. Posiblemente curar mutuamente nuestras heridas y hablar más que de nuestra religión, de DIOS.
He intentado responder a la pregunta con racionalidad y amor. Si no tenemos tiempo más que para leer las crónicas de la rivalidad política, ¿qué culpa tengo, hermano?
Resumen: la familia necesita más atención y menos manipulación.
Seguro que está muy interesante, pero no tengo tiempo para leer textos tan largos. Si puedes, resume un poco tus escritos, hermano.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya