Mi enhorabuena a los jesuitas por la valentía de su elección. Bendiciones para las decenas de miles que confían pasar su vida en compañía de Jesús. Yo, también.
No es el lugar ni el momento para resumir la historia de la Compañía. Pero sí de agradecer lo que he aprendido junto a algunos de ellos. El acompañamiento –antes dirección espiritual- a cada persona, creyente o llamada a serlo, es un arte que se adquiere en el diálogo del profeta, orante, contemplador activo, con Jesús, a través de Jesús con el Padre y a través del Padre y de Jesús con el Espíritu de Dios-a Amor.
Amamos como somos amados/as. Somos fieles en respuesta a la com-paciente fidelidad de Dios-a. Enseñamos a ser libres en la medida en que recibimos gratuitamente la libertad divina a escala humana. Buscamos la justicia en la sociedad y en el planeta globalizado porque no dejamos de comprometernos con el reinado de Dios-a en cada persona concreta: la capacidad puesta al servicio de la vulnerabilidad, la ventaja convertida en puente para el desarrollo de otras personas, la debilidad y la impotencia asumidas en esperanza para que Dios-a inter-actúe. No es resignación. Aprendemos de Jesús.
La relación entre las religiones y el Estado sólo era directa –y todavía lo es- en regímenes totalitarios que prescinden de las personas como tales para ejercer sobre ellas su derecho exclusivo a decidir. Es la doctrina pseudocatólica de Carl Schmitt, pero también la de sus contemporáneos en la Unión Soviética.
El poder total se autorrepresenta mandando, sin tomar en consideración la conciencia ni la situación vital de quienes deberían resignarse a ser súbditos e instrumentos.
En el marco político de monarquías absolutas, dictaduras o democracias orgánicas, al igual que en el marco económico de aquellas empresas que tratan a sus trabajadores como máquinas programables, el poder ejecutivo y el poder religioso pueden coincidir u oponerse, sin que la sociedad civil tenga nada más que hacer excepto asistir a la pugna entre rivales miméticos que aspiran a dominar el mundo. No es ninguna exageración. Es un peso plomizo como el manto del ciego de Jericó.
En una sociedad abierta, incluso las tomas de postura francamente irracionales pueden servir para enfocar un tema de discusión y provocar un aprendizaje a través del diálogo. En este caso, hablamos de las vulnerabilidades y necesidades de todas las familias, sin excepción.
El modelo de familia sagrada a que nos remiten los “evangelios de la infancia” de Jesús es un testimonio de que sus orígenes no se corresponden con ninguna ideología excluyente. Aún más relevante nos resulta hoy que la familia de Jesús sería considerada “impura” por sus contemporáneos… y, desgraciadamente, por quienes la utilizan como un prototipo edulcorado de lo que nunca fue.
La vulnerabilidad de María embarazada bajo las leyes del honor y la vergüenza en una cultura mediterránea tradicional, que otorgaban poder al varón para repudiar, castigar y matar a una mujer bajo sospecha, son superadas por José –según el relato de Mateo- gracias a una intervención divina. En nuestra época, ¿quiénes hacen las veces de “mensajeros celestiales” para que abramos la conciencia a la realidad del amor oculto y reprimido?
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni