Quién separa a quién: Jon Sobrino
14.03.07 @ 22:43:26. Archivado en Amor

1. Jesús es el Hijo de Dios-a y el reino que empodera a los humillados
Permitidme que me ratifique en la solidaridad con el modo en que Jon Sobrino ha incorporado la exégesis de los evangelios y del NT, así como la tradición dogmática expresada a través de los concilios ecuménicos, una vez que hemos conocido el texto de la Notificación emitido por la CDF.
Dar pábulo a la sospecha de que Sobrino repita una cristología deficiente sobre el "homo assumptus" supone negarse a admitir que las aportaciones de Rahner, Moltmann, y aun del mismo Sesboué hayan añadido nada a la tradición viva. No está en cuestión que el Hijo de Dios sea una sola y la misma persona que Jesús de Nazaret; dejando ahora de lado que tal lectura estrecha de los dogmas abriría una brecha con las iglesias nestorianas, hoy reunidas con la Iglesia Católica.
En cualquier caso, Sobrino nunca da pie a pensar en dos personas, una divina y otra humana, aunque no se exprese en el lenguaje ontológico de las dos naturalezas. Sencillamente, no podemos marginar aquellos enunciados del NT que nos hablan de la fe de Jesús como fundamento de nuestra fe, por medio de una pedagogía en cuya realización el mismo Jesús también es aprendiz. No tenemos por qué interpretar la clave del Concilio de Calcedonia en mayor connivencia con el monofisismo y el monotelismo, hasta el punto que algunas afirmaciones de la Notificación podrían ser malentendidas por su unilateralidad fantástica.
La recaída en una visión de Cristo "desde arriba", a partir del axioma, pone en riesgo el concepto mismo de la preexistencia del Hijo y desconoce que la existencia humana e histórica de Jesús es el único cáliz en que podemos descubrir y participar de la comunión entre las personas divinas. No conocemos el amor de Dios-a más que por el amor de Cristo al ABBÁ (Madre/Padre) en el mismo Espíritu que vuelve a gestarse a través de esa relación filial.
No hay una preexistencia abstracta sin Jesús: no hay un Hijo antes de Jesús, aunque exista eternamente fuera del tiempo. No podría ser distinto de él. Por tanto, la interpretación de Sobrino se incardina en la de otros teólogos -los más leídos y más envidiados a causa de su capacidad para abrir el Misterio de Dios-a Amor al diálogo humano actual sin alterar su esencia.
La conciencia filial de Jesús, como explica Pablo, nos permite llegar a participar de su huizoseía/condición de hijo, por la fe enamorada. Pero esa fe no es otra que la fe de Jesús (pistos Ieosou).
El intento de elevar a Jesús a una esfera de poder lejos de nuestro alcance contradice otros muchos enunciados de los evangelios: la vocación a que el discípulo llegue a ser como el maestro a través del seguimiento; que las personas consideradas inferiores por la Ley, cuando se encuentran con Jesús sean reconocidas en igualdad sustancial de fe. "Tu fe".
Respecto al modo en que se explica la redención a través del Crucificado -la salvación por la cruz es una alegoría nefasta- entramos en un terreno que no puede calificarse de dogmático: la universalidad de la acción redentora de Jesús no tiene que expresarse como entrega vicaria, sino como testimonio de fidelidad del Hijo a Dios Madre/Padre y a la humanidad (hoi polloi) rescatada del poder de la muerte. La justificación del pecador por la fe en Jesucristo no depende -no dependía en Pablo- de esa lectura simbólica que imagina al Padre exigiendo la sangre que limpie nuestros pecados. A nosotros nos parece anacrónica y deshumanizadora, además de ofensiva contra las entrañas de Dios-a.
El anatema contra cualquier otra lectura que no sea la estrictamente sacrificial es un síntoma de la reacción conservadora que domina las conciencias de los redactores de esa Notificatio; no la conciencia de Jesús. En los relatos de la Pasión, Jesús describe y realiza una mistagogía a través de las tinieblas que concluye en su resurrección: la Pascua de la Creación y, concretamente, la liberación germinal de los pobres, las mujeres y los pecadores expuestos a la maldición de la Ley.
No es necesario recordar que el despliegue de prácticas, valores y derechos humanos en dos mil años es la mejor prueba de que la escatologia se anticipa en forma de reino de Dios-a. Jesús realiza el reinado de Dios-a en persona, no porque sea el símbolo autorreferencial de todo poder, sino porque empodera a los humillados: "Levántate, egeire".

2. La fe de Jesús
Jon Sobrino es un teólogo en proceso.
No porque lo hayan encerrado tentativamente en los sótanos del Vaticano, sino porque sus tesis, artículos y ensayos han ido cambiando por voluntad de servicio a las iglesias y, preferencialmente, a los pobres. Por la carta que conocimos ayer, dirigida al P. Kolvenbach, sabemos que no estará preso ni en efigie ni en pensamiento.
Desde a) la perspectiva latinoamericana en los años 70 hasta "La fe en Jesucristo" (1999) Sobrino ha incorporado b) las grandes líneas de la cristología moderna y c) ha meditado sobre los dogmas definidos en los concilios ecuménicos.
Estos tres momentos podrían sintetizarse así:
a) La proexistencia de Jesús y/en su misión para el reino de Dios. Gutiérrez, Ellacuría, Boff, Sobrino, Segundo Galilea, Juan Luis Segundo y otros muchos teólogos latinoamericanos han interpretado los evangelios desde la esperanza en la realización de los contenidos del reino que Jesús predica y practica. Sería indigno confundir la sed de justicia que ha animado a las iglesias latinoamericanas con la ideología marxista. Por el contrario, el modelo de la praxis que propone Sobrino a quienes buscan métodos para la transformación social no es la violencia revolucionaria, sino la radicalidad de Jesús que está manifestando el reino de Dios hacia los pobres: nada más lejano de una apatía estratégica ante el sufrimiento de los crucificados hasta el "día final".
Marxistas y conservadores coincidieron en esa resignación ante las cruces, mientras Jesús sufre la Pasión para demoler la estética (política, religión, economía) del sacrificio.
b) La fe de Jesús: "la absoluta confianza y la radical disponibilidad con respecto a Dios, si se las toma unificadamente, pueden ser tomadas como lo equivalente a lo que en la Escritura se llama fe. Dios es alguien para Jesús con quien, en último término, el ser humano tiene que relacionarse en fe y, a su vez, la fe sólo se puede depositar en Dios... La realidad de esta fe de Jesús... y la práctica de su fe es el contenido de todo este libro... En el mismo NT se menciona la fe de Jesús [Marcos: 9, 23; 11, 22ss.; Pablo en Rm 3, 21 y otros lugares; Hebreos] y, además, por lo novedoso y aun chocante de la expresión, analizarla como fe es útil pedagógicamente para recalcar lo verdaderamente humano de Jesús y, a la inversa, para presentar lo que debe ser la verdadera fe de los humanos" Jesucristo liberador: lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, UCA, 1996 (1991), 265-266.
c) La fe en Jesucristo: El estudio de los dogmas conciliares lleva a Sobrino a poner mucho acento en la oportunidad del Concilio de Calcedonia y la confesión de fe en Jesucristo, homo verus, además de Dios verdadero. Jesús no es un objeto manipulable por una creencia ideológica, sino que constituye nuestra fe en el acontecimiento de la resurrección, que tiene por contenido a ese hombre verdadero, verdadero Dios. La trascendencia de Jesús en igualdad y comunión con Dios no es un enunciado abstracto que se aplica individualmente a las almas, sino la prueba de que los/as mártires -por decenas de miles en América Latina- participan de su resurrección por la fuerza de la fe para transformar la historia y revertirla.
En realidad, esos tres momentos están presentes desde el principio en la obra de Sobrino, de distinta manera a como aparecían en los grandes teólogos después de la segunda guerra mundial: los posbultmanianos, Rahner, Alfaro, Moltmann, Balthazar, Bernard Sesboüé.
Después de leer a carta, ayer, y la "Notificatio" de la CDF, tengo la impresión de que el resbalón ha sido grande.
O bien los gestores de este proceso contra el proceso de Sobrino quieren hurtar la lectura de los evangelios y el NT a nuestros contemporáneos, o bien están abriendo a su pesar un debate que va a remover las estructuras de relación piramidal en las comunidades cristianas por el efecto incandescente de la "comunicación de atributos/predicados [*idiomas]" (communicatio idiomatum) entre las formas de existencia humana y divina. A Jesús se le aplican los atributos de su persona divina, pero vive una existencia radicalmente humana, en igualdad intersubjetiva con quienes le salen al encuentro. "Tu fe te ha salvado". Jesús reconoce su condición de hijo (huiozesía) del ABBÁ, Madre/Padre; su poder para sanar y su autoridad para liberar, pero no se lo aplica a él sólo, sino a la comunidad: "si tuvieras/tuviérais fe...".
Desde luego que la fe de Calcedonia en Jesucristo es coherente con el modo en que el NT nos ha testimoniado la fe de Jesús, así como con la huella de la proexistencia de Jesús sobre los redactores de los evangelios. Si Jesús no fuera humano verdadero, la fe en Jesucristo sería un engaño. Si Jesús no hubiera vivido, muerto y resucitado para el reinado de Dios, no habría encendido la fe en una divinidad que consiste en el amor entre las personas divinas y humanas, tal como se expresa en la última Cena.
La fe de Jesús es nuestra salvación mientras vivimos inmersos en la historia, por mucho que se empeñen en confundir los términos. Si creemos de otro modo, no veremos nada glorioso en que los pobres, las mujeres, los discapacitados sean liberados y se empoderen. No nos enteraremos de nada más que de nuestra clausura mental: una higuera seca.
En una situación tan desgraciada como la que acaban de provocar miembros falibles de la Iglesia con demasiado poder, participamos de la fe esperanzada de Jesús con amor hacia los procesados y con misericordia hacia los jueces "que no saben lo que hacen". La Historia es sinuosa, pero la conciencia de Jesús es nuestro aprendizaje: perdona, pero no olvida.
Para eso tanto estudiar, diría mi madre.
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Considero que sería más comprensible, aunque quizás menos elitista, utilizar un lenguaje similar al existente en el Nuevo Testamento. Y si no se entiende, a la primera, una parábola "para tontos", como decimos por aquí abajo.
Jon Sobrino, al igual que cualquier otro teólogo de la iglesia cristiana, debe saber que no puede considerarse intérprete de Dios, por mucho que "estudie". Para intterpretar a Dios, ya tenemos a Jesucristo, y su mensaje. Él nunca está de vacaciones, se sabe el papel, y no necesita suplentes.
Un abrazo de auténtico hermano.
El Dios-a que nos se deja amedrantar por Jesús el Galileo...
El Dios-a asesinado por todo poder absoluto e inmisericorde que nos Revela acerca y allana Jesús Amigo-hermano-amante-esposo... sufridor que no calla y denuncía, ¡Profeta! de toda Injusticia como todos-as Muere a manos de quienes temen perder sus opulencias...
Y que nos Resucita ante estos globalizante y magnate de la religión
Carmen
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Joaquín Martínez
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