
Nanas de la cebolla (Miguel Hernández)
Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer,
en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
Un conocido antropólogo me torturaba hace unas noches con un análisis objetivo de la realidad en que se denuncia la deshumanización provocada por la miseria. Ante nuestros ojos católicos se han producido los traumas, siglos y siglos, sin que viéramos nada más que un eco de la cruz, a su vez, un instrumento de todos los imperios. Resulta que el infanticidio ha estado ocurriendo durante siglos y siglos sin que las más insignes voces de la teología notaran ni anotaran ni clamaran. Resulta que el hambre acallaba la sexualidad, pero no la vencía, como se manifiesta -les guste o no- a quienes estudian los versos enamorados de las mujeres místicas, anoréxicas, descoyuntadas por la vigilancia interior, en el larguísimo medievo que aún nos pesa.
Tenía que ser, mira por donde, el erasmismo condenao, la bendición de la mirada que bebe la realidad para indignarnos ante la miseria y para compadecernos del pobre clavado en el orden del clientelismo y de la dependencia. Para eso sirve la cultura, sea la cultura de las canciones de amigo, sea la cultura de los humanistas cristianos. Antes que Pérez Reverte nos brindara una serie de novelones sobre Alatriste que desmontan la augusta parafernalia del imperio, ya teníamos al Lazarillo. Nuestro amigo abandonado de sus amigos y hecho esclavo de mil amos.
La "cultura de la pobreza" no es la cultura de los pobres, sino una interacción entre castas cerradas desde arriba por una ideología de la miseria, miserable, perpetuadora... no eterna. La casta hundida adopta los valores de la casta flotante: el hambre que mata el amor es la misma avaricia que provoca el hambre. No voy a poner ejemplos. Me basta la historia anónima del niño marcado desde su origen, apegado aún a lo que pudo ser en relación con la madre y con un esclavo negro que le adoptó, allá, en Sevilla...
Hoy necesito presentaros el amor que vence al hambre.
No sólo las entrañas de la mujer que padece violencia doméstica mientras cría a sus hijos no deseados, pero amados.
No sólo la abuela que se hace cargo de l@s hij@s del SIDA en una comunidad africana.
No sólo la Madre Teresa de Calcuta y todas las Madres de todas las Calcutas, por ejemplo, las monjas norteamericanas de la Presentación que conocí a los pies -lavándolos- de la Montaña mixteca, las Hijas de la Caridad, las hermanitas de los pobres, de Foucauld o del cura Hidalgo.
El amor que vence al hambre es el de Tachuca y su mujer presa y su hija nacida en prisión. Los tres han culminado un proceso rehabilitante que me inspira unas avalanchas de pasión tan intensas... tanto que no se las puedo transmitir para no desequilibrarles.
El amor del hambre son los amantes con sus cuerpos fruncidos por dar de comer a sus hijas, en las antípodas del infanticidio fatal. Los amantes con los dientes cariados que se besan, los amantes con las manos agrietadas que se acarician, los amantes con los ojos escocidos que se miran, los amantes con el estòmago vacío que se llenan el vientre con un caldito antes de hacer el amor, a ver si sale. Los amantes que se dilatan las pupilas, los pulmones, las bocas, los ganglios, los poros con un baño en cualquier medio acuático antes de entregarse a la tarea que ni siquiera el hambre puede apartar de su espíritu encarnado.
La tarea hermoseante y sedosa del deseo.
Por eso, mañana, día de la cena del hambre, para que no nos ríamos de nuestra afición al ritual, incluso al ritual del hambre -salva sea la intención buena-, os propongo que bailemos una cumbia, un merengue, un ritmo de Mali, mientras notamos que el amor convierte al hambre en pasto para los cuerpos que desean plenitud. Para eso estamos: no para que los pobres se avergüencen de su incapacidad, sino para celebrar las capacidades, opciones, libertad, vida autónoma y solidaria que conquistan con sus ganas.
Cuánta fe hemos echado a la mar desganada del nihilismo, cuánto amor hemos recibido de la cultura popular, hambrienta.
Ahí vamos, con otra canción.
Nanas de la cebolla (Miguel Hernández)
Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer,
en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.
Gracias a la vida (Violeta Parra-Mercedes Sosa)
Te recuerdo, Amanda (Víctor Jara)
God Bless the Child (Billy Holliday-Count Basie)
Musico (Marisa Monte, Bebo Valdés y Carlinhos Brown)
Beautiful (Christina Aguilera)
Madan (Salif Keita)
Petit pays (Cesaria Evora)
Que no se moleste nadie porque tiemblen las voces de l@s amantes hambrient@s.
Es un alegato contra la violencia, sea el bando que sea, en nombre de cualquier bandera, que sorbe la poca sangre de los pobres y no les deja amar.
Los comentarios para este post están cerrados.
Hola Carmen ,off,joaquín :hoy raspan en mí alma las notas de todas las músicas ,cuesta ,cuesta aclarar que melodia elegir para que sea un grán dia .Un abrazo
Joaquín, recupero el aliento después de leerte. Miguel Hernández, Violeta Parra, Victor Jara y tantos otros poetas de la vida, como tú mismo. Gracias por el don de la palabra que nos permite comunicarnos y por el don de la música que nos aproxima.
Gracias a la Vida que me ha dado tanto
y a veces la poca cuenta que me doy ,"lo injusta que es con muchas personas ,siento vergüenza cuando se me ocurre pedir algo .
Joaquín veo que vás de música ,hace mucha falta en nuestras vidas .
Un abrazo
Jueves, 16 de febrero
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia