
08.02.08 @ 17:34:15. Archivado en Poesía
Ahora que la Memoria Histórica es de Ley (aunque la ley no siempre se ajuste a Derecho, ni ambas cosas, a la Justicia), me he decidido a escribir algunos versos para expresar respeto y agradecimiento hacia del dolor de toda una generación de mujeres: esposas, madres, novias y hermanas de los presos políticos del franquismo.
Estos renglones valen tanto para las mujeres de aquel tiempo como para las de cualquier época, y no pretendo ignorar que también existen presas, cierto es, pero estos versos de hoy, se dirigen precisamente a las olvidadas, a su dignidad, a su discreto heroísmo cotidiano y a su infinita ternura.
Camarada Trenado
De tus lágrimas, el olvido;
de la razón, la firmeza.
De aquellos años, la esperanza;
y en nuestros días... dignidad.
Aquellos postes enlazados...
y el traqueteo en soledad;
frugal resuello de Castilla,
andén desnudo, de Libertad.
Cada día con sus horas,
y todas ellas en singular,
con tu constante acto de lucha,
abrías el cerco a la bondad.
Rompías la noche oscura
con el rocío de tus mejillas,
y cada viaje hacia la nada,
era un camino a la ternura.
Tu seguro amor discreto,
como el de un sol que nadie ve;
no puede ser recuerdo extraño,
ni cosa de una sola mujer.
Oídme bien, rehenes de España:
¡Salid a ver a vuestra madre!
¡Volved los ojos a la mujer!
que algunos miran, sin saber.
Gracias, Máxima, y Rosa, y Ángela,
y gracias también, Federica y Libertad;
gracias Empar, Teresa y Ludivina.
Gracias mamá. Gracias, mujer.
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25.01.06 @ 13:14:52. Archivado en Poesía
Solo un montón de cajas
rompe la oscuridad de la madrugada.
Noche cerrada, como las razones del odio,
noche cerrada… de madrugada.
Hay quien dice que somos ladrones,
otros, que amamos las armas,
algunos incluso dicen que perdimos,
nos niegan… soñamos —dicen—.
Soñamos… y aún así, quizá mejor,
mejor un pueblo que lamenta su pasado,
mejor un pueblo que se levanta con el rocío
a buscar sus raíces entre el fango.
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25.01.06 @ 13:00:00. Archivado en Poesía
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18.11.05 @ 13:39:29. Archivado en Poesía
A veces, cuando no estás,
observo esa ventana
de añil —ya blanco—,
en la que guardas el mar.
Y hago como que olvido,
como que no existes…
que no sé quien eres,
ni conozco tus manos.
Y en verdad no sé quien eres,
no sé, ni si no eres,
ni donde estás… si estás.
Porque no sé nada de ti.
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18.11.05 @ 13:38:20. Archivado en Poesía
Sus derechos: son mentira y sus razones… ¡demagogia!
su memoria, una molestia y sus lágrimas, un par de gotas.
Su opinión es mi sonrisa; y la guerra, solo un juego.
Su existencia es mi riqueza y sus sueños… sueños son.
Su muerte es el olvido y sus deseos, veleidades,
su miseria son mis yates y sus pateras, una noticia.
Sus familias, no lo son, ni sus países tampoco;
mi presión es su cárcel, y mi poder, una muralla.
Lo que escriben sin leer y lo que piensan sin decir,
lo que escuchan cuando sueñan y lo que gritan sin palabras,
lo que sienten… no me importa, lo que braman son mis ventas.
Figuritas de un tablero… inferiores, diferentes, de otra clase.
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15.11.05 @ 10:51:27. Archivado en Poesía
Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
—y mucho menos soñar—,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.
Ni siquiera era de noche
—dormitaba por hastío—,
cansado de sólo imaginarte,
harto de tu vacío,
recordando este futuro.
Llegué incluso a creer,
que así como yo a ti te soñaba,
me soñabas tú también…
que nuestros sueños tenían lugar,
aunque sólo fuera entre tú y yo.
Habré soñado tantas veces
tu mirada, tu ternura y tus abrazos,
tus palabras, tu cariño y tus cabellos,
que si algún día llegaran a faltarme,
no volvería a despertar.
Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
—y mucho menos soñar—,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.
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03.10.05 @ 13:36:15. Archivado en Poesía
Escucho a oscuras los silencios que has dejado,
tan fríos y azulados que se antojan irreales.
Silencios que de noche parecen desiguales,
silencios alejados, como ecos del pasado.
Escucho a solas los compases que hoy no tocas,
parecen tristes olas, que añoran sus luceros.
Noche-nueva oscura, de semblantes insinceros,
quebrantas mi cordura y los sueños desenfocas.
Escucho en la noche tus matices inaudibles,
redobles que son broche de mágicas canciones;
sonidos de antaño, hoy regresan impasibles.
Escucho en mis recuerdos rogarte mil perdones,
y respondes sin palabras, palabras terribles,
palabras que no saben que tú eres todas mis razones.
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03.10.05 @ 13:34:57. Archivado en Poesía
¡Qué bueno que existas!
que hagas las cosas sencillas,
que te pueda contar el día
y besarte sin parar.
¡Qué bueno que existas!
que bueno saber que me quieres;
que estás ahí, que no te irás
y abrazarte al regresar.
¡Qué bueno que existas!
que aparezcas en mis sueños;
que aparezca yo en los tuyos
y éstos sigan al despertar.
¡Qué bueno que existas!
que tu ilusión sea la mía;
que mi vida sea nuestra
y ya no esperar más.
¡Qué bueno que existas!
que me hables con la mirada;
que te responda sin palabras
y no se vaya a terminar.
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03.10.05 @ 13:33:46. Archivado en Poesía
En los océanos de la mentira,
donde apenas alcanza la mirada,
se encuentra una nave extraviada,
repleta de almas a la deriva.
El pequeño Hadmed ya no respira,
y su madre llora desconsolada.
Ojos tibios y expresión helada…
apenas una lágrima escondida.
Tragedias griegas en el desayuno,
noticias que no hablan de nosotros:
huevos fritos con bacon y un zumo.
Laderas verdes, caballos y potros…
Por nacer en el lugar oportuno,
casi olvido que soy como los otros.
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03.10.05 @ 13:31:13. Archivado en Poesía
Maestro en el arte de la espera,
adueñado y sometido por mi odio;
cada paso es un nuevo episodio,
que me aproxima a la acción certera.
Permanezco tranquilo a tu vera,
se diría, soy tu ángel custodio;
mas pensar lo cercano del podio,
exalta mi sangre sobremanera.
Me revuelco entre mi propia ira,
y llego a llorar de satisfacción,
viéndome arrancarte la vida.
Destello de rabia en mi corazón:
lento estoque y obscena herida,
derrama tu suerte con mi punzón.
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03.10.05 @ 13:30:27. Archivado en Poesía
Te miro y no te veo,
y me oyes, pero no.
Me quieres y te quiero,
pero verte… eso no.
Nos vemos sin mirarnos,
perdidos a lo lejos.
Gritamos sin saber,
si hablamos a la vez.
Me miras y no me ves,
y te oigo, pero no.
Te quiero y me quieres,
pero verme… eso no.
Quiéreme, alma mía,
que sin ti muero cada día;
tu mirada son mis ojos,
y tus palabras… la vida.
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03.10.05 @ 13:29:42. Archivado en Poesía
Así como las
rosas derraman con sus
gotas el
embrujo de
nuestro despertar; así
te siento yacer hoy,
inerte sobre la
nieve que los
Andes besarán.
Delirio creativo,
edén azul y austral.
Montes esmeraldas,
inabarcables a la razón.
Cien mil veces me
oirán, tu nombre
recitar:
“Argentina, Argentina…”.
Zaguán del paraíso,
ondea tu Sol al viento;
¡nunca vuelvas a llorar!
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