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Tres décadas de franquismo parlamentario

Permalink 19.09.07 @ 20:33:15. Archivado en Artículos

Acto de apertura del curso 2007-2008, de las Tertulias Republicanas que desde hace más de veinte años vienen celebrándose en el Ateneo de Madrid, la conferencia trató del significado de las banderas, pero que superó el marco previsto, para girar hacia una denuncia de la arbitrariedad y el déficit democrático que acusan las instituciones continuadoras del franquismo.

VIDEO (primera parte): es.youtube.com/watch?v=lky3reNii5g
VIDEO (segunda parte): es.youtube.com/watch?v=-2eQatZjP_g

Vaya por delante que no pretendo convertir esta charla en un tratado sobre vexilología o heráldica, entre otras cosas, porque no tengo suficientes conocimientos en ninguno de esos campos. Tampoco quisiera ceñirme a una mera exposición de fechas y hechos, a propósito de cuando entró en vigor una u otra bandera, ni cuales fueron las razones que condujeron a la adopción de cada una de ellas.

No pretendo tal cosa, por motivos de espacio, pero también para evitar caer en debates estériles, porque entiendo que no solo estamos aquí para conocer y rendir homenaje al pasado, sino más bien despertar conciencia y hacer pedagogía democrática que sirva para acercarnos a un futuro más justo y democrático.

De todos modos, para disponer de algún contexto de referencia, sí voy a exponer con brevedad algunos datos más o menos consensuados, aunque sujetos a la necesaria imprecisión quien no desea entrar en matices:

Contexto histórico

Fue el dictador que se hacía llamar "Carlos III", quien, el 28 de mayo de 1785, adoptó la bandera roja y gualda, exclusivamente para su uso naval, poco después de que tuvieran lugar diversos episodios en los que se vieron implicados un buen número de navíos, que fueron objeto de inasistencia en alta mar, e incluso de ataques causados por "fuego amigo" debido a la dificultad para identificar la flota a la que pertenecían.

La diversidad de pabellones enarbolados, su similitud, complejidad y composición cromática, con frecuencia resultaba inadecuada para su uso en condiciones de visibilidad reducida, tales como la mirada a contraluz, durante el orto y el ocaso, entre la niebla, el humo y en caso de mal estado de conservación de la bandera.

Mucho se ha hablado acerca de si el criterio para la adopción de uno u otro diseño fue estrictamente científico, de si se intentó seguir razonamientos heráldicos o si se trató de una simple designación arbitraria. Este debate no es casual, sino que responde al interés de unos y otros por arrimar el ascua a su sardina, interpretando los hechos objetivos a su conveniencia. Así encontramos libelos como los escritos por Cesáreo Fernández Duro, quien, al más puro estilo de Pío Moa o César Vidal, actuando bajo pago y directriz de Cánovas del Castillo, afirmaría en 1871 que los colores del soporte, es decir, los colores de la bandera, "carecen de importancia", dado que "éstos deben tomarse de los que predominen en los escudos de armas". Argucia retórica con la que vendría a justificar que los colores de la bandera deberían ser únicamente el rojo y el amarillo, en alusión a los escudos de armas de León, Castilla, Aragón y Catalunya. No obstante, como apunta Pedro Rico, la falsedad de tal afirmación resulta flagrante, puesto que ni el rojo ni el amarillo se han utilizado jamás de un modo único, ni en el escudo de León, ni en el de Castilla.

Según la ley, con carácter de enseña oficial y para todo el territorio, la bandera roja y gualda data de 1843. Antes fue utilizada por la Marina de Guerra, pero no para identificar al conjunto del Estado… 1843, justo dos décadas después de que el morado fuera empleado como bandera de la Libertad durante el trienio constitucional de 1820 a 1823. Son solo números, y están sujetos a debate, cierto, pero esto vendría a desbaratar la tesis de quienes afirman que "la bandera roja y gualda es más antigua, y por tanto, es la que debe permanecer".

Si nos atenemos a las disposiciones legales, debemos concluir que la bandera roja y gualda estuvo vigente como bandera oficial, desde el 15 de octubre de 1843 hasta, de facto, el 14 de abril de 1931, momento en el que la roja, amarilla y morada fue masivamente adoptada por el Pueblo, en un acto espontáneo de celebración del fin de la tiranía. De iure, la bandera tricolor no sería oficial hasta el 9 de diciembre de 1931, con la aprobación de la nueva constitución en las Cortes.

Ni que decir tiene que los sectores más inmovilistas, lo que hoy conocemos como "la caverna", trataron de ignorar la voluntad del Pueblo durante el proceso constituyente, pero basta echar un vistazo a los diarios de sesiones, a la prensa y a las memorias de algunos de los parlamentarios de la época, para constatar que la redacción del último de los apartados del artículo primero no suscitó apenas debate: "La bandera de la República española es roja, amarilla y morada".

Otra cuestión es aventurarse a determinar el final de la oficialidad de la bandera republicana, o más exactamente, dilucidar si la bandera tricolor sigue vigente, o no. Teniendo en cuenta lo que en Derecho se conoce como "nulidad por vicio de origen", en pureza, en teoría, un ciudadano libre no debería reconocer la validez de documentos presentados como si fueran "leyes", cuando éstos provengan de un régimen impuesto de manera ilegítima, por ejemplo: mediante un brutal golpe de Estado, seguido de una mal llamada Guerra Civil, que no fue tal, sino más bien un atentado terrorista masivo de una parte del ejército, contra la Constitución, contra el Derecho, contra la clase obrera, contra el conjunto de la población civil y sus instituciones democráticas.

Consecuencias del éxito militar golpista

Desde hace algo más de siete décadas, nuestro país de países se ve abocado a convivir con los efectos de una terrible realidad: ni lo legítimo es legal, ni lo legal es legítimo. Todavía es una incorrección política afirmar este sencillo razonamiento, pero, tened la seguridad de que si una masa crítica de los súbditos, despierta a través de la razón, y toma consciencia de su ciudadanía; cuando se restablezca la normalidad democrática; dad por hecho que saldrán por doquier los intelectuales de a ocho –los "republicanos de toda la vida" –, prestos a trocar su discurso para adaptarlo a las ideas de moda. Lo mismo que pasó cuando en los 80, todos los que querían chupar del nuevo bote decían ser antifranquistas de toda la vida y haber corrido ante los grises. Tened por seguro que cuando llegue la República, veremos a EL PAÍS, EL MUNDO, EL CORREO y LA VANGUARDIA escribir sobre "la recuperación de la razón crítica"; y escucharemos a los representantes de la intelectualidad oficial, glosar acerca del "carácter arbitrario del entramado seudo-legal de la monarquía". Los mismos que hoy mienten con su silencio cómplice.

Déficit democrático

Pero volvamos al presente: nos encontramos en 2007 y casi todo está por hacer: se prohíben partidos políticos; se cierran medios de comunicación; se constriñe la libertad de expresión; se interpreta el Derecho Penal con carácter secreto, retroactivo y preventivo; se legisla a golpe de actualidad; se embrutece la razón, pagando a catequistas con cargo al Erario Público; se mantiene una insultante asimetría en la cuestión de nuestra Memoria Histórica; pervive un sistema electoral que supone una situación de fraude continuo, puesto que además de no ser proporcional, establece diferencias inexplicables entre circunscripción y ámbito jurisdiccional; se abusa sistemáticamente de la prisión preventiva; se toleran préstamos al 30% de tasa de usura; se encarcela por razones de conciencia u opinión; se permite que sea el Ejecutivo quien nombre a la Fiscalía; se abusa de la capacidad para la emisión de Decretos Leyes; se han infiltrado, pervertido, verticalizado y amarilleado las llamadas centrales sindicales; se han creado dependencias ignominiosas entre el Estado y las organizaciones no gubernamentales; se consiente el terrorismo cotidiano que supone la falta de inversión en seguridad e higiene en el trabajo; se ha permitido un proceso de concentración mediática que supone una gravísima amenaza para la libertad de prensa –pilar fundamental de la democracia–; se está privatizando la mayor parte de los servicios e infraestructuras públicas, con grave menoscabo de los intereses de la comunidad; se margina la educación pública frente al auge de la privada y esotérica; se está privatizando la sanidad pública; se ha convertido el derecho a la vivienda en un tipo de producto financiero; se permite la existencia de amplias sub-clases obreras; se consiente un nivel de impunidad jurídico-policial que causa sonrojo en instancias internacionales, donde se nos agrupa con Turquía y Arabia Saudí; se cede el territorio nacional para facilitar las guerras de invasión de la potencia imperial norteamericana; se mantuvo largamente el extrañamiento institucional de los más valerosos miembros de las fuerzas armadas: los militantes de la UMD, cuya reparación –todavía insuficiente– debería convertirse en un ejemplo de honestidad y coherencia cívica; se tardó más de siete años en rechazar el escudo de la ignominia franquista, prueba palpable de la continuidad golpista; se sigue manteniendo el estatus de familia especial para la prole del militar que ostenta la jefatura del Estado sin haber concurrido a elecciones.

Instrumentalización medieval de la "Justicia"

Sin ir más lejos, esta mañana la Audiencia Nacional (que es como ahora se hace llamar el Tribunal de Orden Público), ha celebrado una vista oral contra dos dibujantes del rotativo vasco DEIA, acusados de injurias al cómplice, becario y sucesor de Franco –un tal Juan Carlos Capeto, oriundo de Italia y militar de profesión–.

Estamos en 2007, la inteligencia murió hace siete décadas y cada día que pasa, la antes temida ruptura democrática, se hace más ineludible. Mirar hacia otro lado, no cambiará la realidad. La situación descrita anteriormente se puede resumir como de total ausencia de democracia.

Manipulación informativa para negar lo evidente:
que el Reino de España no es una democracia

Ausencia de democracia, con el agravante –repecto a la primera etapa del franquismo–, de que Franco no trató de parecer una cosa distinta de lo que era: un perfecto hijo de puta; un genocida, traidor, fascista y tirano. El franquismo se mostraba tal como era, todo lo más, un burdo intento de hacerse pasar por una "democracia orgánica". El neofranquismo, en cambio, consciente de que nos encontramos en la Edad de la Mentira, hace uso de todos los medios puestos a su alcance –que son todos–, para intentar parecer lo que no es: una democracia, un Estado constitucional y de derecho. Decir hoy que el Reino de España es un país libre, es tanto como afirmar que fuimos los rojos quienes quemamos Gernika; o que el PSOE y ETA tuvieron algo que ver en la terrible respuesta a la política de agresión impulsada por Bush, Blair y Aznar.

No hay democracia, y no es un hecho casual, es consecuencia de la continuidad institucional ininterrumpida de la situación creada tras el éxito militar del macro-atentado terrorista cometido en 1936 por el Capital y sus brujos, contra la ciudadanía.

A quienes nos acusen de odiar España, cabe decirles que un país no es una palabra, un país no son dos colores –ni siquiera tres–, un país no es una estructura de poder, ni un equilibrio de intereses inconfesables. El alma de un país está en su ciudadanía, para conocer la dignidad de un país hay que saber cual es el nivel de vida del más humilde de sus ciudadanos. Tened por seguro que España no es el escudo de una familia en lo alto del Palacio Nacional.

¿Queréis saber lo que es una injuria a España? Injurioso es que el Jefe de Estado decida cambiar de yate, mientras mi madre debe esperar durante cuatro meses para acceder a una cita con un especialista en oncología. Cuatro meses. No lo llamen demagogia, llámenlo metástasis de Franco.

El valor de los símbolos

El país no es un trapo, cierto, pero una bandera es más que eso: una bandera es un símbolo. Una combinación de colores representa un significado concreto. Y a distintas combinaciones, distintos significados. Por eso, decir que todas las banderas son una mierda, es tanto como decir que ninguna palabra importa. Digo eso, para señalar que al menos desde 1820, en estas tierras se ha venido asociando el uso del color morado, a la representación de la Libertad, el pensamiento ilustrado y el carácter diferencial de la realidad castellana; sobretodo, por oposición a los colores rojo y gualda, símbolos de la imposición forzosa, la tiranía militar y la ausencia de democracia.

Basta de conmemoraciones, pasemos a la acción:
desde la no-violencia, ha llegado el momento de
cambiar de base, para dar todo el poder al Pueblo

Ante la actual situación de franquismo sin Franco, bien podría decirse, desde el punto de vista de la legalidad republicana, que la guerra no ha terminado, la guerra no habrá terminado mientras quede un solo ciudadano consciente de serlo. Concluyó la etapa bélica, es cierto, Franco y los suyos fueron más eficaces en el arte de la muerte; pero el adiós a las armas no supone una renuncia a la razón: es hora de la batalla de las ideas, de las palabras y los votos.

Laicismo: cuestión de derechos, cuestión de principios

Un Estado moderno, civilizado, democrático, constitucional y de derecho, no puede estar sometido ni conservar vínculos irracionales con ningún credo. El laicismo es nuestra garantía de seriedad y un aval contra el imperio de lo arbitrario. Digo esto, esta vez, para traer a colación aquello de que "el rey ostenta la corona por designio divino". De ser cierto, viviríamos en una teocracia, como Irán, Arabia Saudí, Israel o Estados Unidos. Digo esto, para realizar la siguiente afirmación: la monarquía es un credo, y el Estado debe ser laico, entre otras cosas, para preservar los derechos de aquellos que como yo, nos declaramos ateos, es decir, fieles al Método Científico.

Convirtámonos en protagonistas de nuestro futuro

Por esta y otras mil razones, por todo lo que somos, por la imposibilidad de permanecer indiferentes ante semejante nivel de injusticia, en defensa de todos, pero especialmente de quienes sufren cualquier forma de opresión… aquí y ahora, enarbolar una bandera tricolor republicana es sinónimo de afirmar: henos aquí, somos El Pueblo y estamos resueltos a gestionar nuestros asuntos, para trabajar por nuestras soluciones y convertirnos en protagonistas activos de nuestro propio futuro, de nuevo, y para siempre.

¡Viva la República!


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