Desde México: el blog de Ricardo Próspero

Gracias Maestro Pedro Uriel

25.02.15 | 04:14. Archivado en Ricardo Próspero

Apenas hace unos momentos me dí cuenta del suceso. Falleció Pedro Uriel Rodríguez luego de un difícil mes en un hospital tras haber sufrido un accidente automovilístico. Mi esposa me lo compartió pues apareció en alguna página de la web. Me enteré y rompí en llanto.
Me sorprendí mucho de mi reacción. Pedro no fue ni mi familiar, ni mi amigo, ni tampoco lo frecuentaba. Simplemente fue un profesor en primer año de la secundaria que nos enseñó física en aquellos años memorables del Colegio Cristóbal Colón. Recuerdo la última vez que lo ví, fue en un diplomado que yo tomaba en la Unión Nacional de Padres de Familia.
Sin embargo, haciendo una introspección, rápidamente tomé conciencia de aquel dolor que sufría.
En la mayoría de las personas que van a la escuela, siempre hay una maestra o maestro que dejan una impronta en el alumno. De esos extraordinarios que uno aprende más allá de aquello a lo que se dedican o enseñan. Yo en mi vida tuve 3 así. El primero de ellos fue Pedro Uriel.
Pedro Uriel poseía un don. El carisma extraordinario de ser maestro. Enseñaba con alegría, ocurrente, espontáneo, pero siempre justo y firme. Poseía una capacidad extraordinaria para dibujar en el pizarrón caricaturas que ayudaban a explicar de mejor manera los fenómenos de la física. Tenía un personaje del cual se valía para realizar sus ejemplificaciones: Bisbirulín. Este personaje era al que le pasaba todo tipo de peripecias y que en ellas, en una sola escena mostraba el fenómeno físico que trataba de explicarnos el maestro. Era un personaje popular, a todos saludaba, a todos les hacía buena cara. Siempre respetuoso de la persona cualquiera que fuera. Aún recuerdo aquel experimento del lápiz bala, en el que el casco metálico del lápiz se convertía en un poderoso proyectil con tan solo dos cabezas de un cerillo. Recuerdo como quedé con la boca abierta y estupefacto. O cómo olvidar el experimento de la bazuca, con latas de jugo y una pelota de tenis. Salíamos al patio y veíamos como salía la pelota altísimo o nos sometíamos al flamazo de la bazuca ahogada que no había resultado bien nuestro experimento. Tampoco olvido aquellos honores a la bandera en donde subía, con cara seria, a la periquera del director e interpretaba con celo y patriotismo el Himno nacional, con su voz grave que le caracterizaba. Tampoco olvido su navaja suiza que cargaba y que le funcionaba para hacer todo tipo de cosas en clase para mostrar de mejor medida lo que nos ejemplificaba, así como sus constantes alusiones a Macgyver y que viéramos que era una serie que toma en cuenta la ciencia y que no era tanta ficción como parecía.
Pedro Uriel dejó de ser nuestro maestro y yo seguí mi camino en la vida. Pero no dejaré de mencionar que a partir de entonces me convertí en fanático de la serie Macgyver hasta que terminó y después comprara sus cd, tampoco dejaré de mencionar que desde entonces ahorré para comprar una navaja suiza, que en aquella época para mí era muy costosa, cuando la tuve, siempre la cargué conmigo por años. A la fecha tengo una en la oficina, otra en casa y otra en el coche y he regalado muchas en momentos especiales como signo de amistad. Tampoco olvido el ejemplo patrio que dejó, pues aquello que tiene que ver con la bandera y el patriotismo lo comencé a entender cuando me hice adulto. Tampoco dejaré de mencionar que despertó en mí el interés por la ciencia, especialmente por la física y la astronomía, que hasta el día de hoy forma parte de mis pasiones y más fuertes estímulos por aprender. Arreglar cualquier cosa que estuviera descompuesta y que no se me atravesara nada para poder instalar cualquier cosa en casa es una de los atributos que sin duda, apoyaron o más influyeron en mi vida. Por último no quiero dejar de mencionar, que quise durante mi adolescencia estudiar Ingeniería electrónica, pues en la física que me enseño Pedro Uriel, encontraba un sentido a mi vida. Al final…no fui ingeniero. La vida me mostró otro camino y elegí ser maestro. Ahora llevo 18 años como profesor, y siempre el ejemplo que tuve para ser cercano, respetuoso y dejar algo en mis alumnos, lo he tomado del testimonio de Pedro Uriel. No sé si lo he logrado, aún me falta mucho por recorrer, ahora soy más consciente de lo que un profesor puede dejar en sus alumnos. En tal caso, quiero reconocer que este gran hombre, fue quien me marcó y fue la inspiración, como un excelente maestro, para ser en muchas cosas lo que hoy soy. Gracias por haber sido el profesor que influyó para bien en tantas generaciones y también en mi vida, y ahora que estás con Dios, ayúdame para ser un profesor que haga tanto bien como lo hiciste tú.

Desde México
Ricardo Próspero


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