Desde México: el blog de Ricardo Próspero

Juan Pablo II: El Judaísmo

14.12.08 | 04:58. Archivado en Judaísmo, *Cristianismo
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Juan Pablo II en el capítulo 16 de su libro: Cruzando el umbral de la esperanza, nos habla de su experiencia personal con la comunidad judía del mundo, es el capítulo llamado "La Sinagoga de Wadowice". Vale la pena leer y conocer el pensamiento de este gran Papa en torno al tema

PREGUNTA

Llegados a este punto -como era de esperar- Su Santidad pretende dirigirse a Israel.

RESPUESTA

Así es. A través de esa sorprendente pluralidad de religiones, que se disponen entre ellas como en círculos concéntricos, hemos llegado a la religión que nos es más cercana: la del pueblo de Dios de la Antigua Alianza.

Las palabras de la Nostra aetate suponen un verdadero cambio. El Concilio dice: «La Iglesia de Cristo reconoce que, efectivamente, los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya, según el misterio divino de salvación, en los Patriarcas, Moisés y los Profetas. [...] Por eso, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo con el que Dios, en su inefable misericordia, se dignó sellar la Alianza Antigua, y que se nutre de la raíz del buen olivo en el que han sido injertados los ramos del olivo silvestre que son los gentiles. [...] Por consiguiente, siendo tan grande el patrimonio espiritual común a los cristianos y a los hebreos, este Sacro Concilio quiere promover y recomendar entre ellos el mutuo conocimiento y estima, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y de un fraterno diálogo» (n. 4).

Tras las palabras de la declaración conciliar está la experiencia de muchos hombres, tanto judíos como cristianos. Está también mi experiencia personal desde los primerísimos años de mi vida en mi ciudad natal. Recuerdo sobre todo la escuela elemental de Wadowice, en la que, en mi clase, al menos una cuarta parte de los alumnos estaba compuesta por chicos judíos. Y quiero ahora mencionar mi amistad, en aquellos tiempos escolares, con uno de ellos, Jerzy Kluger. Amistad que ha continuado desde los bancos de la escuela hasta hoy. Tengo viva ante mis ojos la imagen de los judíos que cada sábado se dirigían a la sinagoga, situada detrás de nuestro gimnasio. Ambos grupos religiosos, católicos y judíos, estaban unidos, supongo, por la conciencia de estar rezando al mismo Dios. A pesar de la diversidad de lenguaje, las oraciones en la iglesia y en la sinagoga estaban basadas, en considerable medida, en los mismos textos.

Luego vino la Segunda Guerra Mundial, con los campos de concentración y el exterminio programado. En primer lugar, lo sufrieron precisamente los hijos de la nación hebrea, solamente porque eran judíos. Quien viviera entonces en Polonia tenía, aunque sólo fuera indirectamente, contacto con esa realidad.

Ésta fue, por tanto, también mi experiencia personal, una experiencia que he llevado dentro de mí hasta hoy. Auschwitz, quizá el símbolo más elocuente del holocausto del pueblo judío, muestra hasta dónde puede llevar a una nación un sistema construido sobre premisas de odio racial o de afán de dominio. Auschwitz no cesa de amonestarnos aún en nuestros días, recordando que el antisemitismo es un gran pecado contra la humanidad; que todo odio racial acaba inevitablemente por llevar a la conculcación de la dignidad humana.

Quisiera volver a la sinagoga de Wadowice. Fue destruida por los alemanes y hoy ya no existe. Hace algunos años vino a verme Jerzy para decirme que el lugar en el que estaba situada la sinagoga debería ser honrado con una lápida conmemorativa adecuada. Debo admitir que en aquel momento los dos sentimos una profunda emoción. Se presentó ante nuestros ojos la imagen de aquellas personas conocidas y queridas, y de aquellos sábados de nuestra infancia y adolescencia, cuando la comunidad judía de Wadowice se dirigía a la oración. Le prometí que escribiría gustoso unas palabras para tal ocasión, en señal de solidaridad y de unión espiritual con aquel importante suceso. Y así fue. La persona que transmitió a mis conciudadanos de Wadowice el contenido de esa carta personal mía fue el propio Jerzy. Aquel viaje fue muy difícil para él. Toda su familia, que se había quedado en aquella pequeña ciudad, murió en Auschwitz, y la visita a Wadowice, para la inauguración de la lápida conmemorativa de la sinagoga local, era para él la primera después de cincuenta años...

Detrás de las palabras de la Nostra aetate, como he dicho, está la experiencia de muchos. Vuelvo con el recuerdo al periodo de mi trabajo pastoral en Cracovia. Cracovia y especialmente el barrio de Kazimierz conservan muchos rasgos de la cultura y la tradición judías. En Kazimierz, antes de la guerra, había algunas decenas de sinagogas, que en parte eran grandes monumentos de la cultura. Como arzobispo de Cracovia, tuve intensos contactos con la comunidad judía de la ciudad. Relaciones muy cordiales me unían con su jefe, que han continuado incluso después de mi traslado a Roma.

Elegido a la Sede de Pedro, conservo pues en mi ánimo algo que tiene raíces muy profundas en mi vida. Con ocasión de mis viajes apostólicos por el mundo intento siempre encontrarme con representantes de las comunidades judías. Pero una experiencia del todo excepcional fue para mí, sin duda, la visita a la sinagoga romana. La historia de los judíos en Roma es un capítulo aparte en la historia de este pueblo, capítulo estrechamente ligado, por otro lado, a los Hechos de los Apóstoles. Durante aquella visita memorable, definí a los judíos como hermanos mayores en lafe. Son palabras que resumen en realidad todo cuanto dijo el Concilio y que no puede dejar de ser una profunda convicción de la Iglesia. El Vaticano II en este caso no se ha extendido mucho, pero lo que ha dejado confirmado abarca una realidad inmensa, una realidad no solamente religiosa sino también cultural.

Este extraordinario pueblo continúa llevando dentro de sí mismo las señales de la elección divina. Lo dije una vez hablando con un político israelí, el cual estuvo plenamente de acuerdo conmigo. Sólo añadió: «¡Si esto fuera menos costoso...."? Realmente, Israel ha pagado un alto precio por su propia «elección». Quizá debido a eso se ha hecho más semejante al Hijo del hombre, quien, según la carne, era también Hijo de Israel; el dos mil aniversario de Su venida al mundo será fiesta también para los judíos.

Estoy contento de que mi ministerio en la Sede de Pedro haya tenido lugar en el período posconciliar, mientras las aspiraciones que guiaron Nostra aetate iban adquiriendo forma concreta. De este modo se acercan entre sí estas dos grandes partes de la divina elección: la Antigua y la Nueva Alianza.

La Nueva Alianza tiene sus raíces en la Antigua. Cuándo podrá el pueblo de la Antigua Alianza reconocerse en la Nueva es, naturalmente, una cuestión que hay que dejar en manos del Espiritu Santo. Nosotros, hombres, intentemos sólo no obstaculizar el camino. La manera de este «no poner obstáculos» es ciertamente el diálogo cristianojudio, que se lleva adelante por parte de la Iglesia mediante el Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.

Estoy además contento de que -como efecto del proceso de paz que se está llevando a cabo, a pesar de retrocesos y obstáculos, en el Oriente Medio, también por iniciativa del Estado de Israel- se haya hecho posible el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la Sede Apostólica e Israel. En cuanto al reconocimiento del Estado de Israel, hay que subrayar que no tuve nunca dudas al respecto.

Una vez, después de la conclusión de uno de mis encuentros con comunidades judías, uno de los presentes dijo: «Quiero agradecer al Papa todo cuanto la Iglesia católica ha hecho en pro del conocimiento del verdadero Dios en el transcurso de estos dos mil años.»
En estas palabras queda comprendido indirectamente cómo la Nueva Alianza sirve al cumplimiento de lo que tiene sus raíces en la vocación de Abraham, en la Alianza del Sinaí sellada con Israel, y en todo ese riquísimo patrimonio de los profetas inspirado por Dios, los cuales, ya centenares de años antes de su cumplimiento, hicieron presente, por medio de los Libros Sagrados, a Aquel que Dios iba a mandar en la «plenitud de los tiempos» (cfr. Gálatas 4,4).

8 comments


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Comments
  • Comentario por Augusto Mendoza 02.07.09 | 17:43

    Es increíble cuando una persona cumple su misión en la vida puede trascender y dejar huella en la mente y corazones de muchas personas, rompiendo paradigmas y barreras en cuanto al convivio con otras religiones, es un hecho que desde el comienzo el judaísmo va de la mano con el cristianismo hasta hoy en día y es necesario cultivar y respetar estas 2 religiones que partieron desde un mismo punto, los relatos del Papa Juan Pablo II sobre sus amistades desde niño ha sido con la comunidad judía y hasta el último día de su vida se dedicó a predicar la palabra de Dios y enseñar que entre religiones puede haber una convivencia e interacción sana en todos los sentidos.

  • Comentario por Oscar Alonzo Hernández 02.07.09 | 17:40

    primero que nada escogi este articulo ya que yo personalmente admiro la sensilles, trayectoria y legado que el papa Juan Pablo II dejo en sus años de servicio a dios, esp or eso que de este articulo acrecenta mi admiración por él, ya que nos muestra la convivencia que tuvo en su vida con la comunidad judía, recordandonos la visita que hizo al muro de los lamentos y su intento por unir de cierta forma estas dos religiones ya que una nace de la otra evitando así rivalidades, además es interesante ver el ejemplo de vivencia en el que vmeos la gran convivencia normal que puede haber entre un cristiano-catolico y un judío siempre y cuando se imponga un respeto.

  • Comentario por Alexandra Del Rio 02.07.09 | 17:13

    El papa Juan Pablo II desde el inicio de su pontificado, fue y seguirá siendo, aun después de su muerte, un ejemplo a seguir para muchos; tanto católicos como judíos.
    Nos muestra como la amistad pura con otras religiones como lo es el judaísmo es posible. Sabemos que el holocausto que se sufrió en tiempos de Hitler fue un trago amargo para el mundo entero; que muchas religiones tuvieron que sufrir; unos por ser judíos y otros por el desacuerdo a la discriminación de tales atrocidades.
    El papa y la comunidad cristiana/católica se encuentran en un proceso exitoso de reintegración, en un proceso en donde dos hermanos separados hace años, se reencuentran. El hermano mayor (los judíos), aun tienen mucho que enseñarle al mundo, siendo el pueblo de la antigua alianza, y con la nueva alianza, dejemos de obstaculizar este proceso de reencuentro entre pueblos, culturas y familias.

  • Comentario por Stephania Rodriguez Gonzal fue algo muy interesanteez 02.07.09 | 17:04

    La opinión de Juan Pablo II siempre se me ha hecho muy interesante. Fu un Papa que transmite sus expieriencias y sentir, y al demostrarnos lo que hizo con los judíos es una forma de verlos como hermanos.
    Sus viajes por las sinagogas y sus enseñanzas son cosas que no conocía de él.
    Juan Pablo II fue un papa que siempre encontró la paz y con los judíos no fue la exepción. basta ver lo que respondió un judió al final de su viaje. dándole las gracias por asistir.
    Fue un hombre del que debemos aprender y conoceer más historias como esta.

  • Comentario por Ana Blanes Cárdenas 02.07.09 | 16:55

    es interesante ver cómo se ha ido dando la convivencia entre judíos y católicos a lo largo de la historia. Como vimos en una clase, la sana convivencia no tiene mucho tiempo y es ahora cuando por fin podemos decir que ya tenemos una relación sana y cordial. No veo cuál es la dificultad de llevarse bien con alguien de otra religión.

    al entrar en la universidad, no fue nada fácil para mí el conocer a gente nueva y menos gente de otras religiones, habiendo estado en escuelas de legionarios toda mi vida. creo que a la fecha me cuesta trabajo identificar quien es judio y quien no, pero lo que si he descubierto, es que son personas al igual que yo con las que ahora tengo una relación muy padre.

    en mi opinión son una raza muy valiente que sabe perfectamente por lo que ha pasado a lo largo de la historia y que por lo mismo no se van a dejar pisotear. me duele pensar que lo que les hicieron en la segunda guerra mundial los haya afectado tanto y que puede haber person...

  • Comentario por Nasser 02.07.09 | 16:37

    Creo que tenemos que imitar la posición del papa, de ver a los judíos como hermanos mayores en la fe, reconociendo que tenemos la misma raíz en la Antigua Alianza.

    Asimismo creo que como católicos, también debemos profundizar más en las tradiciones y normas judías, para así poder entender el significado real y completo de la Nueva Alianza, formado por Cristo N.S.

  • Comentario por vidal 01.12.08 | 13:48

    Amigos: unas pocas palabras con el fin de solventar un error histórico que dura hasta hoy.
    Vengo de dar una vuelta por las páginas de la competencia evolucionista, dejándoles un recado nada tranquilizador, y el perdido paraíso bíblico en la pantalla, localizado a partir de las pistas salidas de un curioso librito del s. X V, que lo devuelve a su sitio original y el satélite lo confirma.
    Os invito a pasar por las cosas de churruca-junto-, con el punto y el com, y aparecen tal y como los describe el Génesis.
    Pueden bajar todo el material disponible.
    Saludos. Algo huele.
    Alguien dijo que, al final de los tiempos, se harán grandes descubrimientos arqueológicos...
    Vidal.

  • Comentario por sonsoles 17.09.07 | 12:42

    Este este muro es el buzón de Dios. Los judíos introducen papelitos en las grietas. Un judío de los foros de Google contó que en muchos de estos papelitos viene una sola palabra:
    ¿Nu?

    Es yiddish y significa algo como "¿Y ahora qué?" o incluso "¿Qué dices?"

    (No hablo yiddish, pero sí alemán que comparte muchos elementos con el yiddish.)

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