Desde México: el blog de Ricardo Próspero

La vida de San Agustín. Prueba de que para Dios no hay imposibles.

16.11.08 | 17:31. Archivado en Ricardo Próspero
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San Agustín es el prototipo, de aquel hombre que buscaba la verdad, pero que en un momento de su vida estaba perdido. Buscó por uno y otro lado, pero no encontraba el camino recto, el camino de la verdad, de la justicia y el amor. Estudió, desarrolló sus talentos, pero también reconocía que era un hombre pecador. Sin embargo, en un momento, dado por Dios, surgió en el esa "metanoia" esa conversión que lo hizo reaccionar frente a la grandeza de Dios. Y el hombre desorientado, el hombre pecador, el hombre confundido, volvió a algo que parecía imposible. Volvió su rostro y le dijo sí a Dios.

Nuestra vida esta marcada por imposibles a cada momento. Nuestros problemas en la vida diaria, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestro País. Los problemas no se terminan nunca sino que, si no los resolvemos, se acumulan. Cada momento, cada instante tenemos que ingeniárnoslas para poder resolver los retos que se nos presentan a cada momento. Muchos de ellos los resolvemos, otros decidimos ignorarlos, otros más se acumulan con el paso del tiempo.
Cuando pasan los años, y vemos que aquellos problemas que llegaron algún día y no los pudimos resolver, nos frustra, nos enojan, nos lastiman. Todo el esfuerzo que hemos puesto, todo el trabajo que hemos realizado, todo ha sido, parece ser, en vano.
Sin embargo, Para Dios no hay imposibles.

Si aceptamos la existencia de Dios y con ello su naturaleza omnipotente, entonces aceptamos que para Dios no hay imposibles.
Si a San Agustín, quien estaba en la búsqueda de la verdad, quien luchaba días, meses y años por encontrar esa luz y no la encontraba a pesar de sus constantes esfuerzos, le llegó Dios a su encuentro y lo convirtió en uno de los grandes santos que existen en el cristianismo, nos muestra que para Dios no hay imposibles.

Si hoy San Agustín, es el ejemplo a seguir para muchos de nosotros y su testimonio nos ha hecho a muchos pensar y seguir su camino de santidad, entonces confirmamos que para Dios no hay imposibles.

Nuestros problemas, nuestras frustraciones, nuestros anhelos, todo aquello que nos lastima, que nos preocupa, que nos agobia, que nos estresa, todo eso, nos ha quedado claro que por nosotros mismos, es difícil o imposible lograr vencerlo. Hemos luchado, pero nosotros solos, no podemos. Necesitamos la ayuda de Dios.
El ejemplo de la vida de San Agustín nos ilumina el día de hoy y nos hace reflexionar profundamente.
Todos mis problemas, todos mis fracasos, mis angustias, mis enojos, mis preocupaciones, mis anhelos y mis deseos de ser feliz, todos ellos, no dependen de mí al cien por ciento. Puedo hacer lo que sea, pero si no pongo las cosas en manos de Dios, seguiré en una lucha infructuosa.
Para Dios no hay imposibles.

Pongamos las cosas en sus manos. Pongamos en verdad nuestros miedos, nuestras angustias, nuestros problemas, nuestra naturaleza pecadora, nuestros agobios, en las manos de Dios. Atrevámonos a confiar en El. Dejémosle todo. Que nos guíe, nos ilumine, nos transforme como cera blanda en sus dedos.
Que haga el de nuestra vida la obra que El había pensado desde el principio. Porque para Dios no hay imposibles.

Si con San Agustín, que como humano, tuvo un cambio radical que lo volvió en uno de los grandes santos y doctores de la Iglesia, con nosotros, Dios nos habrá de transformar. Solo debemos apegarnos a El, porque para Dios no hay imposibles.


Saludos
Desde México
Ricardo Próspero


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