La santidad no es trabajo de un día, sino de toda la vida
11.10.08 @ 20:49:21. Archived * Iglesia en México, Guillermo Gazanini

Un interesante editorial del semanario de la arquidiócesis de Puebla, Koinonía, sobre la santidad la cual debería ser trabajo ordinario de los cristianos que anhelan una intimidad con Dios y lograr la imitación de Cristo.
Fuente: Koinonía, Puebla. 5 de octubre.
En la Carta apostólica Novo Millennio Ineunte el Papa Juan Pablo II invitaba a la Iglesia y a sus miembros a poner “la programación pastoral en el signo de la santidad”, para “expresar la convicción de que si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial (...) Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria: la vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección” (n° 31). Por eso, tarea primaria de la Iglesia es acompañar a los cristianos por el camino de la santidad, con el fin de que iluminados por la inteligencia de la fe, aprendan a conocer y a contemplar el rostro de Cristo y a redescubrir en Él la auténtica identidad y la misión que el Señor confía a cada uno.
Todos los cristianos debemos ayudarnos recíprocamente en descubrir y realizar la santidad con la escucha de la Palabra de Dios, en la oración, en la asidua participación a los Sacramentos y en la búsqueda constante del rostro de Cristo en cada hermano, sólo así se conseguirá que la santidad brille en cada estado y situación de vida.
La santidad de vida es intimidad con Dios, es imitación de Cristo, es amor sin reserva a las almas y donación al verdadero bien, es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos. Los Obispos y presbíteros son los primeros testigos de la santidad recibida como don, ellos aparecen con su vida y enseñanza como la mejor muestra del gozo de seguir a Jesús, Buen Pastor. Su ejemplo visible, particularmente a las jóvenes generaciones, es entusiasmo para lanzarse a la aventura reservada a quien, sobre las huellas del Divino Maestro, elige pertenecer completamente a Dios y se ofrece a sí mismo para que cada hombre pueda tener vida en abundancia. Por su parte, los consagrados y consagradas, muestran que la existencia sólidamente radicada en Cristo es un humilde y fiel servicio al hombre que debe ser santo como Dios es santo. Además la vida en comunidad garantiza la fortalza necesaria para sobrellevar la ardua tarea de la propia edificación en una vida santa.
En las familias, la santidad del amor esponsal, la armonía de la vida familiar, el espíritu de fe con el que se afrontan los problemas diarios de la vida, la apertura a los otros, sobre todo a los más pobres, la participación en la vida de la comunidad cristiana constituyen el ambiente adecuado para la escucha de la llamada divina y para una generosa respuesta de parte de los hijos.
La santidad no es trabajo de un día, sino de toda la vida, es una lucha con sus victorias y fracasos. Es encontrarse en el camino con Cristo que abre los brazos, a pesar de las propias miserias y caídas.
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Ricardo Próspero Morales
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