Oaxaca, 21 de septiembre de 2008
Los hechos sangrientos y muertes de esta semana en Morelia y en Tijuana nos han sacudido y herido en lo más profundo a todos los mexicanos; muchos estamos aún como aturdidos. Ya nos alcanzó el terrorismo.
Debemos aceptar que la gravedad de la situación actual se debe no solo a la maldad y ambición de personas y grupos concretos que han optado por el mal; también se debe a la indiferencia de la mayor parte de los ciudadanos que esperamos que otros afronten y resuelvan las necesidades y problemas sociales. Tenemos que asumir todos, nuestra responsabilidad con tareas concretas; algunos tendrán que erradicar la soberbia y la ambición; muchos la pasividad y la irresponsabilidad que propicia que la maldad y la corrupción destruyan vidas, marquen el rumbo de comunidades y pongan en riesgo el futuro de los pueblos.
Hace 200 años fue necesaria la guerra de Independencia; hace 100 años nuestros abuelos sufrieron la revolución y, años más tarde, las secuelas de las dos guerras mundiales. Estas guerras costaron miles de vidas humanas, décadas de miseria y sufrimiento que marcaron a varias generaciones ¿Por qué no aprendemos de nuestra historia?
Tenemos la oportunidad de tomar un camino diferente al del enfrentamiento, al de la división y de la condena de los que no piensan como nosotros; este camino siempre ha llevado y nos llevará irremediablemente a más violencia, a derramar cada vez más sangre y muertes; ciertamente nos llevará a un desastre social.
En esta crisis de violencia y de inseguridad tenemos que reconocer el grave deterioro de los valores que son el cimiento de la convivencia social como la verdad, la honestidad, la responsabilidad y el servicio; es urgente rehacer y fortalecer dicho cimiento. La guerra está perdida si la lucha contra la corrupción, la violencia y el crimen organizado no va de la mano con programas prácticos de educación general sobre estos valores básicos y con una profunda renovación de las instituciones que están llamadas a formar, a proteger y a guiar a la sociedad como la política, la educación, la economía y los MCS entre otros.
Nunca olvidemos que solo vencen los que luchan, que solo triunfan y son galardonados los que vencen; los discapacitados nos han dado una lección en los juegos paralímpicos de Beijing. Ya no podemos esperar más; se trata de una emergencia social, de una tarea y una lucha que debemos asumir y afrontar todos a corto, a mediano y a largo plazo. No hay otro camino.
Con nuestra oración y bendición para todos.
+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca
+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca
Viernes, 1 de junio
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