Arzobispo de Morelia: Un tesoro en vasijas de barro
07.09.08 @ 16:21:15. Archived * Iglesia en México
Artículo valioso sobre la segunda carta de San Pablo a los Corintios, escrito por el Arzobispo de Morelia Mons Alberto Suárez Inda
Morelia, Mich. 31 de agosto de 2008
Palabra del Obispo:
Un tesoro en vasijas de barro
Dejando otros muchos temas importantes que San Pablo trata en su Primera Carta a los Corintios, como son los relativos a la resurrección de la carne, a la libertad de conciencia y a la Eucaristía, los invito hoy a considerar el argumento principal de su Segunda Carta a esta comunidad cristiana de Corinto.
Algo grave sucedió en ella entre la primavera del año 57, cuando les envió su Primera Carta, y los primeros meses del 58 en que les dirige esta nueva misiva. Llegaron al puerto de Corinto algunos misioneros cristianos de origen judío que nunca aceptaron el logro conseguido por Pablo en el Concilio de Jerusalén por el año 49 a propósito de su táctica misionera en el mundo pagano. A toda costa querían imponerles las exigencias de la Ley judía confundiendo y dividiendo a los fieles.
Critican y atacan a Pablo, poniendo en tela de juicio su autoridad apostólica. Hubo toda una campaña de desprestigio ridiculizándolo incluso por su aspecto físico. Lo menosprecian al comparar su manera de hablar con la elocuencia de Apolo y otros oradores. Lo acusan de querer explotarlos como si quisiera enriquecerse a costa de ellos. Finalmente cuestionan su autenticidad de Apóstol, pues no convivió con Cristo durante su vida mortal.
Todas esas injurias que tocan su honor de hombre y de testigo de Jesús, hacen que se desborden en esta Carta los sentimientos de un hombre apasionado. Con fuerza, y hasta con cierta ironía, Pablo se defiende y muestra su coraje por el daño causado a los discípulos del Señor Jesucristo.
Contra los que adulteran el buen vino de la Palabra de Dios con su agua insípida, "nosotros no somos como muchos que trafican con la Palabra de Dios, sino que hablamos con sinceridad en nombre de Cristo, como enviados de Dios" (2Cor 2, 17). Frente a los que están ávidos de publicidad, "no pretendemos recomendarnos ante ustedes" (5, 12). Sutilmente llama enanos ridículos a los que se consideran gigantes: "No pretendemos ponernos a la altura de los que se elogian a sí mismos, ni compararnos con ellos. El hecho de que se midan con su propia medida, demuestra que proceden neciamente; no nos gloriamos más allá de lo debido" (10, 12.13).
Pablo reacciona con severidad apelando, dice él, "al testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en relación con ustedes, nos hemos comportado con la santidad y sinceridad que proceden de Dios" (1, 12). Ante personas de mala fe que juegan a ser superapóstoles (cf. 11, 5), ante gentes sin escrúpulos (11, 20), Pablo responde presentando sus debilidades y al mismo tiempo la grandeza de su ministerio.
"Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios" (4, 7). La firmeza y la seguridad que tiene no son propias: "Toda nuestra capacidad viene de Dios" (3, 5). La sublimidad de su apostolado proviene de aquella luz que lo deslumbró en su camino a Damasco y que refleja en su rostro descubierto la gloria del Señor (cf. 3, 18).
+ Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia
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Ricardo Próspero Morales
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