La mentalidad popular ha exagerado los poderes de Satanás
03.09.08 @ 08:59:17. Archived * Iglesia en México, Guillermo Gazanini

Guillermo Gazanini Espinoza
“También el demonio es una criatura de Dios…” Las palabras de Gabriel Amorth, exorcista, parecen chocar con nuestro paradigma de lo bueno y bello que son inferidos, por analogía, a Dios. ¿Cómo, Quien es la Bondad, podría crear al ángel caído, la síntesis del mal, el tentador de la raza humana, el embaucador y el mentiroso? La Iglesia católica enseña la existencia real de este ente sobrenatural, enemigo de Dios, que desde el principio intervino en la historia para que los seres humanos se desviaran de su Creador.
En nuestros días, el demonio parecería estar de moda. Tal vez sea el resultado del estrés y el miedo en el que vive la sociedad mexicana. No son pocos los ministros que narran que algún día una persona llegó con la solicitud de exorcismo para un pariente que manifestaba tener el diablo dentro. Otros, con la petición de la presencia del sacerdote en los hogares para una bendición con agua bendita porque hay “malas vibras”, fantasmas, espíritus malignos, duendes y muertos que están asolando la vivienda.
Un curioso e interesante editorial del semanario de la Arquidiócesis de Puebla, Koinonía, exhibe la acción del diablo y su remedio, el exorcismo, una práctica que se creía olvidada y que vuelve para dar algo que hablar. Pero, ¿hasta dónde es cosa de la mente y de la personalidad del sujeto que se dice poseído? La misma nota ofrece una respuesta: “…muchos viven una fe supersticiosa o de superstición y muchos tienden a no hacerse responsables, no saben afrontar el sufrimiento y atribuyen todo trastorno físico o espiritual a la acción del demonio”.
Y esto es una cosa real. ¿Cuántas veces no hemos visto esos videos morbosos y grotescos de personas revolcándose en los pisos de las iglesias, emitiendo ruidos que, más que palabras, son pura ficción de latín, hebreo o arameo? “La mentalidad popular ha exagerado los poderes de Satanás, que son los de un ángel común”, dice el editorial. Sin embargo, enseña el Catecismo de la Iglesia católica que los ángeles son seres que superan en perfección a las demás criaturas, dotadas de inteligencia y de voluntad y resplandecientes de gloria, eso tal vez eso sea un signo de poder.
No obstante, creo que la afirmación del editorial es cierta. Queremos ver al diablo en todo. Tal vez el poder de Satanás no sea como se muestra en las imágenes que tenemos en nuestra conciencia gracias a la película de “El Exorcista”, que alguna vez nos quitó el sueño e hizo que corriéramos al confesor más cercano… Más bien, según mi opinión, tiene una aliado más fácil de explicar: el mal que pueda efectuar el ser humano contra su prójimo. Toda cosa fea, horrible, todo el mal del cual es capaz el hombre, hechos que escapan a nuestra imaginación, que tal vez no sean cosas del demonio sino, simplemente, cosas humanas, demasiado humanas.
Sin embargo, hay optimismo. Se puede vencer al mal, “basta con ser coherentes con el Evangelio, no tener miedo de testimoniar la propia fe y cuidar la propia relación con Dios”, afirma el semanario.
Ofrecemos el editorial de Koinonía de la Arquidiócesis de Puebla.
De ángeles y demonios
Koinonía / Arquidiócesis de Puebla. 31 de agosto.- El exorcismo es una antigua y particular forma de oración que hace un ministro ordenado de la Iglesia, en nombre de Jesucristo y por el poder que Jesucristo ha otorgado a su Iglesia para liberar del poder de Satanás. Por lo tanto no es oración personal sino de la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia dice en el número 1673: “Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (Mc 1,25 ss), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar”.
Por tanto, el exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos.
La doctrina católica nos enseña que los demonios son ángeles caídos a causa de sus pecados, que son seres espirituales de gran inteligencia y poder. La capacidad del hombre de acoger a Dios es ofuscada por el pecado, y a veces el mal ocupa el puesto en el que Dios quiere vivir.
Por eso, Jesucristo ha venido a liberar al hombre del dominio del mal y del pecado. Jesucristo expulsaba los demonios y liberaba a los hombres de las posesiones de los espíritus malignos para hacerse espacio en el hombre.
La Iglesia está llamada a seguir a Jesucristo y ha recibido, de Cristo mismo, el poder de continuar, en su nombre, su misión. De aquí que la acción de Cristo para liberar al hombre del mal se ejercita a través del servicio de la Iglesia y de sus ministros ordenados.
El exorcismo es un sacramental que sólo puede ser válidamente celebrado por un sacerdote con el permiso del Obispo para cada caso particular, y sólo con el permiso de la Santa Sede formalmente se otorga a un sacerdote el oficio de exorcista. En ese caso el sacerdote está facultado para exorcizar y no necesita un permiso particular para cada caso. Solo el exorcista con la debida licencia puede verificar la verdadera posesión diabólica. Es un proceso difícil en el que se deben descartar causas naturales.
El exorcista ante todo busca llevar la persona atribulada a un encuentro con Jesús. Para ello es necesaria la apertura a los canales de gracia en la Iglesia: la confesión, la Eucaristía, la meditación de la Palabra, la comunidad, la catequesis.
Actualmente muchos viven una fe supersticiosa o de superstición y muchos tienden a no hacerse responsables, no saben afrontar el sufrimiento y atribuyen todo trastorno físico o espiritual a la acción del demonio. Pero frecuentemente el remedio es una verdadera y sincera confesión. Cuando en cambio se percibe aversión a lo sagrado, enfermedades desconocidas o incluso síntomas difíciles de identificar, es posible que sea necesario el exorcismo.
La presencia demoníaca de cualquier forma hay que diagnosticarla en cada caso.
Ante todo esto es necesaria más dedicación a la ascesis, a la oración, a la penitencia. La mentalidad popular ha exagerado los poderes de Satanás, que son los de un ángel común. En la vida diaria para defenderse del mal basta con ser coherentes con el Evangelio, no tener miedo de testimoniar la propia fe y cuidar la propia relación con Dios.
A veces es Dios mismo quien permite que algunos sean vejados u obsesionados; piénsese en algunos santos. Pero en estos casos nos hallamos ante planes divinos para nosotros impenetrables.
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Ricardo Próspero Morales
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