Desde México: el blog de Ricardo Próspero

“¡Señor, que vea…!”

17.07.08 | 18:28. Archivado en Sobre el autor, *Cristianismo
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

¿Cómo afrontaríamos la vida si perdiéramos el sentido de la vista? Los ciegos viven en la oscuridad, pero sus otros sentidos se conectan de forma extraordinaria con el mundo, “viendo” cosas que los demás, con sus capacidades normales, no podemos ver. Desde los demás sentidos perciben la luz de la realidad y tienen una forma especial que les permite disfrutar de la vida, a pesar de su limitación.

¿Cómo “ve” un ciego un viaje a lugares lejanos? El siguiente testimonio es de Julián Diez – Antoñanzas, presbítero de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, ligada al Opus Dei, donde narra su experiencia al conducir a un grupo de ciegos a los lugares de la Biblia. Una experiencia en la cual los invidentes regresaron a sus lugares de origen con la convicción de que habían “visto” la tierra del Señor.

Ofrecemos el testimonio del Pbro. Julián Díez-Antoñanzas como fue publicado en el sitio opusdei.es

Con los ojos de la fe

D. Julián Díez-Antoñanzas pertenece a la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz y es párroco de San Valero en Zaragoza. Hace unas semanas acompañó a un grupo de personas ciegas en peregrinación a Tierra Santa. Ahora cuenta algunas de sus experiencias.

17 de julio de 2008
D. Julián, ¿puede una persona ciega aprovechar una peregrinación religiosa a Tierra Santa, cuando parece que todo se basa en poder “ver” los distintos lugares en los que se desarrolló la vida de Jesús?

A los ciegos les gusta viajar, incluso “ver” películas (así se expresan ellos). A través del sonido se hacen una idea bastante real de las cosas. Están acostumbrados a pasar por los lugares sin especiales indicaciones. Por eso creo que para un ciego es más fácil “conectar” con la tierra de Jesús que para alguien que ve, porque no le distraen los edificios modernos, los coches, los postes de la luz… El ciego siente la geografía, paladea el clima, asocia los sonidos naturales a los que escuchó Nuestro Señor… Saben que están en un lugar santo, los guías y acompañantes les describen las cosas, y eso les ayuda mucho. Tocan, palpan la piedra, porque para ellos el sentido del tacto es esencial. Y con su imaginación completan el cuadro.

¿Tuvieron algún problema en la entrada al país?

Desde el propio viaje en avión en una aerolínea israelí hasta la llegada al aeropuerto fuimos tratados de modo excelente por las autoridades de Israel. Pusieron todo tipo de facilidades y amablemente agilizaron los trámites.

Jesucristo curó a varios ciegos a lo largo de su vida. ¿Se ha producido también algún milagro estos días?

Al llegar a Jerusalén varios empezaron a pedir en tono de broma “llévenos a Siloé, que para eso hemos venido…”. No se podía ir al lugar donde el Señor curó al ciego de nacimiento, pero entonces advertí que los ciegos tienen mucho sentido del humor, que les gusta hacer bromas relacionadas con su limitación.

Y lo cierto es que ellos iban a ver con los ojos de la fe, y creo que han cumplido sobradamente su deseo. Han regresado muy removidos religiosamente, y todos con la convicción de que habían “visto” la tierra del Señor.

Uno de los peregrinos ha dejado escrito: “Junto al Cenáculo pudimos tocar el relieve en bronce que representa al colegio apostólico, acariciando la figura del Señor que hace de puerta del Sagrario”. ¿La fe necesita de los sentidos?

Sí. La Encarnación y los Sacramentos son la materialización del amor de Dios para que podamos palparlo con los dedos. Junto al Cenáculo recorrieron un gran retablo en bronce con las figuras de los apóstoles y de Jesús en la Última Cena. Pudieron palpar la gruta de la Encarnación, que está cerrada para los peregrinos, pero a ellos les dejaron. Nos impresionó mucho, cuando cerraron la Basílica, cómo en silencio uno por uno entraban para tocar las paredes, la estrella donde indica que el Verbo se hizo carne...

Les impactó poder mojar sus manos con el agua del Jordán, y también tuvieron el privilegio de tocar uno de los olivos más antiguos de Getsemaní, porque el hermano franciscano custodio del lugar les permitió pisar el jardín con la condición de que no arrancaran ninguna hoja. Se abrazaban al olivo centenario y salían emocionados. Esa noche hicieron una hora de adoración ante el Santísimo delante de la roca de la agonía, y también pudieron confesarse. Fue uno de los momentos más impresionantes.

¿Cómo se vive el espíritu del Opus Dei, tan unido a la vida ordinaria, en
una ocasión extraordinaria como ha sido esta peregrinación?

Es muy fácil vivirlo en una peregrinación a Tierra Santa. En realidad, vivir las normas del plan de vida y el espíritu de servicio es lo ordinario, y más con estas personas. Y hay que tener en cuenta que el espíritu de peregrinación también es ordinario, porque es espíritu de vigilancia, de conversión, de estar en camino hacia Dios… Eso puede vivirse en cualquier circunstancia.

¿Qué ha aprendido de estas personas ciegas?

A mirar con más profundidad las cosas, a contemplar, a captar aspectos que el bullicio de la vida en ocasiones no deja ver con claridad. Ellos perciben con todo su ser, porque cuando uno no puede ver con los ojos se esfuerza con el resto de su persona.

Además, los ciegos son personas muy organizadas, necesitan tener siempre cada cosa en su sitio, y son muy puntuales, facilitaron la peregrinación al máximo; diez minutos antes de cada cita ya estaban todos preparados.

Supieron prescindir de las comodidades de los hoteles para estar en las residencias de los franciscanos, junto a los lugares sagrados, y poder emplear el tiempo libre en pasar (siempre acompañados) a los lugares sagrados. Y también era muy contagiosa su alegría, su sentido del humor; rebosaban felicidad.


Comments are closed for this post.

Comments

No Comments for this post yet...

    Viernes, 1 de junio

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Marzo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
       1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    262728293031 

    Sindicación