El papa Benedicto XVI dijo hoy ante la Asamblea General de la ONU que en ese organismo el "consenso multilateral" sigue en crisis, a causa de la "subordinación a las decisiones de pocos".
"Los problemas del mundo exigen, de parte de la comunidad internacional, intervenciones bajo la forma de acciones comunes", expresó el Pontífice en su discurso.Benedicto XVI expresó también que los objetivos fundamentales de la ONU y de la Iglesia católica son coincidentes.
En su discurso, el Pontífice dijo también que: "Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias".
"Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por otros instrumentos internacionales", agregó.
Según el Papa, "la acción de la comunidad internacional y de sus instituciones, dando por sentado el respeto de los principios que están a la base del orden internacional, no tiene porqué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía".
Junto con esa "responsabilidad de proteger", Benedicto XVI proclamó ante la Asamblea general de la ONU "la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos".
Su Santidad advirtió contra el riesgo de restringir el ámbito de los derechos humanos y "ceder a una concepción relativista, según el cual el sentido y la interpretación de los derechos humanos podrían variar, negando su universalidad en nombre de los diferentes contextos culturales, políticos sociales e incluso religiosos".
El rol de la comunidad internacional en la "responsabilidad de proteger" los derechos humanos de los pueblos fue proclamada por la Asamblea general de la ONU en una reunión celebrada a nivel de jefes de Estado o Gobierno en 2005.
El Papa Benedicto XVI alentó a que la ONU, en sus esfuerzos por promover los derechos humanos, debe también hacer lo posible para promover los derechos religiosos de la persona, especialmente la libertad religiosa.
El Santo Padre destacó que "obviamente, los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa, entendido como expresión de una dimensión que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visión que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensión de ciudadano y la de creyente".
Ante esta perspectiva, explicó el Pontífice, "la actividad de las Naciones Unidas en los años recientes ha asegurado que el debate público ofrezca espacio a puntos de vista inspirados en una visión religiosa en todas sus dimensiones, incluyendo la de rito, culto, educación, difusión de informaciones, así como la libertad de profesar o elegir una religión".
"Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe– para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos. Los derechos asociados con la religión necesitan protección sobre todo si se los considera en conflicto con la ideología secular predominante o con posiciones de una mayoría religiosa de naturaleza exclusiva".
"No se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan la construcción del orden social", destacó.
Para el Santo Padre, estar en la sede de la ONU "manifiesta también la voluntad de la Iglesia Católica de ofrecer su propia aportación a la construcción de relaciones internacionales en un modo en que se permita a cada persona y a cada pueblo percibir que son un elemento capaz de marcar la diferencia".
"Además, la Iglesia trabaja para obtener dichos objetivos a través de la actividad internacional de la Santa Sede, de manera coherente con la propia Ciertamente, la Santa Sede ha tenido siempre un puesto en las asambleas de las Naciones, manifestando así el propio carácter específico en cuanto sujeto en el ámbito internacional. Como han confirmado recientemente las Naciones Unidas, la Santa Sede ofrece así su propia contribución según las disposiciones de la ley internacional, ayuda a definirla y a ella se remite", agregó.
"En mi reciente Encíclica Spe salvi, he subrayado 'que la búsqueda, siempre nueva y fatigosa, de rectos ordenamientos para las realidades humanas es una tarea de cada generación'. Para los cristianos, esta tarea está motivada por la esperanza que proviene de la obra salvadora de Jesucristo. Precisamente por eso la Iglesia se alegra de estar asociada con la actividad de esta ilustre Organización, a la cual está confiada la responsabilidad de promover la paz y la buena voluntad en todo el mundo", dijo el Papa.
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Me parece importante que el Papa, Representante Mundial de la Iglesia Católica, pueda involucrarse en la ONU. Pudo felicitarlos como organización y los alentó a seguir con su misión.
Comentó acerca de evitar violaciones en los países, procurar evitarlo como persona y como país.
Me gustó ésta frase:
Para el Santo Padre, estar en la sede de la ONU "manifiesta también la voluntad de la Iglesia Católica de ofrecer su propia aportación a la construcción de relaciones internacionales en un modo en que se permita a cada persona y a cada pueblo percibir que son un elemento capaz de marcar la diferencia".
Siento que como persona podemos lograr el cambio teniendo la capacidad de hacerlo.
Creo que es importante que la Iglesia esté involucrada y presente en la ONU.
Viernes, 1 de junio
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
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