Ríase, aunque sea de mí

Los abuelos de las pensiones, bailando el Rock con el Rip It Up

Y es que hay que tener sangre para ser de Comisiones y darle al trajín de las articulaciones y códigos semejantes del derecho del trabajo para que la fiesta no decaiga . Y si no, continuaremos con la promoción de nuestras reivindicaciones en el Cometa Hally, antes de que se caiga, antes de que impacte y Rajoy tenga que activar de nuevo y con dolor de corazón el 0,155. Un explosivo de carga hueca que te deja desterrado para siempre en la sacramental sin la subida prevista. Estamos destrozados, yes we can, con las series que se nos vienen, matándonos suavemente con la canción de Roberta Flack . Y avergonzados de vernos como nos vemos: cargados de adrenalina gracias a las pastillas placebo, hasta que se pasa el efecto y llega la desesperación. Y el vecino, mientras tanto, tirando bolas cadenciosas que baten segundos eternos sobre el terrazo, a las tantas de la noche, para que no pegues ojo y dejes de soñar, atrapado en el baño o en ascensor, cuando nadie nos ve y solo tienes que llamar pulsando el botoncito de la teleasistencia. Y bien sabes que tienes un amigo que te acogerá en un vuelo como a un niño durmiendo en paz. Para siempre.


Jueves, 24 de mayo

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