Ríase, aunque sea de mí

Sincronizar los relojes con los tiempos políticos cuando al carillón le falta un diente de tambor

IMG_20170511_143327 No hace falta llegarnos hasta la Pontificia para saber que la política en España se rige por un reloj de arena que se controla a destiempo y gira a voluntad del que fuere el gran organizador cósmico, fuera del alcance de la lógica instructiva y estimulante.
Y se ve que la cosa, bajo el punto de vista de la hora zulú, nos asustó de cojones cuando los responsables del horóscopo del otro lado y su concepción del universo, propuso la rebelión de las masas de Ortega, dando el cante y consignas pertinentes, poniendo en un brete a los invasores españoles desde el principio de los tiempos, que se echaron a temblar como cagones en el organizado belén.

Mas, ocurrió el milagro de la gravedad y el efecto de su atracción, multiplicando la masa, antes descrita, por la aceleración de los tiempos. El líder de los rebeldes, un tal Newton Puigdemón, despues de los consiguientes insultos a todos los badilas del Estado residual, decidió, por confusión y otros objetos del deseo, echarse atrás, viniendo a decir que en absoluto se estaba preparado la República de Platón, y, menos, la república de lamparones de Joan Tardá el arrogante, afectado por las penas de los damnificados de la cultura de estampitas de Foro Filatélico, que vino a ser grande en el basket y chico con las cosas de comer, dado que la acción pintaba oscura y no se veía el futuro en absoluto. El tiempo, en el fondo de armario de la política, es
un concepto relativo, según Einstein.


Sábado, 25 de noviembre

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