Ríase, aunque sea de mí

De ellos no esperaba mas que decepciones. Justo, se cumplió la profecía.

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Fueron tiempos difíciles para él, pero, llegó a acostumbrarse al barrizal , como aquellos otros presos del penal del Callao, en Perú, recién extraditados, que para sobrevivir prefirieron aceptar humillaciones, y no perderse para siempre, apretándole el gaznate a uno de aquellos servidores de la incuria con un cinturón de cuero de Marrakech. Ellos, en su círculo místico de andar por casa, se hicieron casi imprescindibles en aquel apaño metafísico-laboral dotado de controles y programas para el mando del negocio y sus entuertos telemáticos. Para él, considerado gilipollas por el grupo, se sentía magnificamente siendo como era, confiado y suficientemente paciente, rayano en la estupidez, considerando que su actitud representaba uno de los placeres mas alucinantes y atractivos de la vida con vistas al auditorio.

La firma, un sistema cacorro multinacional, sumamente relamido y dimensionado, amparaba a la cuadrilla de mendas, al gusto. Su composición y dependencia, afinada por la izquierda mas tosca y chamarilera, con mesa de mezclas ad hoc, controlaba de tal modo al personal que estos, como autómatas, trabajaban a piñón fijo aun cercanos a la extenuación sin sosiego.

Las conversaciones de este clan, altamente soberbio y peligroso para la salud mental en el Mondragón de los Panero, giraba, principalmente, sobre el odio a los fachas (todos aquellos que no soportaban el hedor de su esencia totalitaria-afeitosa-mangui), disminuidos de valor para lanzarlos por el hueco del ascensor, según saberes del método del doctor Muñiz, maestro en el oficio de trinchar del barrio de las Injurias.

Pasaron los años. Un accidente le apartó de aquellos, por lo que agradeció al cielo su infinita piedad, sin detenerse un solo día para dar gracias. Y fue feliz un tiempo, lo suficientemente largo para ver a estos impresentables en el geriátrico de Alcobendas. Mientras tanto, le esperaban sus relatos, sus programas, sus ideas, un post donde fuera leído, respondido, contestado, celebrado o, simplemente, ignorado. Placer.

Quería liberar la imaginación de mil maneras y comprender el parecer y los pareceres de los demás mortales, contrastando ideas, opiniones, modos y angustias, aun yendo por la calle sin hablar, solo observando a los que saben por el aspecto: empeño sublime de confianza para con el otro. Quería ser uno más, un semejante, una unidad, dejando de escuchar, por fin, los guturales chillidos de estas otras almas confundidas de amarillo prosa y sus descarayos.


Lunes, 23 de octubre

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