Ríase, aunque sea de mí

Suicidio en la Clerecía

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Y se quito la vida lanzándose al espacio como un arcángel atormentado desde el cielo a la tierra de repente, justo cuando sonaba la vida festiva en el reguero de casetas de feria por la Rúa Mayor que lleva a la Catedral. Cortaron la angosta calle del monumento. La ambulancia, aún mantenía sus destellos de prosa triste pausadamente. Una sábana, un tanto arrugada, cubría el cuerpo. La gente se lamentaba, aturdida, comentando. La pobre criatura querida, desesperada, en un luminoso domingo de sol y celebraciones, se lanzaba por los barrancos de lo más alto de la Clerecía rogando a Dios la paz en plegaria suicida, casi a la hora del ángelus.
Si hubiese llegado a tiempo para convencerla y desistir de su error, que feliz me hubiese hecho haciendo del encanto la mejor vida y no reguero de sangre en la piedra dura de la Compañía. Era el día, 10 de septiembre, señalado para prevenir estas locuras, esta agonía que nos muere y nos anula; ese dolor trágico de la vida: Unamuno y su calle de la Compañía! Y si yo hubiese podido remediar esta tragedia antes de tomar la Scala Coeli? Que felicidad, Dios!!!
Hemos de estar muy atentos, muy pendiente de la tristeza, de la implosión de las abominables fuerzas destructivas alentadas por la pena. Mas, aunque te cueste, siempre habrá una luz que se ofrece y reconforta sobre la línea pura del otero.


Domingo, 24 de septiembre

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