Ríase, aunque sea de mí

Nutrientes de venganza de un inquisidor

Nutrientes de venganza para un inquisidor con queso de roquefort.
La mayor parte de los seres humanos descubren, en un momento determinado y por compilación de sus in-puts, demonios enquistados en las bocas de refrigeración que de vez en cuando se desmandan perturbando la paz serena del sujeto. Uno, también padece esa cuota de infección, por mucho que se prolongue el decreto consuetudinario , encabritado y retozón, a cuenta de la presión que arriman los personajes que te hostigan y llevan al despeñadero. Nutrientes de venganza del inquisidor sobre una pizza cuatro estaciones y queso de roquefort.
Mas, a fuerza de mantener a estos demonios de la depresión en el hondón de la neura, sin creérmelo, he aprendido a domesticarlos junto a esas otra especie invasora: los mejillones cebra, depredadores del rio que nos lleva, quedando bastante tocados a los ojos de la señora conciencia: avispada dama intransigente y bella tan unida a nosotros como a uno mismo.
Por todo aquello y por todo esto, reflexiono sobre sus oscuridades, de sus interpretaciones, de sus intenciones de odio dentro del carbón vegetal y su escaso interés por juntar sus rostros. De la aniquilación gratuita, ocultando la luz para que te humilles, para que te estampes, para que te cuezas en los infiernos porque así fue decidido en el aquelarre de su furor. Más, prefiero mirar a otras constelaciones, queriendo abundantemente y en gerundio. Sin rencores, sin recuerdos, sin ausencias, sin talismanes avasalladores, sin cercanías. Después de todo, pensaremos en el más allá, en la nada, en la intensa ceguera, en la oscura soledad en cuanto anochezca.


Domingo, 19 de noviembre

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