Ríase, aunque sea de mí

En cualquier momento te puede ocurrir cualquier cosa sin Casera, friend.

01.03.17 | 06:57. Archivado en CAPITÁN LEX

fumando En una de sus novelas ejemplares, Miguel de Cervantes vino a reflejar los poemas que elijo y que se ajustan a los sentimientos que en el instante afloran en mi epidermis después de esa hostilidad gratuita del que creía, sino amigo, gente a confiar por su cargo de relumbrón, mas veo que viene a mostrar su decadencia, su temor, su ira de maldito cabroncete vistiendo de Prada: Cabecita, cabecita/tente en ti, no te resbales/y apareja los puntales/ de la paciencia bendita. Verás cosas/ que toquen en milagrosas:/ Dios delante /y San Cristóbal gigante.

No obstante, me topo con una situación del mas rancio sentido de la ilógica. Conociendo a sus actores, siento deseos de actuar valiéndome de las certezas que me acompaña esta vida inquieta y que, a veces, me abstrae y confirma. Sin embargo, prefiero disipar esos deseos con la sana bondad que libo con la gente excelente que me rodea.

Mismamente, el otro día, paseando bajo los soportales de la Plaza Mayor de la tierra charra, la mas grande y hermosa de las plazas, ocurrió el caso. Estaba lloviendo, -momento ideal para que los agentes de confundida ralea traten de conocer “la vida de los otros” haciendo monigotadas en un remedo de la Stasi germana que daba pena. Un aparente indivíduo escogido para asustar en el casting de los badilas, clavó sus ojos de encendida furia sobre mí, nada disimulado, al tiempo que blandia el paraguas plegable de medio cuerpo, con menos ritmo que la porra de Jack Lemon en Irma la Dulce. "Ya está", me dije, "un sicario de la Vendetta". En principio, pensé que podría tratarse de uno de los tantos muermos alentados por la envidia que utilizan el sentido aleatorio de la vista para ofender, con ese tono de condena lúgubre y parcial de las bandas negras. Mas tarde, cuando lo vi alejarse batiendo el paraguas al aire con furia, no cabía duda: tiene que ver con la llamada telefónica "de confusión" al móvil y órdenes del personaje oblicuo que ya tuvo conmigo sus estúpidas y maquiabélicas razones de charrán. Ahora, el impresentable, envía a sus sayones de parte de otras partes para acojonar a las partes.

Los que pretendemos ser, y somos, personas en esta existencia racional, sin resquicios de maldad, podemos ser objeto de aprobios o atentados en algún momento, si no llevas Casera, bien por sicarios enviados a la brava y en silencio, o por fontaneros-electricistas habilidosos que pretenden cortarte el suministro por encargo de esos osados comemieldas sin ton y sin níspero. Bien se sabe que la literatura está llena de desafios y guiones que da de lleno en la realidad de sus mangancias. Aún así, se viene a temer a la ficción; se elucubra con ella y se actúa, en el momento mas inesperado, contra la historia o contra su autor, después de remover la ciénaga para señalarlo.

Cuando me vea con los galeotes, esos pobres condenados camino de presidio, antes de liberarlos de sus penas, si a mano viene, les diré que son mucho mejores que los pregoneros de la bondad cargados de poder. Y si, por un casual, me veo nuevamente con sujetos amenazantes asidos a la empuñadura de sus paraguas oscuros y amenazantes, no les diré que se eleven y se piren, como buenos "asustaviejas", sino que les daré de cachetitos junto a su señor, para que no armen mas con el barro y la tierra en el campo Sanfrancisco. También, les retiraré la merienda de gas licuado.


Jueves, 27 de abril

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