Ríase, aunque sea de mí

¿Quién me va a curar el corazón partío entre tanto charcutero ..? (Me duele España cuando nadie me ve)

26.02.17 | 00:01. Archivado en LA MIRADA DEL CRÓTALO

IMG_20170114_112649Cuando me aprieta el deseo de escribir, me da por contar cosas con la mano de madera, acordándome de Bretón, el padre del surrealismo, André Bretón y su "escritura automática", muy dispuesto a entrar a saco en el inconsciente oxidado y herrumbroso del cacumen, desentrañando, si se puede, lo que escondemos en los distintos compartimentos del caletre para el susto transitivo de uno mismo y los lectores.

En el casillero de la desconfianza desajustada, vengo a recordar las horas que he perdido, durante la semana, escuchando y viendo la tele y a sus protagonistas de siempre, con sabor a garbanzos, descubridores de las bondades del Caso Noos, sin tener en cuenta a Jaime Peñafiel y sus colisiones con el artículo 80.3 del vigente Código Penal tras la Ley Orgánica 2/2015, de 30 de marzo, dos años ha, recordado por mi jurista de cabecera: “..podrá acordarse la suspensión de las penas de prisión que individualmente no excedan de dos años cuando las circunstancias personales del reo, la naturaleza de hecho, su conducta y, en particular, el esfuerzo para reparar el daño causado así lo aconsejen”.

¿"Que puedo pensar del asunto si ya está casi todo dicho?", comentan las novias de los letrados a la puerta de los ilustres colegios de abogados: apreciaciones de todo significado, unos atiplados y otros, no como los pimientos de Padrón. Verdades como obleas de canela, estupideces interpelativas que vuelven a caer en el error como el boomerang de granito que si no te quitas te endiña.

Cuando se resiente mi mano articulada, paro para no lastimar la sensibilidad de los viajeros, desenrosco la extremidad a un cuarto de libra de presión, colocando, en su lugar, un tapón de silicon valley. Para desintoxicarme, tomo el brioso tren de Cotos deseoso de disfrutar de la nieve. El supervisor de las vías, nos interroga antes de embarcar. El menda y sus secuaces, nos dejan en Navacerrada como fórmula magistral del silencio administrativo de los gestores del maravilloso artilugio de ingeniería que trisca por la montaña. Que pena que se acabara. Y el churrete blanco de la dignidad tirada al arroyo de las Guarramillas. El tipo aquel, engreído y soberbio, sicario de la estupidez asentada en la mentira, menciona, con el pulgar invertido, que se acabó: "hasta aquí hemos llegao", con esa cara de barrabás en la fábrica de chocolate, que no da miedo. ¿Quién te va a querer, viajero que buscas al dios en Peñalara? Y, en fin, este asunto de podría remediarse mandando a los agentes del tren de la nieve a la vía con las nalgas a la intemperie, por mucho frío que sientan en sus bajos cueros incapaces.

Y le dimos la llave para el star y solo se le ocurrió abrir el casillero esperando noticias de la comunidad de vecinos. ¡Que alivio!; todos se ahogan antes de llegar a la tribuna de oradores. O casi todos. Los que quedan, cuentan y creen que algún día podrían llegar a ser presidente, controlando la palabra de Rufián el achinado, con el magistral discurso de Castelar desde su escaño de la Castellana que mira sin mirar en uno. Nadie abandona. No hace frío en este febrero loco de abonos cortos. Y la calor que nos sobra sin tormentas.

Mordiéndome los labios, compro un relicario de las puertas del cielo, en Arco, donde, dicen, los artistas están estacionados en la zona de la incompresión para ser despeñados en la Peña Celestina. Que penita me da cuando nadie me ve. Yo, este año, no he vendido ningún cuadro directivo de los contadores de Endesa, a pesar de sus resultados. No gustan por que dicen que son demasiado caros para los erarios tiesos pegando a la magia de la electricidad. Y dicen, también, (habladurías), que va a bajar el precio del kilovatio si no se aplica antes el tocomocho de Preciados con Carmen entre el "agua" y la pasma junto a la estatua del Rey de Nápoles en la puerta del Sol, Charlie III y la Cifuentes, que monta tanto, celebrando su cumpleaños de los 300 del monarca, que ya son años para una estatua que no se mueve cuando ve pasar a la rumanas mangando carteras en tres dimensiones. Y sus troncos apañados, bien maqueados, pelando el cable con los caninos para afanar el I-phone de la casa de la manzana Aple, donde, en tiempos pasados, se alojaba Rubén, el del Cortejo.

Sin incisivos nos quedaremos cuando venga el redentor de la mano de Maduro forrándonos a hostias por fascistas antirrevolucionarios. Y sin cuartos. Y sin pensiones pá que mos coma las carnes morenas.

¿Para qué quiero llorar si ya no tengo presión en las venas..? El corazón lo tengo partío en dos tiempos, partido, repartido entre los tres continentes. ¿O son cuatro los continentes del contenido..? Mas bien cinco. Me olvidaba de África y del Quiñón de Seseña.


Lunes, 18 de diciembre

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