Ríase, aunque sea de mí

Si te rindes, se acabó. (¡No me jodas!)

Estanque del Retiro: Embarcadero Son todo recuerdos cuando te enredas con el paseo y el sentir por los caminos y veredas del Retiro, dando de bruces con el embarcadero del estanque y su reloj de millones de horas. Todo entrañable y dulce: La muchacha de la barca; la cazadora de cuero del joven rockero que hace agua; las ganas de entregarte como marinero fornido y atento, bien tomados los remos por las manos recias e imposibles de un contable, impostando un valor devaluado de remero del cantábrico dándole esfuerzos a la trainera de cedro bendito en un bogar permanente para que nos lleve juntos hasta las playas del cielo y su plazoleta perfecta, sin un alma y poca luz, con salida a Alfonso XII. ¡Que bellos sueños, Dios! Y sí que me enredé en sus brazos como un olivo milenario que se agarra a la pared del recuerdo en un pensamiento largo, de punta a punta de la conciencia, de vivir, aún estando en la charca manchega de tierra adentro. Y no conseguirá nadie que esto se extinga por nada del mundo, aunque lo intenten los tramposos que no saben qué regalar para lograr ese amor de parque tan sublime y misterioso. No es el retiro, friend, ni la precariedad biológica. Ni siquiera son los años.La rendición no está escrita.


Sábado, 21 de julio

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