Hablar de corbata es hablar de elegancia y distinción. De respeto. De complemento pasivo. De admiración cuando el diseño resalta los colores salados del cloruro de sodio. De luto, creada en negro para realzar los sentimientos de pesar. De locura, cuando se ciñe demasiado al cuello y molesta. En fin. Sin remontarnos a los tiempos del invento cróata, la corbata es una prenda que merece la pena tener a mano para cualquier eventualidad de naturaleza responsable.
Ha declinado su puesta, desde luego, en los últimos años dada la irresponsable argucia de asociar el uso de la prenda con una clase social determinada, un estatus, el símbolo del conservadurismo y la involución puesto en entredicho por los progretas de todo signo y lugar. Y no, señores.
Sí, hemos de defender su uso, estimando que la corbata sigue siendo el genuino estandarte de nuestro vivir cotidiano, gallardete de lo que uno es y representa, siempre y cuando el nudo sea propio four in hand, elaborado con maestria y a la presión justa de manómetro.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín