Ríase, aunque sea de mí

La mili que me tocó.

13.03.11 | 14:19. Archivado en A PIE DE OBRA
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De los que hicimos la mili

Pintura del autor.

El servicio militar obligatorio, menos conocido por las siglas SeMiO, llevó a legiones de muchachos de todo signo (unos mas asignados que otros), de toda condición (unos mas acondicionados que otros)de todos los lugares de la geografía patria a cumplir con el deber de "servir al Rey" gratis total, fusil en ristre y belicosas actitudes para desmoralizar al enemigo.

Y aquello lo juramos emocionados, como debe ser, en el CIR correspondiente. Día luminoso, campaña de gala rodeados de familiares, novias y amigos con gran profusión de abrazos. "El niño ya ha jurado bandera". De la noche a la mañana te habias convertido en hombre hecho y derecho para abrirte al porvenir.

No mantengo ni buenos o grandes recuerdos, ni amorgas experiencias: "lo normal", como diría mi hijo, aun gustándome la milicia.

Atado dieciocho meses sirviendo a la Patria, con solo dieciocho años recien cumplidos, minoría de edad de la época, en la sabiondez de una España acomodada a las circunstancias, escalonada y bien estructurada para hacer dificil el brinco de un estamento flaco al burgues que tanto gustaba al que nada tenía. A no ser las peliculas de Elvis y su King Creole. ("El rock lo inventamos nosotros", me comentaba mi amigo Ramón, él que no sabía entonar Clavelitos, el clásico tostón de los i-tunos)

Y ahora me percato de la mojiganga y la gilipollez de lo que en juventud me tocó: Un sin-pa gratis total al servicio del Estado, dejando de reconocer ese periodo como laboro por el no se qué que no se entiende, o algún artículo especial del texto refundido de la Verbena de la Paloma elaborado con el mismo interés del ¡Viva Cartagena" o el mas reciente "Viva Honduras".

Es decir, que el blanco que aparece en el resumen de mi vida laboral, no corresponde a ningún año sabático, ni a unas largas vacaciones en Katmandú con Dragó, sino al tiempo que estuve pelando enésimas guardias con cetme, frio y calor, al servicio del Estado, sin saberlo Dios.

Al parecer, el legislador se olvidó de sus obligaciones como empleador. Para el Estado, ese periódo no existe; me habia perdido, tal vez. Perdido, perdido del todo.

Y no me arrepiento de la aventura; si me jode el asunto.


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