Ríase, aunque sea de mí

Las trenzas gordas de caperucita

03.03.11 | 11:17. Archivado en A PIE DE OBRA

caperucitaCaperucita, que ya andaba por los cincuenta por aquello del tiempo que pasa volando, había decidido cazar al lobo feroz, aunque le fuera la vida en ello.

La brutalidad de los hechos reales los asumía con absoluta deportividad jugando a las casitas en la urbanización cercana al bosque de los mil álamos y cuatro alcornoques vecinos, bastante brutos por cierto.

Aquella misma noche su hermano Salvador, conociendo como conocía a Caperu, desde Estrasburgo, envió un sms a la criatura, haciendola ver que no todo es tan fácil como se piensa, sin entrar en pormenores conyugales de solteros: "Mi hermana está sola y necesita más cotizaciones para llegar a concluir en una digna jubilación tal como se estan poniendo las cosas en la patria hispana, compañía de seguros. Como el periodo de cómputo está por ver, mejor será que se ponga en contacto con el hacedor de sus males; el lobo mamón, sin pretender ayuda alguna del gobierno del bosque encantado.

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