Ríase, aunque sea de mí

Cracker de la tele.

02.11.10 | 09:53. Archivado en CAPITÁN LEX
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letrado, escribidor El menda, el experto ratón cibernético, “el genio”, “el basurilla”, como le llamaban en el barrio, había aprendido tanto de las cuestiones y puesta en escena de lo que no se sabe, que vino a dominar en un solo acto, absolutamente, el modo de hacer putadas a la parroquia mundial del planeta, con solo tocar los sentimientos de su computadora y el retour del teclado qwerty, con restos de uña mordida gracias al desparpajo de sus caninos.

¡Como se van a poner...!”, comentaba para sí el vándalo mamón cada vez que provocaba la debacle en algún ordenador decente, haciendo el bufa y brincando sobre la cama de su habitación, blindada con cartones portahuevos de media docena para evitar propagación de su malafollá en los medios.

El experto no tenia padres; se había deshecho de ellos a machetazos cinco años antes, cuando fueron a pasar unos días a la India para conocer las exóticas tierras del nunca jamás. Nadie se percato de ello, tal vez por esa razón llegó a ser un gran experto en ocultaciones. Cuando alguien le preguntaba por sus viejos, este, ufano, contestaba, “Están tomando las aguas (en el Ganges, decía por lo bajini), o “… como en el Norte no se está en ningún lugar, dice mi aita”, o “los jubilados prematuros ya sabe como se las gastan”.

Mas tarde, hastiado de hacer putadas con el aparato, contubernio pasivo y violaciones de todo género, decidió hacerse mujer, operándose, ergo, en una clínica bastante subida donde al cliente lo dejan Lolita guapa para toda su vida, sin solución de continuidad.

Y es así como encontró empleo en una de las emisoras de televisión de lo más importante, para putear al público, aportar calorías a los asistentes con bocadillos de mortadela, y precipitar la caída de Share de la competencia entrando en sus ordenadores y borrando todo aquello que fuera efectivo para las estadísticas montaraces con pico.

Ah, amigos, mas nada queda fuera, nada se escapa de la balanza de la vida. A Euclides, ahora Lolita la creativa, lo pillaron en un renuncio por aquello de la confianza con un señor que se la quiso trajinar en el back estage, resultando ser el jefe de los espías de una banda de pulso y púa que vino a contarle toda la verdad, excepto su gran secreto: el degollamiento rasurado de sus padres con un berbiquí de cuerda.

Los cumulus limbos desorientados, se descosieron con virulencia sobre la ciudad de la televisión, anegando a todos los personajes que habían hecho mal con sus trolas y milongas .

Lolita aparecería yacente, con uñas rojas mordisqueadas, sobre un teclado marfil coreano, perdida de tinta china.
¡Que mal final tienen los crackers con onicofagia!


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