Dibujo del autor. Todos los derechos reservados.
Podría decir que te estimo , Fernando Sánchez Dragó, pero estaría mintiendo. Y no es de ahora la cosa. Lleguè a conocerte cuando vine a Madrid, o me trajeron, con los nueve o diez años del chaval andaluz con familia dispuesta a descubrir los madriles del porvenir, que no era para tanto pero, sí suficiente.
Aterrizamos en la modesta casa de unos tíos, en Doctor Castelo, ¿Te suena? Ahí vivió, en esa calle de tantos recuerdos, el reciente Premio Nobel de Literatura Vargas Llosa (algo escribí sobre lo casual y su ley). Y allí, muy cerca, vivías tu, en Lope de Rueda, pegando a Odonell.
Me llamaste la atención por tu peculiar forma de hablar, muy castellana, y el grupúsculo de amiguetes que casi siempre te rodeaba. En los futbolines, puerta con puerta con la tienda de ultramarinos de doña Miguela, llegué a cambiar unas palabras contigo por un simple empujón. Unas palabras de menosprecio por tu parte, y mi infantil defensa.
Si que te conocí entonces, con mis cortos y pocos años para presentarle cara a la soberbia de “un señorito madrileño”. “Son muy chulos los señoritos madrileños”, me comentaban en el pueblo. Posiblemente ya formabas parte del Partido Comunista en la clandestinidad, -como aquellos señoritos del barrio-, eras universitario, escribías poemas y tu intelecto estaban en cuestiones un par de palmos por encima de la torre de bomberos de Menéndez Pelayo y el resto de mortales de la zona, que al parecer eran o éramos fascistas.
En fin, Dragó, ahora que han pasado, transcurrido, tantos años, veo que cambiaste poco; te consideras impecablemente intelectual, absoluto poseedor de las bondades de las musas, e intocable ácrata que se lo pasa todo por el racimo de moscatel.
También cometes errores, como todo dios, friend. Y ahora te ha tocado, por muchas loas que te dediquen y muchas amistades que te ponderen, después de tu última gilipollez.
Y la sociedad, estupefacta, se lleva las manos a la cabeza con el asunto que te tocó en suerte, que es pura traición al concepto de respeto, incluido el código penal de este país que habla de edades y consentimientos. Pura aberración.
Y déjate de mencionar lo de lolitas, putitas y zorritas, alegre alborotador, que no todo vale, capullo.
Viernes, 1 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín