Ríase, aunque sea de mí

Pérez Reverte y las Cortes de Cádiz

14.09.10 | 10:55. Archivado en CALLE DE LA TINTA
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Dibujo
Es evidente, no llegamos a sus alturas en el mundo de las bellas artes, desde luego, pero, al menos, intentamos emular al pintor de batallas midiendo espacios con sus pinceles y realizando trabajos dignos para que el mural de esta historia de la Pepa gaditana resulte atractivo para nosotros, el pueblo.

Y eso es lo importante, ilustre académico, escritor de afilada pluma, admirado en fin, sin atisbo de hipocresía, sin entrar en riñas con los “mocitos felices” que quieren aparecer en la primera plana del carnaval y hacerse un hueco en la comparsa que toca y toca voceando lo que no representan, solo recurriendo a las turmas.

Mas el insulto mentando a los padres o a la puta madre o madre que parió, no lo comparto; por muy bien que le resulte aplicar sus peculiares formas directas del decir quién es quién en sus artículos o en sus novelas.

Usted puede estar por encima del mar y de los peces, del galeón y del vigía pero, al fin y al cabo, un ser como todos que se mueve en estos territorios de la vida llana, tal vez poco acostumbrado al menosprecio y a la humillación; al reto y al florete, con ganas de batirse el cobre con el más pintado, si a mano viene.

Tuve ocasión de asistir, esta pasada primavera, como casi todos los años, al Monasterio de las Trinitarias de Madrid donde permanece enterrado (o pudiera estar) ese príncipe de los ingenios que detalla la vida y aventuras con las mil maneras de decir. Y allí, en su capilla, se celebraba un acto, un funeral in memoria.

Famosos escritores y personas destacadas de las letras quise reconocer, entre ellos, mí estimado escritor de batallas, Pérez Reverte. Naturalmente, ni siquiera intenté mandarle un saludo de cabecera; no era momento ni lugar. Mi educación y respeto por el acto, no lo hubieran consentido. Sin embargo, noté un cierto gesto de indiferencia importante, displicente, una manera poco aceptable de componer la guardia, un tic de diferencias, una llamada al intruso, sin duda. Abandoné el lugar, despidiéndome de las monjitas sonrientes que oraban junto a mi.

Ante tanta personalidad literaria que brilla y da explendor a nuestra lengua, poco tengo que decir. Lo mío, mi mundo, es mucho más simple, más sencillo, más confiado.

Así que, derecho al picaporte del portalón, abrí la hoja dispuesta, marchando hacia la calle Huertas con todo el respeto y el silencio. Me sentí un poco gilipollas aquella tarde.
io


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Viernes, 1 de junio

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Sindicación